Cartas de un prisionero libre

Se cumple el centenario del nacimiento de Nelson Mandela

Nelson Mandela

Nelson Mandela

Madrid, julio 18 - La leyenda de Mandela cumple cien años: el guerrero enjaulado pero libre; el héroe que volvió de un destierro de 30 años con la cara ajada y la risa nueva; el gigante que supo cuándo había que darle la mano al enemigo. Pero también los hubiera cumplido -este 18 de julio- el hombre que forjó su propio mito a base de renuncias.

Las repasa él mismo en 'Cartas desde la Prisión', una recopilación de misivas que traza nuevas pinceladas sobre el icónico rostro de Nelson Mandela. Y descubre al padre alejado de los hijos; al amante huérfano de esposa; al universitario empecinado en reclamar a sus carceleros facilidades para sacarse una licenciatura de Derecho que acabó llegando en el año 1989, pocos meses antes de salir de prisión; al estudioso de la lengua 'afrikaans', con la que hablarle de tú a tú a aquel Gobierno de blancos que le había condenado a pudrirse en Robben Island. Una cárcel donde ser negro era ser poco más que ser un animal.

"El almuerzo para los africanos consistía en 340 gramos de gachas de maíz y un tazón de café negro; a los mestizos y a los indios se les daban 400 gramos, además de pan y café", describe en una de las cartas del libro (editado por Malpaso) el propio Mandela. "Éramos como ganado mantenido con la mínima ración posible para llegar bien magro al mercado", apunta otro prisionero, Indres Naidoo, al que también dan voz esas páginas. "Cuerpos a los que mantener con vida, no seres humanos con gusto y placer por la comida".

Cuerpos resquebrajados por veranos incendiarios y heladores inviernos, obligados a romper piedras en el patio de Robben Island, donde el despiadado frío que soplaba sobre la isla sólo podía combatirse con un "jersey fino que se entregaba el 25 de abril" y se retiraba el 25 de septiembre. Carne encerrada 23 horas al día durante los fines de semana y las fiestas.
Fotografía de la celda de Nelson Mandela en la prisión de Robbin Island, que aparece en el libro 'Cartas desde la prisión'. MANDELA FOUNDATIONEFE

Mandela mientras, encontraba consuelo en las palabras. Con ellas se enfrentaba a las autoridades de la prisión, felicitaba a los hijos por los peldaños que iban subiendo en cada etapa de la vida, se acordaba con nostalgia de la voz de un amigo o recomendaba a su esposa Winnie libros sobre pensamiento positivo, él, que siempre encarnó uno de los ejemplos más inexplicables de resistencia psicológica en la historia de la humanidad. "No importa tanto la dolencia que uno sufra, sino la actitud que se tenga hacia ella", escribía a su mujer, que entonces se recuperaba de un bache de salud. "El hombre que se dice a sí mismo 'lograré superar esta enfermedad y vivir una vida feliz' ya está a medio camino de la victoria".

Un triunfo construido en su caso sobre los jirones de la vida familiar rota, como cuenta su nieta Zamaswazi Dlamini Mandela, autora del prólogo del libro. A los presos políticos se le permitía recibir una sola visita cada seis meses y una sola carta, de 500 palabras, durante todo ese periodo. "Padre de cinco niños pequeños cuando entró en prisión, a Mandela no se le dejaba verlos hasta que cumplieran 16, con lo que aquellas cartas se convirtieron en un instrumento esencial de la crianza", recuerda la nieta.

Muchas transpiraban el milagroso optimismo que hizo posible dinamitar el blindado edificio del 'apartheid' en Sudáfrica. Cartas que aparecían entonces como ciencia ficción, por lo imposible de los deseos que en ellas se fraguaban, y a través de las cuáles aquel condenado a perpetuidad se elevaba del foso oscuro de su celda para escapar flotando entre los barrotes y aparecer de pronto en la cocina de casa, convertido en padre que se asoma con curiosidad al primer plato cocinado por un hijo. "Me alegró mucho saber que Zeni ya sabe hacer patatas fritas, arroz, carne y muchas otras cosas", le decía a una de sus niñas, a las que solía consolar desde una ausencia que le convirtió entre los suyos en un fantasma omnipresente y a la vez desconocido durante demasiados años. "Tengo la certeza de que llegará el día en que regresaré a casa para vivir el resto de mis días feliz con vosotras. No os preocupéis por mí ahora. Me encuentro bien, estoy feliz, y lleno de fuerzas y esperanzas".



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