Ante el envión de la oligarquía

Carta de un venezolano a un hermano hondureño

Querido hermano: No me conoces. Tampoco sabes mi nombre ni has compartido conmigo ni siquiera un pedacito de tu cotidianidad. Pero vivo en Venezuela, la de Bolívar; y tú habitas el territorio mágico de la Centroamérica que Francisco Morazán quiso enlazar todo en una gran nación. Y te llamo hermano, porque de seguidas te vas a enterar qué vínculo potente nos amarra y nos empuja a transitar juntos por la senda de la liberación de nuestros pueblos. Sí, de nuestros pueblos hermanos, de nuestros pueblos oprimidos que se levantan haciendo crujir el espinazo de la América.

I

Al igual que tú soy amerindio, negro, blanco o mestizo. Al igual que tú yo era el amo amoroso de las fecundas tierras que habitamos desde mucho antes del nacimiento de Dios. Mis ancestros, como los tuyos, vivieron en un paraíso fecundo de vida del cual tomábamos lo necesario para vivir. Éramos, somos, y siempre seremos hombres de maíz, porque de su grano potente fuimos creados, de su grano dorado nos alimentamos y al final seremos sembrados para volver al mundo hechos mazorcas llenas de vida y de sol. Venerábamos a las silenciosas e incontrovertibles fuerzas de la naturaleza y respetábamos el curso de las aguas, la floración de las plantas, el parto de los animales. En sana paz, pero también en luchas de hermanos, logramos construir esplendorosas civilizaciones donde no existían los ancianos abandonados, las viudas desabrigadas o los niños huérfanos. Como tu pueblo, el mío hacía de la solidaridad una profesión de fe constante, cotidiana, natural, silvestre.

II

Por eso, al igual que tú, fuimos engañados al creer que en las carabelas de Colón veían unos benefactores y cansados viajeros que requerían de nuestra hospitalidad y cuidados. Al estruendo del arcabuz, los metales bruñidos y ensangrentados nos avisaron de una realidad horrorosa que se concretó en la violación de nuestras mujeres, el sacrificio de nuestros niños y la muerte en combate de nuestros hombres. Todo era llanto, desolación, dolor, opresión, vileza, miseria: todo era muerte. Una muerte que venía bajo la forma de un caballo, una armadura o un extraño crucifijo con el que pretendían que nos sometiéramos a no sé cuál voluntad de cuál Señor Misericordioso mientras éramos empalados y sangraban las entrañas como fuentes de sangre inocente y perpleja. Decían que había sacerdotes buenos, que defendían a los indios de la violencia colonial, pero eran los menos. Un Papa dijo algún día en un edicto escrito en su suntuoso palacio, que los indios “teníamos alma”. Por tanto se dedicaron a matarnos con más ahínco para que el cielo que ellos decían que era poblado por hombres justos se llenara con todos nosotros ya convertidos en sustancias ultraterrenas. Pero, como dijo Morazán: “Aún vivimos”.

III

Al igual que el mío, tu pueblo ha tenido un tránsito histórico pleno de dolor, sufrimiento y explotación. Algunos de los invasores se quedaron e innovaron nuevas maneras de someternos. Con la ayuda de sus imperios, que con el devenir de la historia asumen diferentes formas, colonizaron nuestras mentes para hacernos creer que la esclavitud era la única forma de vida posible y que éramos libres: libres para llorar, para sufrir y para morir. Con la ambición milenaria del opresor hambriento, vaciaron nuestras minas, depredaron nuestras tierras y envenenaron nuestras aguas. Con avaricia se hicieron banqueros, agiotistas, industriales, agricultores y ganaderos. Aún así, nuestra tierra fecunda no quedó yerma, ni nuestras mujeres dejaron de parir. Si nosotros teníamos a un Rockefeller que engullía nuestro venezolano petróleo, el mismo Rockefeller se hacía agricultor del plátano, del cambur y el azúcar para drenar toda la riqueza hondureña a sus voraces países. Éramos, al decir de los salvadores de Washington, unas “repúblicas bananeras” incapaces de administrar nuestros bienes. Ellos por supuesto, nos hacían ese gran favor.

IV

Así nos convertimos en ricos países llenos de gente pobre y hambrienta. La desnutrición infantil con su alta mortalidad diezmaba los niños ante ojos de madres secos de tanto llorar y tetas sin leche. Una pobreza vallejiana se enseñoreó en nuestras naciones mientras las oligarquías se toman fotos en los lugares que el jet set considera elegantes y perfectos. Por cada niña burguesa de correcta y alineada ortodoncia, muñeca barbie en mano y sedosa piel untada con cremas de París, existen legiones de desdentados sin camisa que están en el fondo del barranco de la injusticia sin siquiera estar concientes de su lacerante exclusión. Llenos de fatalismo, nuestro pueblo muchas veces acudió al poder narcotizador de las telenovelas, el alcohol o la droga para “irse un ratico” de este mundo mientras se sueña con un mundo imposible donde abunda la comida, la salud, la justicia, la igualdad, la felicidad.

V

Pero sí es posible que exista que exista una tragedia mayor. Dicha tragedia es que presenciemos cómo personas que nacieron en nuestro mismo seno, que comieron maíz y fueron arrullados por sus madres con las mismas canciones de cuna que pertenecen a los niños del pueblo, que se bañaron en nuestros ríos y que recibieron las bendiciones que mandan nuestros dioses en los cantos de los pájaros, se conviertan en feroces defensores de quienes nos oprimen y voraces masacradores de nuestros pueblos. La historia, que se escribe cuando es abyecta con letra minúscula, está miserablemente plagada de asesinatos, secuestros, saqueos y toda laya de atrocidades contra nuestros pueblos. Quienes estaban llamados a ser nuestros defensores desde las tribunas de la política, se han convertido en jinetes de un apocalipsis que anuncia un conflicto final entre las fuerzas del bien y del mal.

VI

Somos tan iguales que los imperios y sus lacayos aplican las mismas fórmulas para engañarnos y someternos. En Venezuela un infausto 11 de Abril las fuerzas del oprobio se irguieron para arremeter contra la voluntad del pueblo. En un acto de traición y manipulación mediática la jerarquía del clero católico, fascinerosos de la oligarquía y perros falderos de los medios de comunicación para secuestrar a nuestro Comandante Presidente y con él, a la voluntad del pueblo. El plan era terminar abruptamente con un proceso de liberación que se había iniciado y que se traducía en logros concretos en justicia, alimentación, educación, salud y mucha felicidad para nuestro pueblo. Se levantaron calumnias y se fabricaron mentiras, se destruyeron reputaciones y se entronizaron liderazgos de papel. Y cuando el pueblo salió a la calle a defender su democracia, fueron salvajemente masacrados. Quitaron a nuestro Bolívar como hoy pretenden quitarles a su Morazán, sin saber que en cada latinoamericano éstos van tatuados en nuestros corazones. Los medios de manipulación, una terrorífica construcción de los imperios se dedicaron a levantar un muro de silencio y, al igual que en Honduras, llenaron sus pantallas de basura frívola para simular normalidad. Al igual que en Honduras, un presidente espurio se entronizó en el poder e inició la entrega acelerada de las riquezas del país a un grupo de privilegiados mientras le quitaba al pueblo sus esforzadas conquistas sociales. Al igual que en Honduras, el títere colocado por el imperio llamó a “la unión y el diálogo nacional”.

VII

Pero al igual como en Honduras, el pueblo llano se levantó rompiendo el velo pesado de la mentira. Con la solidaridad de los pueblos que hoy se liberan para dar acabado a la tarea que inició Bolívar, San Martín, Abreu e Lima, Francisco Morazán, Farabundo Martí, Augusto Sandino, Fidel Castro, el Ché Guevara y muchos otros prohombres que llenan de honor nuestra historia, se ha levantado un cerco de dignidad que en la perspectiva internacional va a proteger la alborada que despunta en el pueblo hondureño.

Al igual que Venezuela, al igual que Honduras, todos los pueblos libres romperán para siempre las cadenas de la opresión, para que disfrutemos de libertad, justicia y solidaridad por siempre.

Tu hermano latinoamericano, Pedro Gerardo Nieves.



Esta nota ha sido leída aproximadamente 2564 veces.



Pedro Gerardo Nieves

Autodidacta. Comunicador popular, coordinador de la Brigada de Agitación, Propaganda y Comunicación Florentino del PSUV Barinas, vocero de la Guerrilla Comunicacional Florentino, delegado de formación de la Escuela Nacional de Formación Socialista "Hugo Chávez" del PSUV.

 pegenie@hotmail.com

Visite el perfil de Pedro Gerardo Nieves para ver el listado de todos sus artículos en Aporrea.


Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter



Pedro Gerardo Nieves

Pedro Gerardo Nieves

Más artículos de este autor


Notas relacionadas

Revise artículos similares en la sección:
Internacionales


Revise artículos similares en la sección:
Venezuela en el Exterior


Revise artículos similares en la sección:
Actualidad