Habría que posponer la cumbre de la OTAN de este año en Madrid

Robert E. Hunter

Un antiguo embajador norteamericano en la OTAN señala las muchas razones de la inoportunidad de la cumbre de la Alianza Atlántica en la capital española dentro de diez días.

El año pasado, la OTAN programó una cumbre en Madrid para los días 29 y 30 de junio. En aquel momento, tenía sentido. Hoy, con la guerra en Ucrania, no lo tiene. Es necesario posponer la cumbre.

El presidente Joe Biden ha realizado un trabajo mayormente ingenioso a la hora de gestionar las distintas partes de la respuesta de Occidente a la agresión de Rusia contra Ucrania. Se ha basado en tratar con los aliados de forma individual o en breves ráfagas en Zoom. Pero reunirlos a todos es muy arriesgado. El riesgo se intensifica por el papel de los medios de comunicación, que encuentran y destacan todas las fisuras de la alianza en actitudes y acciones.

Al menos un líder aliado, el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, apoya a Rusia. Otro, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, ha declarado que Occidente no debería humillar a Vladimir Putin, hasta que se retractó parcialmente de ello. Los Estados Unidos se ha mostrado ambiguos. Mientras que el secretario de Defensa, Lloyd Austin, ha declarado que los Estados Unidos esperan que Rusia se vea "debilitada" por la guerra", el presidente Biden se ha mostrado cauto para no provocar una guerra más amplia ni expandir los objetivos de los Estados Unidos con Rusia. Washington también le ha comunicado a Ucrania que no le proporcionará armas que puedan extender la guerra a territorio ruso.

Algunos aliados están dispuestos a proporcionar armas a Ucrania. La mayoría no lo está; algunos hablan de proporcionar armas avanzadas, pero hacen poco; y otros se resisten a facilitar el tránsito de estas armas, no sea que vayan a convertirse en los siguientes en la "lista negra" rusa, tal como ha amenazado el presidente de Rusia, Vladimir Putin.

Una cosa es segura en lo que toca a la cumbre: el presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, hará una animada presentación por vídeo. Subrayará el sufrimiento en Ucrania, con imágenes exlícitas, señalará que Occidente está tolerando una guerra de desgaste limitada a Ucrania; y exigirá más apoyo militar práctico del que los aliados estarán dispuestos a proporcionar. Ese será el punto álgido emocional en Madrid.

La tarea de los Estados Unidos y de la OTAN se ha complicado aún más con la decisión de Finlandia de solicitar el ingreso en la OTAN (Suecia también lo ha solicitado, pero eso tiene menos importancia porque carece de fronteras con Rusia). El ingreso de Finlandia añadiría otras 830 millas de frontera de la OTAN con Rusia; sin embargo, a pesar de las sólidas capacidades militares de Finlandia, no existe ningún plan ni capacidad como para que la OTAN cumpla con un compromiso militar de defenderla. Además, el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan, ha declarado que vetará la decisión de invitar a estos dos países nórdicos a unirse, debido a las actividades políticas kurdas en ellos…y la OTAN funciona por consenso, un veto de unidad. Al final, puede recular si consigue su precio, que se cifra principalmente en armas de alto rendimiento de los Estados Unidos.

Pero se produciría una demora entre la invitación a Finlandia y Suecia a ingresar en la OTAN y la ratificación por parte de los 30 aliados de la OTAN, incluyendo un voto de dos tercios en el Senado de los Estados Unidos. La administración Biden ha prometido garantías bilaterales de seguridad para el ínterin, pero Washington no tiene medios prácticos para cumplir esas garantías, salvo por medio de alguna forma de escalada, igual que la que se aplicaría a un ataque ruso a un estado báltico. Y eso plantea la cuestión de las armas nucleares.

Todos los países de la OTAN están naturalmente -y correctamente- desesperados por mantener las armas nucleares fuera de la mesa, mientras que Putin sigue poniéndolas de nuevo encima. Tal vez se esté tirando un farol; pero hasta un sencillo farol sobre el uso de las armas nucleares resulta aterrador y desestabilizador.

Casi todos los aliados se han unido a la imposición de sanciones a Rusia, pero también se preocupan por los efectos de la subida de precios en su país y la consiguiente repercusión política interna. El relato común en Europa Occidental es que las sanciones a Rusia son una de las principales causas de la inflación galopante. Por ello, ya se está erosionando la voluntad de muchos aliados europeos de mantener las sanciones actuales a Rusia. Asimismo, la Unión Europea ha acordado una reducción gradual de las importaciones de petróleo y gas rusos, pero no está claro todavía que vaya a aplicarse.

Cuando se programó la cumbre de este mes, iba a presentarse un nuevo Concepto Estratégico. En él se incluirán los aspectos básicos de defensa, la disuasión, el aumento del gasto militar, el tratamiento de los nuevos tipos de amenazas, la adopción de algunas medidas relativas a despliegues militares en estados aliados vulnerables de Europa Central, además de una inclinación pro forma al diálogo con Rusia. Pero mientras dure la guerra no se podrá diseñar un marco válido para el futuro estratégico y político de la OTAN. Con la plétora de incertidumbres que ha suscitado la agresión rusa y sus muchas derivaciones que afectan a la alianza y a sus miembros, no es posible que la OTAN trace un rumbo a largo plazo con posibilidad alguna de seguir siendo relevante, como no sea si acaso declarar una nueva guerra fría, con todas sus rigideces, costes, riesgos e incertidumbres.

Además, cuando los aliados se reúnan, tendrán que tomar algunas decisiones clave sobre lo que se incluya en el comunicado de la cumbre. En la cumbre de la OTAN de 2008, celebrada en Bucarest, el presidente George W. Bush trató de conseguir que Ucrania y Georgia entraran en la OTAN por la vía rápida, mediante Planes de Acción para la Adhesión. Muchos aliados se rebelaron, ya que no estaban dispuestos a considerar a ninguno de los dos países para su protección de acuerdo con el Artículo 5 del Tratado de Washington. El compromiso consistió en afirmar que Ucrania (y Georgia) "se convertirán en miembros" de la OTAN, lo que en la diplolengua europea significaba probablemente nunca.

Pero dada la premura con la que se elaboró esta fórmula, pocos de los dirigentes de la OTAN se dieron cuenta de que ese era el momento real del compromiso. Así lo vieron tanto Putin como el presidente georgiano, Mijaíl Saakashvili, que utilizó ese compromiso para intentar recuperar territorios de Osetia del Sur. Las tropas de Georgia se vieron aplastadas por las de Rusia. Con ello debería haberse enviado una señal a la OTAN de que aceptar el empuje de las fronteras de la OTAN justo contra Rusia en Ucrania, en la clásica ruta de invasión hacia y desde Europa Central, no podía tolerarlo ningún gobierno del Kremlin. No se aprendió la lección, y la OTAN ha venido repitiendo la fórmula "se convertirá en miembro" en cada reunión importante desde entonces.

Pero que la OTAN incluya este "se convertirá en miembro" en su comunicado de Madrid no haría más que exacerbar la crisis ucraniana, inútilmente, ya que siempre ha estado claro que Ucrania nunca podría conseguir la unanimidad de los aliados para que se le otorgara el compromiso del artículo 5 del Tratado de la OTAN de declarar la guerra en caso de verse invadida. Pero si se omite la declaración, los medios de comunicación (y demás) lo considerarán un retroceso ante la agresión de Rusia. Es una situación sin salida para la OTAN y, por lo tanto, otra razón para no celebrar la cumbre.

Biden puede seguir tratando de gestionar todos estos elementos dispares dentro de un entendimiento de la OTAN tan fino como el de una telaraña sobre lo que hay que hacer con Rusia y Ucrania. Pero reunir a todos los miembros de la alianza en la misma sala durante dos días es garantía de que saldrán a la luz todas las divisiones, y podrían producirse todavía más. Los medios de comunicación las pondrán de manifiesto. Por tanto, la cumbre se arriesgaría a un gran fracaso, con un impacto negativo a largo plazo tanto para la OTAN como para la reputación de liderazgo fiable de Estados Unidos.

Sería mucho mejor postergar la cumbre antes que arriesgarse a verla fracasar, como resulta hoy probable. La inercia burocrática va impulsando el proceso. Pero los líderes políticos, especialmente el presidente Biden, deben ver más allá y aplazar la cumbre.

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Robert E. Hunter: se desempeñó como embajador de los EE.UU. en la OTAN entre 1993 y 1998 y formó parte del Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de Jimmy Carter, primero como director para Asuntos de Europa Occidental y luego como director para Asuntos de Oriente Medio. En esa condición, ejerció como representante de la Casa Blanca en la Conversaciones para la Autonomía de Cisjordania y Gaza, y desarrolló la doctrina Carter sobre el Golfo Pérsico. Fue Alto Consejero de la RAND Corporation entre 1998 y 2011 y director del Centro Transatlántico de Estudios de Seguridad de la Universidad de la Defensa Nacional en 2011-2012. Formó parte asimismo de la Junta de Política de Defensa del Pentágono y es miembro de la Academia Norteamericana de Diplomacia.

Fuente: Responsible Statecraft, 17 de junio de 2022

Traducción: Lucas Antón

https://www.sinpermiso.info/textos/habria-que-posponer-la-cumbre-de-la-otan-de-este-ano-en-madrid



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