Binóculo Nº 468

La peor crisis de la humanidad

La declaración de la ministra de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania, Svenja Schulze, quien describió la situación alimentaria como "muy dramática" y que ella atribuye tanto a la pandemia como al conflicto entre Rusia y Ucrania, dejan no solo un sabor amargo a los habitantes de estos lados del mundo, y deberían despertar una alerta en los gobiernos tercermundistas.

La funcionaria explicó que: "Debido al coronavirus, las sequías extremas y ahora la guerra, los precios de los alimentos en todo el mundo han aumentado en un tercio y ahora están en niveles récord. El Programa Mundial de Alimentos actualmente asume que más de 300 millones de personas padecen hambre aguda y tiene que revisar constantemente sus pronósticos al alza. El amargo mensaje es que nos enfrentamos a la peor hambruna desde la Segunda Guerra Mundial, con millones de muertos", dijo Schulze.

Lo que no explica la alemana es que, si entre Rusia y Ucrania aportan el 40% de los granos que se producen en el mundo, es claro que la hambruna debió comenzar ante la imposibilidad de producir y vender. Y es claro que allí interviene un factor político, como es el que Rusia viene manejando en el sentido de que solo obtendrán sus productos los países que no han contribuido al boicot ni a la confiscación de sus cuentas bancarias.

Sin embargo, Rusia ha reiterado que los problemas en el mercado alimentario mundial, son provocados por las sanciones impuestas contra ella. Hace poco, el titular de Finanzas ruso, Antón Siluánov, advirtió que "las prohibiciones de facturación, la interrupción de las cadenas de producción y suministro, los controles de exportación y las restricciones de importación están afectando a la economía mundial" y resaltó que el aumento de los precios de alimentos, energía y materias primas afectarán principalmente a los países en desarrollo y de bajos ingresos", o sea los países del tercer y cuarto mundo.

En marzo, Svein Tore Holsether, el director ejecutivo de la principal productora de fertilizantes rusa, Yara International, pronosticó que las sanciones impuestas contra Rusia harían que los precios de los fertilizantes fueran en aumento. En particular, informó que su compañía redujo su producción de amoníaco y urea en Europa al 45 % de su capacidad a consecuencia de los precios récord del gas natural, que se considera un elemento clave en los fertilizantes a base de nitrógeno. La agencia Moody's también advirtió que la falta de suministros de productos básicos derivaría en la inflación de los precios de los alimentos.

Están en boga los meaculpa, y ahora, los países europeos están planificando cómo eliminar la conversión de alimentos en combustible, porque se necesitan esos alimentos para alimentar a la población. Por ejemplo, en Alemania, según la ministra Schulze, el 4,4% de los alimentos se convierten en combustible. Eso debe reducirse a cero, no solo en Alemania, sino tan internacionalmente como sea posible. "En Alemania, vertemos 2.700 millones de litros de combustible a partir de aceites vegetales en los depósitos de los automóviles cada año. Eso es casi la mitad de la cosecha de aceite de girasol de Ucrania", dijo.

Es decir, la humanidad por uno de los revoltijos más complicados de su historia. Los europeos están siendo víctimas de sus políticas erradas en contra de la humanidad que por años les funcionó, que no eran otras que políticas de aprovechamiento sin dejar nada a cambio. Fue la planificación del Big Brother, no cultivar ellos, sino que tuvieran graneros en todas partes del mundo, a quienes pagarían miserias por esos beneficios, políticas que trasladaron a países europeos que, a punta de chantaje comercial y financiero, siempre obtuvieron lo mejor de la producción para mantener sus fábricas de alimentos. Pues ahora la casi totalidad de la producción del agro está ubicada en países del tercer mundo, con la diferencia de que el nuevo escenario mundial da para todo, y muchas naciones comienzan a apostar por un amo menos agresivo y menos explotador, representados en Rusia y China, potencias con un poder equiparable al de EEUU.

En los 80, yo estaba totalmente convencido de que las guerras venideras, serían por agua dulce, que es un problema extremadamente grave, pues la crisis por agua es de mucho más atrás. En los 90, los análisis me decían que las guerras vendrían por un problema de energía, sustentado en el inicio de un reacomodo mundial donde aparecerían nuevos actores en el campo energético. En los 2000, el Big Brother entiende dos cosas: uno) que sus finanzas están en suelo y su deuda externa los está arrastrando al desastre; y 2) que China comienza a jugar un papel en el escenario mundial, no solo en materia de finanzas, sino en materia de tecnología y bélica. Ese hecho sumado, al poder de Rusia, al poder de La India y al poder de Irán, complejizaron el panorama de tal manera, que ya es imposible volver atrás.

Si bien el conflicto en Ucrania pudo evitarse, siempre formó parte, no de las necesidades de Rusia, sino de la estrategia de control de Estados Unidos. En este caso es la geopolítica la que juega un papel clave: Rusia necesita evitar que misiles enemigos estén al alcance de Moscú; y Estados Unidos, necesita controlar al oso gigante de 17 millones de kilómetros cuadrados. Es la razón por la que es inevitable el enfrentamiento. Seguramente medirán armas primero para llegar a lo nuclear después, si no se detienen antes. Será, sin duda, la peor crisis de la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial, pero lastimosamente está cerca.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

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