Duque, el novedoso

Como parte de su maniática obsesión el presidente de Colombia sigue descargando permanentemente su odio y frustración en contra de Venezuela y la Revolución Bolivariana. No escatima verbo para acusar a nuestro país de cuanto disparate pasa por su alocada mente. Tamaña fijación decir que Venezuela "se ha convertido en un factor de inestabilidad para toda la región", cuando Colombia y los países del Cartel de Lima (por instrucciones directas del imperio norteamericano) llevan años ejecutando descaradamente acciones de injerencia mediante el bloqueo financiero y comercial, el patrocinio de grupos neofascistas y otras prácticas ajenas al respeto del derecho internacional y la soberanía de nuestro pueblo.

Pero hay más, el disociado presidente colombiano dijo con descaro que "Tenemos en frente que fortalecer la democracia y hacerla una democracia participativa, abierta, deliberante, en paz, que no comulgue con ninguna expresión de violencia". Bien ciego anda este personaje pues tiene el rancho ardiendo por todos los costados pero solo tiene ojos para su vecino país.

Sus quejosas y fantasiosas palabras en contra de Venezuela las escriben desde alguna vetusta y obsoleta oficina en los sótanos del Pentágono. Parece el spot de una empresa de marketing, haciendo la misión imposible de intentar levantar los puntos de este decadente y repudiado gobernante.

Duque es un maestro del arte de mentir. Es un Pinocho profesional que solo habla disparates sin sentido. Él es fiel representante de la oligarquía conservadora. La misma que ha puesto su empeño en destruir los avances de los Acuerdos de Paz. Esta derecha es la promotora de la violencia paramilitar amparada y auspiciada desde el mismísimo Estado colombiano. Causa indignación leer el informe del Comité internacional de la Cruz Roja (2017) que señala claramente que "es alarmante que en Colombia continúen los casos de desaparición, las amenazas, los homicidios selectivos, la violencia sexual, los desplazamientos masivos y gota a gota, las extorsiones, el confinamiento, las minas antipersonal y otros explosivos, el control social y la vinculación de menores de edad a grupos armados y pandillas. Aún queda un camino largo y complejo para que podamos hablar de un país que ha superado la guerra". Esta es la realidad cotidiana del país donde gobierna Duque.

Claro, Duque está ocupado en sus otras actividades empresariales y corporativas. Su logro más importante ha sido consolidar a Colombia como el mayor productor de drogas de todo el planeta. Convertirse en un proveedor confiable y seguro para las ansiosas narices frías de millones de narcodependientes al interior de Estados Unidos. Colombia es un narcoestado consolidado y está permanentemente protegido por el gobierno norteamericano. Según señala el informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, el área sembrada de cultivos ilícitos de coca se ubicó en "154.000 hectáreas en 2019" y explica que "aunque hay reducción en el área sembrada, persiste la elaboración de estupefacientes en el país, pues en 2019, el potencial de producción de clorhidrato de cocaína pura se estimó en 1.137 toneladas métricas (tm), lo que representa un aumento de 1,5% frente al año anterior". Para qué servirán tantas bases militares, equipamiento, tecnología de punta y asesores norteamericanos si no pueden combatir eficientemente la siembra y producción de drogas por todo el territorio colombiano.

Duque en sus palabras olvida hablar de la violencia policial y parapolicial desatada en contra de su pueblo, que ha sido reprimido en las calles solo por manifestar el descontento social en contra de las medidas neoliberales lanzadas por su repudiado gobierno. El balance preliminar de la política de arrase y represión desatada por Duque, según la Fiscalía General de la Nación, es que "desde finales de abril han dejado al menos 27 muertos y más de 2.000 personas lesionadas"; y "Se han registrado 4.399 concentraciones, 1.808 marchas y 2.151 bloqueos". Toda la sangrienta represión es responsabilidad exclusiva del enajenado presidente Duque.

El negligente manejo de la pandemia del Covid-19 por parte del gobierno de Duque también ha dejado su huella de muerte entre el pueblo colombiano. Este país se ubica, lamentablemente, en el puesto 11 de todo el planeta tierra con más de 3.200.000 personas contagiadas. Tienen 65.440 casos por millón de habitantes, lo que representa más del triple de la media mundial. La pandemia ha dejado una estela de muerte, dejando más de 84.000 colombianos fallecidos. Son miles de familias enlutadas que no tuvieron acceso a medicamentos o atención medica adecuada.

El pueblo colombiano repudia y desconoce la fantabulosa "democracia" imaginada por Duque en su enajenada mente. Las miles de víctimas de la violencia representan vergonzosamente las décadas de una sangrienta intolerancia ejercida por la oligarquía colombiana. Duque no tiene nada que enseñarnos a nosotros que somos un pueblo aguerrido y noble, que estamos forjados bajo los principios Bolivarianos de solidaridad, respeto y paz.



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Richard Canán

Sociólogo.

 @richardcanan

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