Cómo entender el último ataque de Israel contra Gaza: y quién se beneficia

Los problemas políticos de Netanyahu -y una industria armamentística ansiosa por probar sus nuevos productos contra los gazatíes- pueden ayudar a explicar la última escalada de violencia.

"Ambas partes necesitan desescalar".

"Nadie se beneficia de esto
".

Ya hemos oído muchas declaraciones de este tipo de parte de expertos, políticos, portavoces gubernamentales y medios de comunicación convencionales cada vez que hay violencia en Israel-Palestina.

En los últimos días, los aviones de guerra, los drones armados y la artillería montada en tanques de Israel han matado a más de 119 palestinos en la asediada y bloqueada Franja de Gaza, incluyendo 31 niños. Los disparos de cohetes desde Gaza han causado 8 víctimas mortales israelíes, entre ellos un niño.

Es fácil decir que nadie se beneficia. Pero no es cierto.

Binyamin Netanyahu, el primer ministro de Israel, tiene mucho que ganar con este ataque: entre otras cosas, la agresión puede evitarle la cárcel. Desde una perspectiva más amplia, los planificadores militares estratégicos de Israel ya estaban esperando otro ataque contra Gaza. Y para los fabricantes de armas de Israel, el asalto a Gaza es "una vaca lechera", usando la expresión de Ha'aretz, el principal diario israelí.

UNA SERIE DE PROVOCACIONES

Es importante entender los factores específicos que han causado la actual escalada de la horrible guerra aérea de Israel contra Gaza.

El lanzamiento de cohetes de Hamás, que comenzó el 10 de mayo, no surgió de la nada. Fue una respuesta a los ataques de la policía israelí y de los colonos contra los palestinos en Jerusalén y en muchas partes de la región ocupada de Cisjordania.

Esos ataques incluyeron demoliciones para obligar a los palestinos a abandonar sus hogares y la amenaza continua de desalojo para las familias del barrio de Sheikh Jarrah, en la Jerusalén Oriental ocupada. Incluyeron la denegación por parte de la policía del acceso de los palestinos a las escaleras de la Puerta de Damasco de la Ciudad Vieja, su lugar de reunión tradicional para compartir las comidas del "iftar" (puesta de sol) durante el mes de ayuno del Ramadán.

También incluyeron la provocación deliberada -no sólo a los palestinos, sino a los musulmanes de todo el mundo- de la policía israelí al asaltar la mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar más sagrado del Islam, disparando granadas de aturdimiento, gases lacrimógenos y balas de goma a los fieles durante la oración matutina en la mezquita y sus alrededores.

Del lado palestino, dada la experiencia de los dos millones de habitantes de la superpoblada y empobrecida franja de Gaza -de los que la mitad son niños y alrededor de tres cuartas partes refugiados, que han sufrido 14 años de un paralizante bloqueo israelí- no era de extrañar que tales acciones provocadoras provocaran una respuesta militar de Hamás.

Pero estas acciones no explican la decisión de Israel -y ciertamente fue una decisión calculada- de escalar inmediatamente su asalto militar al nivel de una guerra a gran escala. Entonces, ¿qué es lo qué lo explica?

LOS PROBLEMAS DE NETANYAHU

Para empezar, la política.

El primer ministro Netanyahu está siendo juzgado y se enfrenta a años de cárcel por una amplia gama de cargos de corrupción. Mientras siga siendo primer ministro no puede ser encarcelado, pero si su coalición de gobierno se fractura, como estuvo a punto de suceder justo antes de esta crisis, podría ir a la cárcel.

Así que para Netayanhu mantener el apoyo público no es sólo un objetivo político, sino una necesidad personal apremiante. La movilización de las tropas y la imagen de militares israelíes en acción le permiten retomar su viejo papel de "protector" de Israel contra su "enemigo", sea cual sea el adversario elegido.

Podría ser Irán (que, a diferencia de Israel, no tiene un arma nuclear ni un programa de armas nucleares). Podría ser la campaña no violenta de BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones), que los principales líderes israelíes equiparan con Irán como una amenaza existencial. O podría ser Gaza, como lo fue en los años 2008, 2009 y 2012, y especialmente durante los 50 días de bombardeo israelí en 2014 que culminaron con 2.202 palestinos, entre ellos 526 niños, muertos.

El capital político de Netanyahu también está ligado a su pretensión de ser el único líder israelí que puede mantener los niveles clave de impunidad absoluta y apoyo económico y político acrítico de Estados Unidos. Ciertamente, los años de Trump se caracterizaron por el abrazo más cálido de Washington al gobierno derechista de Netanyahu y las políticas pro-israelíes más extremistas, hasta la fecha. Pero, hasta ahora, el presidente Biden (presumiblemente convencido de que avanzar en la restauración del acuerdo nuclear con Irán significaría que no es posible ejercer ninguna otra presión sobre Israel) ha recalibrado sólo la retórica.

El apoyo real de Washington a Israel -incluyendo 3.800 millones de dólares en apoyo militar cada año y el discurso habitual de "Israel tiene derecho a la autodefensa" -el mismo derecho que sistemáticamente se niega a los palestinos- siguen en pie. Y la historia nos muestra que el apoyo directo de Estados Unidos -en forma de dinero y armas adicionales, así como de efusivas declaraciones de apoyo- aumenta cuando las tropas israelíes atacan.

CORTANDO EL PASTO

Más allá de las ventajas políticas, existen ventajas estratégicas que motivan que Israel vaya a la guerra contra Gaza. A pesar de la retirada de los colonos y las tropas israelíes del interior de la franja de Gaza en el año 2005, desde 2007 Gaza sigue bajo un bloqueo y un asedio impuestos por Israel. Según el derecho internacional, ese territorio sigue estando ocupado.

Durante años, la estrategia de Israel hacia Gaza y los palestinos que viven en ella ha sido de control absoluto. Israel controla quién puede entrar o salir de la franja, lo que significa el control de la vida de las personas, y de sus muertes. En el pasado, Israel ha determinado exactamente la cantidad de calorías que los gazatíes deben consumir cada día, para "ponerlos a dieta", como declararon los mandos militares israelíes en 2006.

Y no es de extrañar que la resistencia palestina a los años de asedio y ocupación en Gaza haya incluido a veces la resistencia militar.

Durante la guerra de 2014, el influyente Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos publicó un informe en el que respaldaba lo que ya se había convertido en un enfoque estándar de Israel hacia Gaza. Se titulaba "Cortando el pasto en Gaza", como forma de describir el letal asalto militar de Israel. Tras un periodo de contención bélica, Israel habría "optado por castigar severamente a Hamás por su comportamiento agresivo, degradando sus capacidades militares, con el objetivo de lograr un periodo de tranquilidad".

El informe ignoraba el hecho de que Israel es una potencia ocupante, que los habitantes de Gaza son civiles protegidos, y que el castigo colectivo, la destrucción de infraestructuras civiles y el uso de niveles de violencia dramáticamente desproporcionados son violaciones del derecho internacional humanitario, incluyendo las convenciones de Ginebra y otros tratados. El autor del informe fue inequívoco al afirmar que "una guerra de desgaste contra Hamás es probablemente nuestro destino a largo plazo, y tendremos que golpear a Gaza con bastante frecuencia para mantener al enemigo fuera de juego".

Iniciar períodos de intensa violencia en Gaza, incluso cuando la resistencia no era violenta, como durante la Gran Marcha del Retorno de 2018, ha sido el método elegido por Israel desde entonces.

LA INDUSTRIA ARMAMENTÍSTICA DE ISRAEL

Por último, los frecuentes ataques a Gaza han proporcionado un campo de pruebas de gran valor para los fabricantes de armas israelíes, cuyos acuerdos de exportación -por valor de 7.200 millones de dólares en el año 2019- representan un enorme componente del PIB de ese país.

En el momento más álgido del asalto militar del año 2014, el diario Ha'aretz informó de que las fábricas de armamento "trabajaban sin descanso produciendo municiones, mientras el ejército probaba sus sistemas más nuevos contra un enemigo real". Ahora, esperan que los productos probados en combate permita ganar nuevos clientes.

"El combate es el mejor sello de calidad cuando se trata de acceder a mercados internacionales", explicó Barbara Opall-Rome, la jefa de la oficina de Israel de Defense News a Ha'aretz. "Lo que se ha probado en batalla es mucho más fácil de vender. Inmediatamente después de una operación militar, y quizás incluso durante, llegan aquí todo tipo de delegaciones de países que aprecian las capacidades tecnológicas de Israel y están interesados en probar los nuevos productos."

"Desde el punto de vista comercial", concluyó el editor de Israel Defense, "las operaciones militares han sido muy productivas para la industria de defensa".

Mientras escribo esto, siete años después del asalto militar reseñado por Ha'aretz, el último bombardeo aéreo de Israel contra Gaza continúa. Las tropas de tierra se concentran en las cercanías de la franja, con armas de artillería montadas en tanques que apuntan a dos millones de personas hacinadas en uno de los territorios más poblados de la tierra. Hace media hora, una familia de seis miembros ha perecido en su casa mientras durante los ataques aéreos y con tanques.

Más allá de la "autodefensa", ¿hay otras razones por las que Israel podría volver a atacar? Si se observa a quién se beneficia, la respuesta podría no ser tan complicada, después de todo.

https://fpif.org/understanding-israels-latest-attack-on-gaza-and-who-benefits/



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