Trump y el efecto Ginsburg

La aritmética política vs. la ‘dinámica política’

Como esos fenómenos meteorológicos en los cuales una, dos o tres tormentas se funden enervando todo a su paso, así ha ocurrido con la muerte de la magistrada Ruth B. Ginsburg, en medio de la borrasca electoral a solo mes y medio de las elecciones más controvertidas de su historia, . Un caso excepcional de heroísmo, Ginsburg, diminuta en estatura, pero gigante intelectual de la jurisprudencia, abogada infatigable de su género, de incapacitados y de minorías, magistrada irreverente. Por décadas se enfrentó a una lucha constante contra un cáncer desconsiderado y agresivo que sólo la rindió cuando la minúscula anatomía que ocupaba esa radiante personalidad fue completamente invadida.

La muerte de Ginsburg, que enluta al país, especialmente al mundo liberal, ha insuflado de una renovada energía al presidente Trump, sectores republicanos y en general conservadores, como una señal divina de esperanza ante el difícil prospecto electoral de Donald Trump a seis semanas de las elecciones. Los factores que propalan este entusiasmo a Trump y abases republicanas, han sido expresados sin recato, antes de que el cadáver de la heroica magistrada hubiese recibido los preparativos mortuorios. Este entusiasmo fue seguido por el anuncio presidencial de ejercer la facultad constitucional para presentar la sustituta (una mujer) con el soporte de la mayoría republicana del Senado, la próxima semana.

Dada la composición actual de la Corte Suprema de Justicia, una nueva designación conservadora inclinaría la balanza a favor de los republicanos, por lo menos en una generación, con posibilidades ciertas de retrotraer logros liberales como el aborto y otras instituciones fundadas en los principios de la secularidad. A diferencia de nuestros países latinos, el Poder Judicial en EEUU es en teoría y en la práctica una piedra angular del sistema político con capacidad de mover la aguja de la balanza doctrinaria del Estado, bien hacia una corriente liberal o conservadora. Su influencia es múltiple y relevante, pero escapa el alcance de este análisis.

Un logro de esta naturaleza en el umbral de una elección presidencial, presumiblemente apretada y considerando la mayoría republicana del Senado, juega a favor de Trump en todos los órdenes, no importa cuál sea la brecha electoral en este momento. No obstante, en política la aritmética es solo un elemento de una compleja madeja de muchos factores que hacen de la política ese lugar común que habla de la ciencia de lo imposible.

La realidad política

El ruso-francés George Gurvitch, uno de los grandes sociólogos contemporáneos acuñó una frase que se ha hecho común en las ciencias sociales, todo sistema o régimen político constituye les totalités en marche. La política -explica el politólogo J.F. Badía- desde el punto de vista dinámico es un proceso de equilibrios, tensiones, conflictos y consensos presididos por la idea de un interés general. Si hacemos abstracción de esta naturaleza dinámica del sistema político y nos guiamos por los cálculos aritméticos con los cuales ya juegan los republicanos, no habría la menor duda que Trump y ellos serían los beneficiarios de una gran ventaja, pero no de una victoria segura.

Pero si nos atenemos a ese dictatum de la política, entendido como una marcha continua, esa ventaja republicana va a estar sometida a un proceso de equilibrios, tensiones, conflictos y consensos. En estos momentos los partidos demócrata y republicano se reagrupan para librar una batalla épica donde lo primero que llama la atención es definición estratégica de una nebulosa línea que separan los intereses de ambos partidos en el corto y lejano plazo. De la línea estratégica que apliquen podrá perder los republicanos en el corto plazo (Trump pierde las elecciones pero la magistrada es designada) o viceversa y el planteamiento estratégico para los demócratas que ganen la presidencia y pierdan la magistratura o ¿viceversa? Nada está descartado en esta batalla donde Trump y los republicanos se juegan su sobrevivencia política y los demócrata un ostracismo político por otros cuatro años con los tres poderes en manos de sus adversarios.

El resultado dependerá de la forma de manejar factores dinámicos que deberán resolverse en un muy corto período de los cuales describiremos a continuación una lista que no agota todos los que están en juego.

-La aprobación en el Senado de la candidata nominada por el presidente se frustraría con un desvío de sólo cuatro votos de las filas republicanas. Un empate lo decide el voto del vicepresidente Pence quien, sin duda, favorecería a los republicanos.

-Se espera que la votación en el Senado se produzca antes de las elecciones. El riesgo de que Trump pierda dificultaría la línea de lealtad y su eventual aprobación, pero por otra parte, si la lealtad perdura se aseguran una mayoría en la CSJ en caso de que se dispute el resultado electoral.

-Al comienzo de 2016, a 11 meses de las elecciones, Obama presentó a consideración del Senado un candidato para la Corte. El jefe de la mayoría republicana del Senado entonces y ahora, Mr. Mitch McConnell la bloqueó bajo el argumento de su inconveniencia en un "año electoral". McConnell acaba de anunciar su disposición de votar por la nueva magistrada en abierta contradicción con su postura anterior y las acusaciones de hipocrecía no se han hecho esperar. Su pronunciamiento en contra de la designación 11 meses previos a la elección durante Obama y su contradictoria conformidad ahora es repetida por todos los canales de TV y sin duda tendrá un probable costo en su reelección como senador de Kentucky que pende de un hilo en las encuestas. No obstante este costo es menor a la ventaja a largo plazo que ofrece la designación de la magistrada.

-Antes de morir Ruth Ginsburg rogó que su reemplazo no se produjera antes de la elección del "próximo presidente". El impacto de su muerte es inmenso y no hay manera que la gigantesca figura de Ruth Ginsburg se desvanezca en un futuro previsible, de modo que ese último deseo, si bien no conlleva carga legal alguna, su eventual incumplimiento tendría un costo político imponderable en sectores moderados. Existe un enorme contingente "feminista" de ese segmento de las encuestas denominado (College/educated/women/) de los suburbios de clase media, un objetivo clave de la actual estrategia electoral republicana, que en las elecciones de 2016 fue crucial en el triunfo de Trump.

-El presidente del Comité Judicial del Senado que procesa la aprobación es el republicano Lindsey Graham, de North Carolina, y en dos ocasiones ha sostenido enfáticamente que no aprobaría que se discutiera durante un año electoral el nombramiento de un magistrado. En la ocasión de una de estas posturas autorizó a que usaran sus palabras grabadas contra él si no cumple con su palabra. Ninguna garantía que la cumpla. Ya ha sugerido que votaría por la probación antes de las elecciones. Pero su reelección como senador en Carolina del Norte pende de un hilo y este factor no lo ayuda. Este es una de las entidades de mayor número e influencia de afroamericanos que en las encuestas que votarían contra Trump en más de 80%. Su rival es un carismático afroamericano. Sus manifiestas contradicciones e inconsistencias podrían romper el frágil equilibrio de su reelección.

-Muchos piensan que los nueve miembros de la CSJ es un imperativo constitucional. No lo es. Un abuso de poder de Trump de someter al Senado a una designación sin precedentes, a semanas de las elecciones, bien pudiera configurar un abuso de poder que el próximo presidente podría corregir ejerciendo la facultad de designar otros dos magistrados. Un colapso de la estrategia a largo plazo.

-Improvisar apresuradamente una votación en el Senado por una nueva magistrada, si bien ofrece una ventaja a largo plazo también pudiera, a corto plazo, terminar de romper el frágil equilibrio de senadores republicanos que luchan por su sobrevivencia tales como Susan Collins del Maine, Cory Gardner de Colorado y Thom Tillis de Carolina del Norte.

-La senadora Susan Collins que sufre la misma fragilidad del Lindsey Graham, pero en el estado del Maine, ya ha anunciado su desacuerdo en votar antes de ser electo el próximo presidente. Pero no sería la primera vez que pedalea.

-De los 5 senadores, de los cuales los demócratas esperan un quiebre, el más seguro adversario de Trump es el ex candidato republicano Mitt Romney. Su posición anti Trump ha sido consistente. Romney fue el único senador republicano que votó a favor de procesar (impeachment) a Trump lo cual no deja lugar a una rectificación.

Resolver esta lista incompleta de factores dinámicos en juego es una tarea complicada para cualquier administración y la de Trump no se caracteriza precisamente por manejar coyunturas como estas con disciplina. Sólo el tiempo, muy corto, nos dirá dónde estará la ventaja inicial de esta maniobra de votar o no votar por la magistratura vacante,si pesará en la elección presidencial o a largo plazo con una nueva magistrada fundamentalista, católica, apostólica y romana.

 

o.ochoa@att.net



Esta nota ha sido leída aproximadamente 514 veces.



Noticias Recientes:

Comparte en las redes sociales


Síguenos en Facebook y Twitter