Pandemia, capitalismo y crisis civilizatoria

Tras la crisis sanitaria que vive el mundo actualmente, tendremos que lidiar con otra crisis: La crisis civilizatoria. El mundo que se prefigura debe ser distinto del que vivimos en la actualidad. La imposición, la dominación y el robo criminal de la vida y tus ahorros no puede seguir causando estragos a la humanidad. Recientemente, el presidente del banco Santander de Portugal murió en la soledad de su apartamento buscando un hálito de aire para respirar; de nada le sirvieron los millones de dinero depositados en las cuentas bancarias. Este virus no distingue clase social, genero, ni religión. El virus COVID – 19 no es el causante de la crisis económica mundial. La crisis de la economía capitalista no es nueva, sino permanente. Sería inútil recurrir al nuevo coronavirus para tratar de explicar el crecimiento anémico, la volatilidad especulativa o los niveles estratosféricos de deuda característicos de la última fase del capitalismo financiarizado.

Ahora bien, la pandemia del coronavirus pone en el tapete a sopesar las formas de vida que deberíamos repensar, en cuanto a:

  • Repensar nuestros modos de habitar la tierra.

  • Repensar la forma como producimos

  • Repensar los modos de consumo de nuestras generaciones

  • Repensar los mecanismos como nos relacionamos con la naturaleza.

  • Repensar las formas como distribuimos los bienes de servicios o más bien, los bienes sociales.

En otras palabras, la invitación es a entrar en contradicciones profundas con el sistema que nos domina. Una vez escuché a un joven universitario decir de "las virtudes del capitalismo" y en eso me vinieron a la mente una lista de sus "supuestas bondades":

  • Acumulación ilimitada

  • La competencia feroz entre clases social

  • La supremacía del individualismo y el sálvense quien pueda.

  • La vehemente seducción de la mercancía y su consumismo sin medición alguna.

  • El exagerado despilfarro de mercancías y tiempo.

  • La indiferencia de algunas personas contra la miseria de millones de personas.

  • La imposición desmesurada del mercado sobre el papel disminuido de un Estado.

Ante estas evidentes razones, se pone en jaque mate el derecho a la vida cuando son las políticas sanitarias de un Estado las que pueden costear la salud de la gente. No es un mercado ni las empresas privadas las que resguardaran tu salud. Ellas viven para acumular, para vender y para mantener el status quos de un desarrollismo inventado por la "libre empresa" de que estamos bien. Bien lejos queda la solidaridad, el desprendimiento de lo que tengo, el respeto al otro y la compasión sin que ésto se desfigure en ser pendejo. De lo que se trata es de salvarnos a nosotros mismos y a nuestro planeta y no salvar el mercado neoliberal que todo lo absorbe y consume de un solo trago.

En medio de la crisis sanitaria y civilizatoria, muchos gobiernos del mundo, prefirieron privilegiar los caminos económicos que la salud de la gente. De ahí, se vino un torbellino de expansión de la enfermedad por doquier. Los números de contagiados y muertos han ido aumentado considerablemente en Países como: Italia, España, Reino Unido, EE. UU, Brasil, Ecuador, Chile, Colombia, entre otros. Actualmente, la curva exponencial de infectados la lidera el país de los sueños rotos: EE. UU, cuyo presidente planteó desde un principio que el coronavirus era un invento de los rusos y chinos; Bolsonaro de Brasil dijo que era una "gripecita". Este tsunami sanitario pone en cuestionamiento varios aspectos dignos de analizar de estos presuntos países hegemónicos:

  • La vulnerabilidad de sus sistemas de salud.

  • La poca solidaridad con otros países del mundo.

  • Su mezquina posición de no reconocimiento de aquellos países que si hacen frente a la pandemia con modelos sanitarios eficaces (caso China, Rusia, Cuba y Venezuela)

Lo positivo que podemos extraer de este cuestionamiento, es que el modelo de desarrollo que se decidió escoger hace décadas atrás muestra profundas fallas de conducción. Las democracias, hasta ahora establecidas, presenta profundas debilidades. Entre ellas, la debilidad de los sistemas de salud. Al contrario, la salud debe ser gratuita, eficientes y con buenos presupuestos que garanticen un "estado de bienestar" en la gente que la usa y necesita. Esta pandemia revela que existen bienes sociales que deben quedar fuera de las miserables leyes del mercado neoliberal. De igual forma, la educación que se instituya es un bien preciado, sin costos algunos y en pro de asegurar el conocimiento abierto, crítico y de transformación de la sociedad.

Estos planteamientos intentan despertar una plena conciencia en la gente para que repensemos un mundo distinto del que vivimos. Las nuevas civilizaciones deberían unirse en pro de muchos y no en contra de la nada. Una crisis civilizatoria se avecina. Después de la pandemia que renazca una plena conciencia de que una economía solo de mercado, que mercantiliza todo, y su expresión política, el neoliberalismo, son maléficas para la sociedad y para el futuro de la vida. La gente debe empezar por cuestionar el sistema – mundo dominante. El coronavirus no es la causa, es la consecuencia del desastre de un sistema llamado capitalismo. Esta pandemia echó por tierra el plusvalor del trabajo. Un colectivo enorme de trabajadores, a nivel mundial, están paralizados. El mercado de la bolsa de valores, más importantes del mundo, caen al subsuelo, lo que pone en jaque mate la economía mundial. Los precios petroleros caen vertiginosamente en más del 50 por ciento. Lo que vaticina una recuperación bastante cuesta arriba de aquellos países productores de petróleo. En fin, el capitalismo está enfermo de gravedad, sin oxígeno como recuperarse, pero peligroso porque de seguro, mutará en otro virus más fuerte y con capacidad de absorción de la vida en el planeta.

A manera de consideraciones finales, me atrevo hacer algunos planteamientos para el debate:

  • El planeta tierra no nos pertenece para explotarla a nuestro antojo; al contrario, nosotros pertenecemos a la tierra y debemos cuidarla, porque vivimos en ella y en ella vivirán nuestros congéneres.

  • No a la sobreexplotación de la naturaleza. Debemos aprender de ella y valorar lo que nos brinda. Ante la sobreexplotación que se imponga la solidaridad (difícil de cumplir por la voracidad del hombre y la mujer)

  • Somos parte de la tierra que es generosa pero que también se rebela.

  • Esta pandemia y las que vengan en un futuro no se combatirán solo a través de medios económicos y sanitarios. Debe existir otra relación: hombre – naturaleza, hombre – tierra, hombre – vida. No podemos continuar enemistado con nuestra nave especial (Walter Martínez).

  • Ricos y pobres tenemos que ser solidarios, unos con otros, cuidarnos y asumir responsabilidades colectivas (visión bastante compleja). No podemos seguir matándonos unos a otros porque nadie sobrevivirá para contarlo.

  • La génesis de la pandemia de COVID-19 debe concebirse como un colosal fallo de mercado.

  • Después de esta pandemia la implementación del credo neoliberal servirá para hacer frente a el desplome de la demanda que se avecina.

  • La salud no puede ser un negocio. No es una mercancía. La salud es un bien preciado de la humanidad.

  • El papel del trabajo no puede ser la sobreexplotación que favorezca a algunos. El trabajo debe ser considerado como el mecanismo con que el hombre o la mujer construyen una vida y una sociedad.

  • Se avecina un nuevo tratado internacional. Ojalas se diferencie del existente (Bretton Woods)

A manera de conclusión, la actual crisis mundial de la salud apunta con su dedo inquisidor la crisis y el agotamiento del sistema – mundo capitalista. Este sistema devastador continua lentamente, mostrando limitaciones para resguardar la vida en el planeta. Este sistema no puede ir contra su propio arsenal de dominio, es decir no puede atentar contra las relaciones de propiedad, contra la explotación del hombre y la mujer, contra la sacrosanta propiedad privada, contra la acumulación ilimitada de riquezas en pocas manos, contra instituciones que le sirven de palanca y afianzamiento (FMI, BM, ONU, OEA, otros) en fin, contra ella misma, porque eso significaría el fin de su hegemonía y sobrevivencia sobre faz de la tierra. Esperemos que un nuevo mundo o cambio epocal permita la existencia de relaciones de participación constructiva para un mundo mejor y no se imponga la vorágine de una eterna lucha de clases en donde la tierra saldrá perdiendo.

Correo: ramonpgchirinos@gmail.com

@ramoncoro

@Ramoncoro@mstdn.social



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