¿El avance o la detención del COVID-19 depende de la prevalencia de los contextos de libertad o dictadura?

Pareciera que hoy día todo está dependiendo de las relaciones de fuerza o hegemonía geopolíticas en cualquier lugar del mundo. No hay aspecto social, o que implique a la naturaleza, que no esté afectado por los intereses de las grandes potencias imperiales. Para muchos analistas internacionales estamos, en consecuencia, de regreso a los tiempos de la "guerra fría". De confrontación en el terreno de la geopolítica mundial entre EE.UU., por un lado, y China y Rusia principalmente, por el otro lado. Esta es una realidad que se confirma diariamente por las políticas o decisiones que toman esos países en función de contener presiones y responder a ellas tomando acciones de defensa y ofensiva en los planos económico-comercial, industrial-tecnológico, político-militar, etcétera. Teniendo como efectos colaterales la formación de bloques internacionales con países que se ven obligados a respaldar a unos u otros por compromisos que los atan o por alinearse interesadamente.

Esa pugnacidad ha conllevado que hasta los(as) ciudadanos(as) más comunes y alejados de esas contiendas, pero condicionados por la propaganda o manipulación ideológica mediática que influye en ellos(as), se expliquen los acontecimientos menos relacionados directamente con esas confrontaciones a través de estas pugnas asumidas interpretativamente con superficialidad o acriticidad. Esto lo señalo por cuanto parece insólito que tanto en España, Italia y EE.UU., y otras naciones que giran bajo la órbita del gobierno estadounidense, se haga correr a voces y en las redes sociales que el avance contagioso del coronavirus y su débil o nula contención obedece a que la ciudadanía no se siente obligada a acatar las instrucciones restrictivas de sus desplazamientos por órdenes de sus gobiernos ya que son hombres y mujeres acostumbrado(as) a "vivir en libertad", sin contenciones autoritarias por parte de sus Estados, como si ocurre en los países con "dictaduras" como China, Cuba y Venezuela. Por esta razón andarían libremente (¿?) deambulando por las calles o trasladándose de una ciudad a otra, lo que favorece la expansión del contagio. Por el contrario, en los países en los cuales prevalecen "regímenes dictatoriales" como China, Cuba y Venezuela, sus habitantes acatan las restricciones que dictan sus gobiernos por estar presuntamente acostumbrados a la represión que los disciplina obedientemente. De aquí que en estas naciones el COVID-19 haya sido contenido y reducido en su impacto expansivo bajo las medidas de aislamiento y cuarentena primordialmente.

Evidentemente, estamos ante una gran pobreza de criterios y muy limitada percepción de la realidad social en la que están inmersos quienes así ven las cosas sin avistar horizontes de interpretación más agudos y reflexivos, y menos contradictorios en sus pareceres. Incluso su concepción inconsciente de la libertad semeja al "estado de naturaleza" (individualismo y rivalidad competitiva con los demás) opuesto al "Leviatán" (el Estado) de Thomas Hobbes, a una supuesta por inexistente voluntad libre de determinaciones, a la pura y absoluta indeterminación de la interior subjetividad por objetividades o aspectos externos (leyes, reglamentos, ordenanzas, etcétera). Sin atender a ninguna ética del cuidado responsable de los demás y de sí mismo.

Poner al libre tránsito como causante de la diseminación del COVID-19, cuando se sabe que el desplazamiento poblacional actual no ocurre en la magnitud y formas aseveradas es, por lo menos, una estrategia manipuladora y encubridora ya que, entre otras causas del contagio, está como principal la ocultada crisis ocasionada por el desmantelamiento neoliberal de los servicios públicos de prevención y control sanitario en esos países para favorecer la privatización mercantil de la salud y la enfermedad.

Para evidenciar la falsedad de tal aseveración respecto a la libertad de tránsito, bastaría con ejemplificar que hasta los países con libre tránsito como los EE.UU., España e Italia poseen "dictatoriales" controles fronterizos (alcabalas, peajes, etcétera) e interestatales o interprovinciales para regular el flujo de personas e intercambios (conviene recordar históricamente que los comerciantes burgueses europeos lucharon contra las alcabalas o peajes feudales exigiendo el libre tránsito de sus mercancías y la liberación del pago de impuestos, y que luego de conquistar por la fuerza y la violencia el poder y afianzar sus Estados-nación, implementaron nuevamente el control estatal sobre el tránsito interfronterizo de mercaderes y mercaderías para defensa de sus mercados cautivos). Es más, los han extremado en los últimos tiempos para frenar y enfrentar a los(as) inmigrantes; respaldados por leyes, reglamentos y ordenanzas que penalizan y castigan sus infracciones.

Es necesario también referir la naturaleza coactiva de todo Estado por cuanto el Estado, cualquier Estado, 1°) es el poder del Estado manifestado en sus acciones gubernamentales de coacción o fuerza que reivindica su monopolio "legítimo" de la violencia para contrarrestar las fuerzas opuestas o desobedientes a sus dictados, y 2°) actúa en función de las clases o grupos sociales que lo controlan y desean perpetuarse con su hegemonía; por tanto, adjudicarle tan solo a los Estados de China, Cuba y Venezuela el ejercicio de su carácter, -sin desconocer los diferenciados grados y formas de coacción entre estos-, es ignorar la naturaleza coactiva y violenta de los Estados en Italia, España y EE.UU. Carácter represor y violento que particularmente ha signado la política exterior imperialista principalmente de los EE.UU., ocasionando invasiones, acosos político-militares y asaltos guerreristas genocidas contra naciones que no obedecen a sus intereses dictatoriales, sino que procuran su autodeterminación al margen de presiones imperialistas, sobran los ejemplos al respecto. Naturaleza estatal expansionista y arbitrariamente expropiadora que ha aplicado desde los orígenes históricos internos de esa nación, particularmente en la ocupación del oeste de su territorio al aniquilar genocidamente a los pueblos y etnias indígenas, originarios habitantes y propietarios colectivos de esos espacios.

Por otra parte, los Estados tienden a encubrir su esencia coactiva o represiva. Lo hacen por medio del fetichismo jurídico (alienación que supone la creencia en la ficción de que las leyes regulan imparcialmente los intereses confrontados en la sociedad entre las clases y grupos sociales) que les procura el disfraz de su legitimidad al predicar que esta proviene de una correspondencia con lo establecido en las constituciones y que debe sobreponerse a todos. Sobreposición pretendidamente constitucional que violenta los derechos humanos consagrados en las mismas constituciones de quienes se enfrentan a las arbitrariedades estatales. Constituciones que siempre se prestan a interpretaciones a conveniencia de los interesados con fuerza para ello y de quienes controlan las decisiones judiciales al respecto. Asimismo, la gubernamentalidad que se ejerce en su nombre la atribuyen los grupos dominantes a la delegación de un mandato popular que argumentan haber recibido a través del sufragio, -que es una forma de escamotear la participación directa de la ciudadanía en las decisiones al adscribírsela o endosársela a una presunta representación electa o designada--, u otra forma políticamente perversa de asumir la expropiada y usurpada soberanía del pueblo; cuando no violentan abiertamente su presunta legalidad e imponen una dictadura a rajatabla, a sangre y fuego, como ocurrió recientemente en Bolivia, por señalar uno de tantos casos.

Ahora conviene agregar que quien esto escribe no defiende a ningún tipo de Estado porque soy partidario de la futura extinción de todos los Estados y de abonar desde ahora a favor de esa opción trascendente, así parezca lejana en el horizonte, a través de ir promoviendo el desarrollo de instituciones de autogobierno y autogestión, el Poder Popular, en todas las esferas sociales para neutralizar la naturaleza estatal y los intereses mezquinos de los grupos y clases sociales que se adscriben la gubernamentalidad para sus beneficios particulares; es decir, reivindico la democracia en su auténtica acepción: el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Democracia popular que expresaría la auténtica libertad consistente primordialmente en la autodeterminación responsable de cada quien para decidir y actuar empática y afectualmente de acuerdo con la libertad de los demás en beneficio de la convivencia instituida de todos en términos de igualdad, equidad, justicia y fraternidad.


 



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