Colombia hace ‘soñar’ la cazuela

Desde la huelga general del 21 de noviembre, el país vive marchas diarias contra el Gobierno de Iván Duque

Las reformas económicas, el asesinato de líderes sociales y la no implementación de los acuerdos de paz son las causas del malestar de los ciudadanos

Diego golpea con rabia un hierro en medio de la carrera séptima, una de las principales vías de Bogotá. Lo empezó a hacer el 21 de noviembre, cuando ese metal todavía era una cazuela. Como miles de jóvenes en Colombia, desde ese día, en palabras del periodista local David González, está haciendo «soñar su cazuela». Una protesta antigubernamental que se alarga desde hace más de una semana, generando un movimiento de reivindicación pacífico entre la juventud del país. De hecho, para Diego, este «cacerolazo» es la única violencia que se va a permitir ejercer en su protesta.

Bogotá es la ciudad de América Latina más congestionada por el tráfico, según la consultora INRIX. Sin embargo, los coches y la contaminación han cesado en algunas de las partes más transitadas de la ciudad, donde los jóvenes están organizando protestas a las que llevan cazuelas y pancartas y en las que ingenian lemas, conciertos y baile, mucho baile. «Es nuestra herencia africana», asegura John, un joven que toca la flauta, entre una multitud que no puede evitar acercarse para mover el esqueleto. Y eso que en Bogotá, a sus 2.600 metros y 14 grados de promedio, no suena lo más afrocaribeño.

Violencia estructural

La plaza Bolívar, las universidades, el Parque Nacional o la autopista principal de la ciudad están siendo los núcleos habituales de la protesta. Pero también el Parque de los Hippies, situado en el acomodado barrio de Chapinero y donde hace 50 años tuvo lugar la revolución ‘hippy’, mientras que hoy resuenan las cazuelas. Entre la multitud está Catalina, una diseñadora gráfica que porta una pancarta en la que se lee ‘Por los 18 niños del Caquetá y los indígenas del Cauca’. La primera referencia tiene que ver con la acusación que realizó el pasado 5 de noviembre el senador Roy Barrera. Según Barrera, el Ejecutivo ocultó la muerte de menores de edad en un operativo del Ejército contra un grupo disidente de las FARC. Según las cifras oficiales, serían 8 niños, aunque algunas fuentes elevan el número a 18. La reacción de la opinión pública forzó la dimisión del ministro de Defensa Guillermo Botero y abrió una grave crisis de Gobierno para el presidente Iván Duque, quien llegó al poder el 7 de agosto del 2018.

La segunda parte de la pancarta habla de los asesinatos a indígenas, unos crímenes que forman parte de una problemática común en Colombia, donde más de 800 líderes sociales han sido asesinados desde la firma del Acuerdo de Paz con las FARC en el 2016. Bandas de narcotraficantes y paramilitares atacan a aquellos que defienden los derechos humanos y los recursos naturales del país, demostrando que los pactos no están siendo cumplidos por el Gobierno. A pesar de que en la protesta convergen todo tipo de reclamos, para Catalina estas muertes son su principal motivo para marchar: «Si no hay vida y hay muerte, la reforma tributaria pasa a un segundo plano».

Toque de queda

No parece que la violencia sea algo exclusivo de décadas de conflicto entre el Ejército, las distintas guerrillas, los cárteles de narcotráfico y las bandas paramilitares. La protesta empezó con una huelga general el 21 de noviembre en todo el país. Ese primer día de movilizaciones se decretó el toque de queda -una medida inédita desde el año 1977- en la ciudad de Cali ante el fantasma de saqueos a conjuntos residenciales. Un hecho que se repitió el día siguiente en Bogotá, con un boca a oreja vía redes sociales, que hizo que vecinos de barrios de clase media saliesen a las puertas de sus edificios a defenderse de una amenaza que nunca llegó. La psicosis estuvo influenciada por el ‘Bogotazo’, el capítulo de la historia reciente más importante de la ciudad, que tuvo lugar el 9 de abril de 1948 cuando liberales y conservadores se enfrentaron a muerte en las calles de la ciudad y, en esa ocasión sí, las tiendas quedaron desvalijadas.

Precisamente, en las marchas de la última semana la violencia más traumática no vino de los jóvenes manifestantes, sino de la policía. Dilan Cruz, un joven de 18 años, murió el mismo día de su graduación, después de tres días en coma inducido, tras ser disparado en la cabeza por una arma ilegal formada por una bolsa llena de perdigones, a manos del Esmad, la unidad antidisturbios colombiana.

Desigualdad económica

Dilan formaba parte de los muchos estudiantes que están marchando para protestar contra la violencia estructural, pero también contra un panorama desolador para la juventud colombiana. Según datos del Banco Mundial, Colombia es el segundo país más desigual de América Latina. Por ejemplo, el Gini, el coeficiente que mide la desigualdad dentro de un país, de Colombia en el 2017 era de un 0,497 contra el de Chile que era de un 0,466. Pero no solo eso, el Gobierno de Iván Duque planeaba un ‘paquetazo’ que contemplaba todo tipo de recortes, como el pago del 75% del salario mínimo a menores de 25 años. Este tipo de medidas fomentan unas condiciones de precariedad que se suman a la falta de servicios públicos, con una juventud ahogada en créditos para poder estudiar en la universidad y con la impotencia de no poder pagarse una sanidad de calidad.

Ante este contexto, Adriana, profesora de teatro para adolescentes en situación de exclusión social, explica por qué el núcleo principal de manifestantes en las marchas de Colombia están siendo los jóvenes: «Gracias a las redes sociales y medios de comunicación alternativos, hemos encontrado una fortaleza de unión, desde la que buscamos ser escuchados».

Sin miedo

Aunque las marchas suman más de una semana, Colombia no está acostumbrada a la protesta. Por un lado, debido a los constantes asesinatos de líderes sociales; por el otro, el estigma de las FARC, que hace que todo lo que tenga que ver con la izquierda sea considerado guerrilla. De hecho, en las pasadas elecciones municipales en Bogotá, Claudia López se convirtió en la primera mujer alcaldesa LGBTi de una capital latinoamericana. La particularidad está en que, a pesar de presentarse con el Partido Verde, se autoconsidera de centro.

Pero las cosas están cambiando, y para el periodista local David González, por primera vez, gracias al tono festivo de las marchas, ni la derecha ni los medios de comunicación están comparando esta protesta pacífica con la guerrilla. Un logro de una generación que ha perdido el miedo a buscar un futuro mejor aunque eso signifique, como en el caso de Diego, el sacrificio de sus cazuelas.

 

news@other-net.info



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