Binóculo Nº 350

China derrota a Estados Unidos

A estas alturas, creo que estamos de acuerdo en que todos los conflictos bélicos por los que ha transcurrido la humanidad, tienen una razón económica. Desde la organización del hombre como ente social, los ancestrales enfrentamientos entre tribus, tenían una razón única: el poder y los recursos económicos que tenía el contrario. Fue así durante las primeras sociedades organizadas en países y posteriormente durante los imperios en sus cuatro etapas, la prehispánica, la de la Primera Guerra Mundial, el reacomodo de 1945 hacia acá y el periodo que estamos viviendo hoy, mucho más evidente, más cínico y más peligrosamente tecnologizado.

El triunfo aliado en la Segunda Guerra Mundial, fue capitalizado por Estados Unidos, el poderoso aportador de la industria bélica, que, sumado a no sufrir un disparo en su propio territorio, a la enorme deuda que adquirieron las demás naciones y debieron pagar por años y al botín de guerra saqueado a alemanes, italianos y japoneses, lo convirtieron en el todopoderoso. De inmediato nacían los organismos internacionales, los cuales le darían un respaldo jurídico al saqueo legal que les harían a las naciones posteriormente a través de los endeudamientos, comenzando por el terrorífico Fondo Monetario Internacional, cuyo nacimiento en Bretton Woods, selló el destino pobre del mundo en materia económica, sumado al Banco Interamericano de Desarrollo, y la más nefasta de todas, la Organización de las Naciones Unidas, instrumento político que ha permitido toda la barbarie contra las naciones más débiles, comenzando por la división de Palestina y el nacimiento del Estado de Israel.

Puede que mención aparte merezca la Organización Mundial de la Salud, que en el fondo ha sido un avalador de las misteriosas interrogantes que se producen en el oscuro mundo de la medicina y la producción de medicamentos por las poderosas trasnacionales. Hoy día, organizaciones no gubernamentales, dan cuenta de cientos de enfermedades y epidemias, con extraño origen, pero sospechosamente sustentado en la incorporación de componentes en la elaboración de medicinas.

En medio de esa vorágine, sumado a las secuelas de la Segunda Guerra Mundial, el Big Brother se convierte en el único imperio del mundo con una poderosísima fuerza militar, capaz de aterrorizar a cualquiera. Fue la continuación de la política del Gran Garrote nacida a principios del siglo XX y la aplicación del reparto por hemisferios acordado por Estados Unidos, Inglaterra y la entonces Unión Soviética en la Conferencia de Yalta realizada a principios de 1945. Aún le faltaba cuatro años al Partido Comunista Chino para tomar el poder en esa nación, luego de una encarnizada guerra civil que duró 22 años.

Hitler dijo que el Tercer Reich duraría mil años, y solo duró 13 años (1933-1945), el imperio mongol, el más grande del mundo, solo duró 50 años, el imperio romano duró 500 años, y podríamos decir que el imperio estadounidense, desde la invasión a Filipinas en 1899, lleva poco más de cien años y es posible que le queden menos de 30 años. Podría decirse que acaba de sufrir su más grande derrota, y tenía que ser en el plano económico. Trump anuncia el retiro de las sanciones a Huawei, hoy día reconocida como la empresa más grande del mundo.

Y no debe verse como una simple decisión de un tipo dominado por la soberbia y la prepotencia, sino como una verdadera batalla, en la que el Big Brother pretendió dominar por esta vía y doblegar al ahora poderoso Estado chino. Aunque corta, fue una batalla difícil y peligrosa, por la que solo dos gigantes de ese calibre, encontrarían salida poniéndose de acuerdo. Y es la primera vez en la historia que el imperio da su brazo a torcer. Aunque no lo reconozca, la derrota es real.

Esa batalla de encuentros y desencuentros, de dimes y diretes, de muestras de fuerza militar moviendo barcos y aviones de combate de un lado a otro, probando misiles para amedrentar al contrario, no tuvo otra intención que la imposición y el control de los mercados, evitando que los aranceles se convirtieran en piedra de tranca de uno y otro.

No es que los zamuros del Pentágono estuvieran contentos con la decisión Trump, pero estaba en juego los jugosos negocios de las poderosas trasnacionales estadounidense, que venían acusando desde hacia tiempo la perdida de mercados, sobre todo en el mundo asiático. Digamos que ocurrió igual que cuando Richard Nixon visitó China por allá en 1974 y que no fue otra cosa sino la presión de la burguesía estadounidense por entrar al mercado chino. No es cualquier cosa vender cinco millones de hamburguesas por día en un país de más de mil millones de habitantes.

Y a esta derrota que acaba de sufrir el Big Brother, le debe agregar una no declarada, que es la sanción impuesta por la India a unos 200 productos estadounidenses, que, a pesar de las amenazas de Trump, todo apunta a que también saldrá derrotado.

Es decir, todas las naciones están moviendo sus músculos para demostrar de lo que son capaces, aunque en el fondo la batalla es por recursos y por el control de los mercados. China lleva la delantera pues cuando culmine el Canal de Nicaragua, la Ruta de la Seda cubrirá la mayor parte de las rutas comerciales del mundo; y de acuerdo a los expertos tiene una delantera de al menos 20 años sobre Estados Unidos, no solo en tecnología, sino también en armamento.

Lo cierto es que es la primera vez que un presidente de Estados Unidos, da su brazo a torcer en esta compleja batalla. Debemos sumarle la cuenta pendiente con Irán, que es extremadamente peligrosa, y las otras cuentas, no menos preocupantes, que no son comerciales precisamente. Y en algunos casos debemos incorporarle el componente religioso, que en el fondo también es económico.

Esto quiere decir que la muerte de ese imperio está mucho más cerca de lo que previeron los analistas, cuando hablaban de la debacle gringa. Está claro que no durará mil años, ni siquiera los 500 que duró el Imperio Romano; y de acuerdo a mis análisis, ni siquiera 150. Los acontecimientos transcurren con demasiada rapidez.

Caminito de hormigas…

Sigue la mafia del gas haciendo su agosto en Carabobo, sumado a la ausencia de las cajas Clap, las cuales no entregan desde hace tres meses.

 


 



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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