El informe de AMLO

Como era previsible, el gobierno de la cuarta transformación dejó para el recuerdo el sello distintivo de los mexiquenses que juraron "Mover a México", los actos faraónicos de rendición de cuentas en Palacio Nacional.

De aquel boato que significó el quehacer público durante 2012-18 y que pocos criticamos, el país transitó a un primer corte de caja con el más sencillo de los escenarios montados en el de por sí majestuoso Patio Central, donde se reconoció sin ditirambos que "en los hechos la población del país se encuentra en estado de indefensión, porque sólo se ha logrado contener la incidencia delictiva, pero no reducirla significativamente como lo deseamos". Con cifras en la mano, el presidente Andrés Manuel informó que se mantiene el número de homicidios y robo de vehículos de 2018.

En el vital tema de la inseguridad pública no hay avances y la autocrítica, ignorada por los que López Obrador adjetiva, no fue percibida y menos valorada por quienes la exigen, incluso el analista Sergio Aguayo retó al gobierno de la cuarta transformación a obtener más y mejores resultados e incluso calendarizarlos. José Antonio Crespo (Primer Plano, 11-III-19), postuló lo obvio, después de más de 12 años de crecimiento de la inseguridad, no puede exigirse un punto de inflexión en las tendencias delictivas en tres meses.

El reconocimiento explícito de que la economía "crece poco", no le impidió a AMLO polemizar –como es habitual, pues desde el 1 de diciembre anunció "no me voy a quedar callado"–, y reviró "pero no hay ni asomo de recesión como quisieran nuestros adversarios conservadores o como pronostican con mala fe sus analistas. Se van a quedar con las ganas". Y aquí se produjo una sonrisa cómplice de Beatriz Gutiérrez, su esposa.

Las cifras que avalan la aseveración: el peso se apreció 4% de diciembre a la fecha; la inflación bajó de 5.9 a 4.4%; la confianza del consumidor alcanzó máximos históricos de 120 puntos; la recaudación del primer bimestre sumó 703 mil 900 millones de pesos, 8 mil millones más de lo programado y 2.6% más que en el mismo periodo de 2018 (el ISR creció 3.2%) y la generación de empleos fue de 220 mil 628, según cifras del Seguro Social.

Carlos Slim, el mexicano más rico de la aldea global y séptimo entre 2,200 magnates (la dictadura plutocrática), asegura que es posible crecer 4% anual, como prevé AMLO, incluso más, pero es preciso una inversión pública de 5% y privada (nacional y extranjera) del 20%. "El país no está en crisis, sino que tiene un crecimiento lento y el planteamiento es que crezcamos al doble de lo que se ha crecido y lo veo yo completamente viable e indispensable, porque está bajando la inflación y hay austeridad" (La Jornada, 12-III-19).

En el recuento, AMLO reafirmó la disposición firme de su gobierno de rescatar el sector energético "saqueado impunemente durante el periodo neoliberal, padeció de abandono, corrupción e ineficiencias", el desmantelamiento "formó parte del rotundo fracaso de la reforma energética". Y para los que sueñan con una rectificación sobre el aeropuerto de Santa Lucía, no dejó ningún espacio ya que estima "fue de las mejores decisiones porque involucraría mucha inversión en mantenimiento".

Centenar de días, en fin, de un gobierno sin precedente en la historia mexicana desde 1940, con un titular del Ejecutivo que dispone de una legitimidad democrática incuestionable en décadas, un respaldo legislativo muy sólido, el apoyo de ocho de cada 10 ciudadanos y que se propuso un programa de transformaciones como no sucede desde el cardenismo de don Lázaro.



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