Bertrand Russel diagnostica la locura guerrerista de Washington y futuro ataque a Venezuela

Se trata de un escenario deprimentemente familiar para los habitantes del Washington político durante los últimos 30 años, desde las armadas invasiones de Estados Unidos contra pequeños y vulnerables países, escenario que se ha puesto nuevamente de moda luego de ser brevemente desacreditado a raíz de la Guerra de Vietnam.

Esta vez se trata de Venezuela y de sus dos veces elegido democráticamente presidente Nicolás Maduro que está siendo satanizado como una Diabólica Amenaza a la supervivencia misma de Todo lo Bueno y Verdadero.

Uno no tiene que admirar acríticamente todo lo que ha hecho el presidente Maduro como líder de su país para predecir con certeza lo que sucedería si el gobierno de Estados Unidos consigue derrocarlo e imponer su propio y ridículo hombre de paja, aniñado, temeroso y ansioso por agradar, el pequeño Juan Guaidó, versión venezolana de Mario Rubio, sujeto insignificante que está siendo promovido como libertador de su país (cómo se revolcará en su tumba Simón Bolívar o en su defecto, desternillándose de la risa).

Luego entonces, las miserias del desafortunado pueblo venezolano no habrán llegado a su fin –habrán solo comenzado.

Los héroes de pacotilla de Washington están dispuestos a transformar la República Bolivariana de Venezuela en una República Liliputiense –chiste consistente en un estado presidido por insignificantes y diminutos enanos.

Este mismo e infernal libreto lo hemos visto aplicado en Afganistán, Irak, Libia, Ucrania y se hacen esfuerzos para imponerlo en Siria y Yemen.

El resultado es siempre el mismo: más guerras, más sufrimiento, enorme incremento de la tasa de muerte de civiles, colapso de la economía, anarquía violenta, florecimiento del extremismo islámico y de otras agrupaciones terroristas donde anteriormente no existían. Grandes mafias que esclavizan sexualmente a niños, niñas y mujeres jóvenes y tasas per cápita de consumo de estupefacientes por las nubes.

Los filósofos-estadistas y los astutos eruditos-profetas de Washington sacuden tristemente sus cabezas y se desplazan buscando nuevos mundos para "liberar" –y destruir.

¿Cómo es que esto sucede una vez más sin ningún cargo de conciencia, como lo fue con los cinco sucesivos presidentes anteriores?

La respuesta es sencilla: el presidente Trump se ha rodeado de super halcones neoconservadores. El Secretario de Estado, Mike Pompeo y el Asesor de Seguridad Nacional, John Bolton están dirigiendo la política. Ellos se apresuraron a reclutar a Elliot Abrams –quien fue profusamente acusado de apoyar el genocidio de los pueblos aborígenes Maya en América Central hace 35 años en los tiempos de Ronald Reagan—como su Enviado Especial de Trump para restablecer la Democracia en Venezuela, título que tiene su diabólico toque Orwelliano ya que por supuesto Abrams no descansará hasta que los últimos vestigios de democracia, libertades significativas e independencia sean destruidas en Venezuela.

Lo más grave es que en momentos en que las horribles guerras que George W. Bush y Barack Obama desataron a través del Medio Oriente, Eurasia y Sudeste Asiático arreciaban sin que se percibiera un próximo fin (excepto que fuera a través de la derrota total de Estados Unidos y la aniquilación de todas aquellas fuerzas miopes, ambiciosas o sencillamente lo suficientemente estúpidas para confiar en ellos). Trump, Pompeo, Bolton y Abrams están ahora decididos a abrir un frente de guerra completamente nuevo en un continente completamente diferente. Y una vez más están montando una gran estrategia geopolítica segura para garantizar una completa y total derrota. Una vez más los Cerdos de Gadar están en plena estampida.

¿Cómo es posible que un país y su estamento gobernante se disponga tan caballerosamente a repetir políticas catastróficas que no produjeron otra cosa que horrores, humillaciones y fracasos a través del siglo XX sin excepción? Debemos retroceder más de cien años para obtener una pista en torno a una respuesta más profunda a esta vital pregunta.

El gran filósofo inglés Sir Bertrand Russell escribió una carta asombrosa el año 1917 acerca de la obra de Sigmund Freud explicando el carácter de la locura del belicismo y la estampida hacia una destrucción global que una vez más a sumido a las elites políticas y de los medios de prensa de Estados Unidos.

En su reciente gran estudio titulado "Freud en Cambridge" John Forester y Laura Cameron citan a un genio de hace un siglo –Russell hablando a otro –Freud.

En una carta fechada el año 1917 dirigida a su joven amante Constance "Colette" Malleson, Russell dice mientras arreciaba la Primera Guerra Mundial, "Estoy leyendo a Freud sobre los sueños –lo encuentro fascinante. Veo con el ojo de mi mente una gran obra que explica cómo la gente llega a tener las opiniones que tiene –científicamente muy interesante y socava la ferocidad (con énfasis en el original) y su basamento (desenmascarando debí haber dicho) porque está siempre escondida detrás de una máscara de moralidad. La psicología, específicamente la opinión política, se trata en realidad de un campo intocado y estoy muy entusiasmado con esto."

Russell, como de costumbre estaba siglos delante de su tiempo, reconoció al igual que Freud y George Orwell que en sus estilos únicos, también lo hicieron, el crucial rol del emotivo e irracional odio que emana desde el inconsciente provocado por simples y primitivos clichés repetidos incesantemente a través de un paralizante e hipnótico redoble de tambor de lavado cerebral masivo.

¡Pueblos de Oceanía! ¡Estamos en guerra con Eurasia! ¡Hemos estado siempre en guerra con Eurasia! ¡Estamos en guerra con Venezuela! ¡Siempre hemos estado en guerra con Venezuela!

Hoy en día 320 millones de norteamericanos una vez más están siendo embaucados para otra guerra, no hace falta decir, chapucera, innecesaria y no concluyente para el poder y el lucro de una ínfima minoría. Aunque la mayoría de ellos no consiga ni siquiera eso o por lo menos no por mucho tiempo.

Hoy en día, más que nunca, necesitamos el conocimiento de estas tres grandes mentalidades Freud. Orwell y Russell para explicar la locura alucinante que embarga al Washington político y de los medios.

Una vez más, como Russell lo reconoció y lo advirtió, la enloquecida ferocidad se esconde detrás de una máscara de moralidad y agita grandes valores abogando y fomentando políticas que ponen en peligro la supervivencia de los seres humanos. La estampida de los Cerdos de Gadar a través de los amplios bulevares de Washington resueltos a extender su locura y la destrucción del mundo entero.

Traducción desde el inglés por Sergio R. Anacona

Nota.- Sus comentarios y opiniones acerca de este artículo serán bienvenidos en

www.strategic-culture.org



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