Binóculo N° 312

Petro y Maduro para los que salgan

De qué tamaño fue la votación por Gustavo Petro en Colombia, que a pesar del robo de votos, a la autoridad electoral colombiana no le quedó más remedio que llamar a segunda vuelta. Una colega neogranadina me comentó este domingo en la noche que por la redes ya corrían las informaciones sobre el brutal desvalijo de sufragios y urnas que el ejército había destruido en las zonas en donde los exit pull, ya a las 10 de la mañana, le estaban dando a Petro una ventaja de más de 25% sobre su más cercano contendor. Técnicamente, y para quien conoce de esos números, una cifra de ese calibre, a esa hora de la mañana, ya es irreversible y anunciaba una muy aplastante victoria de Petro. Rápidamente se prendieron las alarmas en predios de la oligarquías, el clero y los verdes a fin de evitar ese triunfo. “Rafael, este es quizás el robo más descarado de votos desde que se hacen elecciones en Colombia. Ni siquiera en los viejos tiempos de conservadores y liberales, cuando se pusieron de acuerdo para asesinar a Gaitán, se vio una fraude tan grande”, me explicó Paola, inteligente y muy calificada periodista colombiana que ha dedicado su vida a analizar la política de ese país. Y conste que Petro no es un hombre de izquierda.

Y como el mundo es una conexión permanente, o mejor dicho, para parafrasear a Mcluhan, una aldea global, la victoria de Petro tiene una relación directa con Venezuela y con el aplastante triunfo de Nicolás Maduro. Colombia es ahora la quinta columna más importante de Estados Unidos en la región. Con siete bases militares y a punto de entrar en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) tiene como objetivo principal, frenar la avanzada en Venezuela en caso de que se desatara un alternativa militar, a la que está apostando Donald Trump. Más debería preocuparnos el hecho de que el mandatario estadounidense, logró doblegar la boconería del lider norcoreano Kim Jong Un. Quizás haya tiempo ahora para ocuparse un rato, pero en serio, del caso Venezuela.

Y es que el país de Bolívar y de Chávez, es extremadamente importante para el mundo. El solo hecho de que posea en sus entrañas al menos 15 de las más significativas materias primas que utiliza el mundo actual, lo convierte casi en el Santo Grial. Todos van tras él. Allí se inscribe la guerra económica, la cual tiene dos aristas: una, la profunda incompetencia del gobierno para enfrentarla, finalmente reconocida por el propio Maduro, con un Estado groseramente burocrático y profundamente corrupto, sin planes ni políticas de acción, sino un peligroso ir y dejar, ir y dejar; y dos, la conspiración de las empresas para no producir o disminuir la producción, impulsando el encarecimiento de los precios y la disminución de la oferta. Aquí se conjugan varios factores en donde juegan un papel preponderante los militares corruptos, la dirigencia chavista corrupta y los empresarios.

Caso aparte a tratarse es la banca, la principal enemiga del gobierno y la organizadora de toda la barbarie que se ha desatado con la economía. Es la banca la artífice de todo lo que se hace con la moneda. Nadie más que la banca tiene poder para eso. Ciertamente la operan militares y paramilitares, pero es la banca la financiadora de todo ese gigantesco movimiento de dinero que se hace en el país, sobre todo en los mercados mayoristas. No hace falta tener cuatro dedos de frente para entender que debe tenerser una gran capacidad monetaria para pagar 250% por transferencia en la compra de dinero en efectivo. Dinero que de inmediato sale del país y obliga al gobierno a hacer nuevas emisiones. Y ciertamente, el gobierno debió hacer una reconversión monetaria, pero todos sabemos que eso no alivia el problema, ni del robo del dinero en efectivo y mucho menos de la inflación. Ésta seguirá, primero porque es parte de la política desplegada por Estados Unidos, y segundo, porque el gobierno no ha diseñado políticas tendentes a detenerla.

La victoria de Petro en Colombia, es, por así decirlo, una pancada de ahogado de Venezuela, una bombona de oxígeno que la nación necesita con desesperación. El acorralamenito no es un juego. El gobierno no dice que hay decenas de barcos frente a las costas venezolanas esperando la cancelación de los productos para poderlos ingresar al país. Es increible tener los depósitos en dólares para pagar los embarques, ordenar el pago y que los bancos, trasnacionales estadounidenses, baipaseen la transacción, le den largas, o le pongan peros.

No debería sorprendernos. No es nuevo. En los documentos desclasificados se lee que se hizo exactamente igual en el Chile de Allende, en el Perú de Velasco Alvarado, en la Libia de Kadaffi y en los países valcánicos. En algunos casos exactamente lo mismo. Pero también lo dijo María Corina, quien explicó que una de las medidas contra el gobierno era matar al pueblo de hambre. Y fue también lo que pidieron los Tres Mosqueteros de la perversión: Ledezma, Borges y Florido, en sus reuniones por el mundo. No importa cuánta hambre pase su país, y cuánta gente muera de hambre o por falta de medicamento, lo importante es que Maduro se vaya, mejor aún si lo matan. La impotencia y la soberbia los volvió más brutos de lo que eran y más ignorantes.

Lo que más realmente me molesta es que todo lo que está ocurriendo, se sabía que iba a ocurrir. Chávez lo explicó varias veces, con un pedagogía que me impresionó. Paso por paso, dijo que iba a hacer el enemigo. Explicó las razones por las cuales esto era una guerra y cómo era el accionar del enemigo. Pero nunca se tomaron las previsiones, nunca se planificó en función de lo que iba a hacer el enemigo, nunca se dieron los pasos en el sentido correcto, precisamente para que no ocurriera lo que está ocurriendo.

La experiencia indica que con el aumento del bloqueo, todo será peor. Y la desesperación llegara a niveles peligrosos. El gobierno aún no avisa qué va a hacer en materia económica. Petro no ganará las elecciones y posiblemente será asesinado. Eso lo tiene claro la oligarquía colombiana.

Es decir, la aplastante victoria de Nicolás, lo obliga a tomar medidas urgentes para detener la crisis. Y ello, irremediablemente pasa por convocar al poder popular para que asuma su rol de defensor del proceso y de participante en la producción. Como dije la semana pasada: antes de que el destino nos alcance.

 

 

 


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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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