Donald Trump, capitalismo, huracanes y terremotos

Recientemente, el huracán Harvey azotó a Texas, en los Estados Unidos, mientras que en el Caribe, cuantiosas muertes, destrozos y desolación ha dejado a su paso Irma, acompañada, además, de otros dos huracanes: José y Katia.

Asimismo, los Condados de Madera, Mariposa y Tulares, en California fueron declarados en emergencia por fuertes incendios forestales que han consumido miles de hectáreas de terreno, destruyendo a su vez viviendas e infraestructura. El Parque Nacional Yosemite es una de las zonas más afectadas. Sumemos a todo esto el terrible terremoto de 8,2 grados en México.

No se trata de fenómenos simples. El portal web www.bluradio.com, señala: "La formación simultánea de tres huracanes en la cuenca atlántica, como es el caso actualmente de Irma, José y Katia es poco frecuente. La última vez fue en 2010". Además informa que "Con vientos de 295 km/h durante más de 33 horas, Irma se convirtió en el huracán de mayor duración", superando al tifón Haiyan, que en 2013 hizo estragos en Filipinas.

En el caso de Harvey, se generaron acumulaciones récords de lluvias en los Estados Unidos, en tanto que el sismo en México, se trató del "más potente del último siglo", según refiere El País de España.

En suma, se trata de eventos de grandes magnitudes que son signos de los últimos tiempos. Pero no lo digo en el orden religioso, porque sobra quien indique que se trata de rasgos del Apocalipsis descrito en la Biblia. No. Me refiero a cosas como las siguientes, reseñadas por Democracy Now!, recogiendo declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, desde la refinería de petróleo en Mandan, Dakota del Norte, anunciando que: “Con el fin de proteger la industria y a los trabajadores estadounidenses, retiramos a Estados Unidos del Acuerdo Climático de París, que eliminaba empleos. La gente no tiene idea. Muchas personas no tienen ni idea de lo malo que era. Y justo aquí, en Dakota del Norte, el oleoducto Dakota Access finalmente está pronto para los negocios”.

Lo anterior no es más que una mínima parte de las acciones antiambientales que diariamente, burlando regulaciones, acuerdos, normativas y leyes - nacionales e internacionales - se realizan desde los Estados Unidos y todo el orbe capitalista. Eso sin contar la terrible manipulación que los políticos de las élites realizan, por medio de discursos pretendidamente progresistas y nacionalistas, característica común de la “nueva” derecha internacional, escondiendo el real objetivo de continuar enriqueciendo al 1% de la población mundial en detrimento de las grandes mayorías.

Los terribles fenómenos que se vienen suscitando desde hace varias décadas (calentamiento global, tsunamis, tifones, entre otros) son síntomas de que la salud de la Pachamama no anda nada bien. A veces buscamos respuestas en teorías conspiranoicas (tipo HAARP, que no digo que no sea factible) y en profecías o interpretaciones fanáticas de textos religiosos, pero la realidad está allí, frente a nuestras narices. Este sistema es inviable, el capitalismo es el camino concreto a la destrucción. ¡Y no exagero!

Ahora, tenemos todo un reto por delante: o seguimos primando a nuestro ser individual en un tránsito cada vez más claro hacia la extinción o nos ponemos en onda, despertamos al ser colectivo y cambiamos el rumbo.

Siempre he sostenido que el ecologismo no es un asunto de esnobismo. Para ser ecologista hay que ser eminentemente anticapitalista y militar en las filas de los que creen y actúan a sabiendas de que “otro mundo es posible”.

guevarista26@hotmail.com


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