Hay que acabar con el Estado de Israel y el sionismo

Si yo perteneciese a alguna organización seguramente no me atrevería a comprometer a sus miembros con esta posición, pero como ahora estoy libre de ataduras, afirmo que la única solución es suprimir el Estado de Israel, la entidad estatal que tan dañina está resultando para todos, para los palestinos, para Oriente Próximo, para los judíos de la región y los de todo el mundo. Ese Estado, pura creación colonial, mediante el cual, desde sus orígenes hasta hoy, los europeos y los occidentales hacen pagar el genocidio nazi a unos pueblos de Oriente Próximo que no tienen absolutamente nada que ver, es una monstruosidad moral y política.
Los que fueron embaucados con el sionismo, ¿tienen derecho a permanecer en la tierra que han convertido en suya? Eso dependerá de su capacidad de coexistencia y, durante cierto tiempo, de una vigilancia internacional, pero el sionismo y el Estado de Israel no tienen derecho a la supervivencia política. Hay que llamar al sionismo por su nombre: es una empresa colonial con la que las potencias occidentales trataron de quitarse de encima a los judíos que habían estado martirizando durante siglos, una manera de considerar a los judíos extranjeros en sus propios países, una superchería siniestra. El sionismo no es más que la prolongación del odio contra el capitán Dreyfus, la imposibilidad de tratar a un judío como a un ciudadano.
Todos los que, como yo, son conscientes del horror de lo que sucede en Palestina y la ignominia de un estado racista, teocrático, podemos y debemos proclamar nuestro rechazo a esa creación artificial. La relación de fuerzas internacional es tal que los imperialistas seguirán apoyando firmemente a su retoño sanguinario, pero el mundo cambia, las resistencias se desarrollan. Hay que contar con eso y no con los fanatismos. Es preciso dejarse de ambigüedades y decir que Israel, como Estado teocrático, basado en el derecho de sangre, creación colonial, debe desaparecer para dar origen a un Estado de todos los ciudadanos.
En África del Sur, un Estado racista basado en el apartheid debía desaparecer, lo cual sólo fue posible cuando los primeros ocupantes, los humillados, recuperaron sus derechos y además alcanzaron el poder tras unas elecciones. Es la solución que considero justa y debería traducirse en el regreso de los palestinos a su tierra.
A partir de entonces, gracias a Nelson Mandela, se fundó una nación nueva; lo cual no significa que no haya problemas, en especial económicos, y habrá que solucionarlos, pero el proceso está en marcha y ha implicado la denuncia del Estado del apartheid. Si los racistas de Suráfrica no están de acuerdo con esta realidad pueden irse, aunque ese no sea el fin perseguido… pues bien, los israelíes deben comprender que, lo mismo que con los racistas de Suráfrica, con ellos tampoco va a haber contemplaciones.
Por si fuera poco, Israel es una potencia nuclear —Francia tiene en ello una gran responsabilidad—, lo que supone un peligro para la región mucho más grave que la amenaza hipotética de Irán. Un Estado que obra como lo está haciendo Israel en la franja de Gaza y el Líbano es una amenaza terrible si tiene el arma nuclear.
Por estas dos razones políticas nuestra acción debe ir dirigida a acabar con el Estado de Israel y con el sionismo como un derecho al retorno mítico y mistificador.
Espero que este objetivo se plantee con claridad y nos pongamos como meta luchar contra ese Estado como hicimos contra el del apartheid, y denunciar a ese Estado nuclear ante el Consejo de Seguridad.
Lo afirmo ante todo como comunista no encuadrada en ningún partido, como ser humano, pero también en nombre de mis orígenes judíos. Como soy atea no puedo hablar en nombre de una comunidad religiosa, aunque otros, a menudo, me han metido en el mismo saco, pues para un antisemita un judío, ateo o creyente, es un judío y nada más. Con su estupidez me han enseñado lo que podía ser el racismo y siempre me opondré a ellos, pero precisamente en nombre de lo que he aprendido desde mi infancia, denuncio al Estado de Israel, al igual que reclamo para todos los seres humanos el derecho a disfrutar de la paz y la falta de discriminación. Este combate de toda la vida contra el racismo y el antisemitismo es lo que me impulsa a luchar contra el Estado de Israel como lo hice en su día contra Suráfrica, el Estado del apartheid. La única solución fue la restitución de una nación a Nelson Mandela. Ojalá en la tierra de Palestina y en todo Oriente Próximo aparezcan varios Nelson Mandela.

*Danielle Bleitrach es profesora jubilada universitaria francesa.



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