Almagro, Pepe Mujica y Maduro

Desde el año pasado el expresidente uruguayo José (Pepe) Mujica rompió sus nexos personales y políticos con su excanciller y ahora Presidente de la OEA, Luis Almagro. No sé mucho de su amistad ni de sus relaciones políticas partidista más de lo que todos hemos leído, visto y escuchado en los medios. En ese momento expresó frases contundentes: "Adiós Almagro (…) Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido", expresó en noviembre de 2015. ¿La razón? Otra carta famosa de Almagro dirigida a la Presidenta del CNE en donde protestaba por la decisión del organismo de no aceptar observadores del organismo que funciona en Washington. Suponemos que Mujica vio una clara intromisión en los asuntos internos de Venezuela y tomó distancia con un funcionario que había gozado de toda su confianza.

Como buen político Mujica, uno de los líderes de la nueva izquierda latinoamericana, preveía lo que ya estaba sucediendo en la región: un nueva alineación política (empresarios, dueños de medios y apoyo tácito del neoliberalismo global) con planes para desplazar –aprovechando lunares y debilidades en sus gestiones gubernamentales-- a los llamados gobiernos progresistas postneoliberales que gobernaban en buena parte de los países latinoamericanos. Al despedirse en su misiva sabía en qué bando se inscribió la gestión en la OEA de su excopartidario, de allí la ruptura política pública. Hasta ese momento todo estaba claro.

Lo que enreda el asunto es la reciente declaración de Mujica: "Le tengo gran respeto a Maduro pero eso no quita que le diga que está loco, loco como una cabra", declaró Mujica a la prensa. De igual modo, manifestó que Almagro "no es ningún traidor ni funcionario de la CIA".

Un amigo me dijo que esta posición del expresidente uruguayo era una "solidaridad automática" con su compatriota y me recordó la solidaridad de Rodríguez Zapatero con el Rey Juan Carlos en el ya olvidado episodio chileno cuando Su Majestad mandó a callar a Chávez. El asunto es más complejo y veremos porque pienso así. Pero primero una declaración de principios: me siento inclinado a pensar como lo hizo Mujica, aunque es obvio que nunca diría tal cosa de otro colega Presidente, pero bueno, a cualquiera se "le pasa la rosca" cuando está frente a una cámara, hasta al respetable Mujica. No olvido cuando se le coló otra frase indiscreta refiriéndose a Cristina Kirchner. Nadie es perfecto.

Decía que el asunto es complejo, ahora voy a exponer mi hipótesis como simple observador de nuestra ya eterna y peligrosa diatriba. Cuando Mujica rompe con Almagro responde a una posición de toda la vida: el gesto indicó claramente de parte de quien estaba en la nueva escena política de la región. Veía en Almagro un "salta talanquera" como decimos en Venezuela, es decir, se pasó al mando de nueva derecha regional. El expresidente uruguayo configuró junto a Chávez, Lula, Kirchner, Evo, Correa y otros más la expresión política del avance de gobiernos de izquierda postneoliberales, con una política de inclusión social sostenida y seria. Almagro, cual Fouché, se pasó de bando sin respetar las tradiciones de los movimientos sociales latinoamericanos que le dieron un rostro mulato y de justicia social a gobiernos electos democráticamente. Tal vez el momento culminante de ese proceso fue la derrota del ALCA en Mar de la Plata (Argentina) en 2005.

Estoy convencido de que a Mujica le preocupa una derrota más en el porvenir y Venezuela puede la próxima plaza tomada. Argentina y Brasil ya se han alineado con la alianza de empresarios, dueños de medios y el gobierno norteamericano para cercenar los espacios conquistados. La visita de Obama a Buenos Aires simboliza la nueva correlación política en proceso de expansión.

Entonces Mujica se desespera frente a la situación delicada venezolana, de allí el sentido de sus frases: "el problema no es Almagro, el problema es Venezuela (…) deber tratar de arreglar su crisis económica de alguna manera, no se puede vivir a los porrazos". Si el chavismo gobernante no es capaz de atender la emergencia económica puede vislumbrarse otra pieza clave que se pierde en el ajedrez político regional.

Discrepo del modo y las circunstancias de las frases duras de Mujica, ya los medios continentales y globales la han sacado provecho. No lo pensó bien nuestro apreciado uruguayo al expresar con tanta precisión sus ideas sobre la conducta un tanto incomprensible de la clase política venezolana, incluyendo a Maduro y sus funcionarios. Pero en descargo al expresidente, tildó de locos a toda la clase política, incluyendo a los líderes de oposición. En resumen, una frase emotiva, bien intencionada que no puede dar provecho a lo que representa políticamente Mujica.

¿Por qué nos ven afuera como desquiciados? Algo estamos haciendo los venezolanos para que tal imagen se haya consolidado fuera. Por ejemplo, la Presidenta Dilma Rousseff dijo recientemente que la conspiración que la derrocó como mandataria es interna, no externa, aunque beneficie a muchos fuera de Brasil.

Los venezolanos no actuamos de tal manera. Es vergonzoso ver a los nuevos diputados de la derecha venezolana pidiendo la intervención extranjera en asuntos que debemos resolver nosotros. Ver a Almagro recibiendo peticiones de venezolanos es una herida profunda a nuestra nacionalidad y la evidencia incontrastable que la MUD juega para el mismo equipo del Presidente de la OEA, para el reeditado "consenso de Washington". Es lamentable ver cuán bajo han caído algunos políticos que nacieron en el país, pero que no nos representan.

Al Presidente Mujica se le puede disculpar su desliz mediático, pero su llamado indebido a que rescatemos la cordura en el país si no se puede ignorar. Bueno, los medios de la derecha regional y global han glorificado las frases desventuradas de un amigo de la causa. Y nosotros, ¿qué hacemos frente al mensaje que viene con nombre y apellido? Es momento del pulso firme y la revisión verdadera con la finalidad de corregir errores y retomar el rumbo. Es momento de un "golpe de timón" que realizó Chávez en más de una ocasión. El barullo mediático cesa, pero la procesión va por dentro.

 



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Nelson Suárez

Docente/Investigador Independiente (Literaratura, Ciencia, Tecnología y Sociedad)

 suarez.nelson2@gmail.com

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