El fanatismo asesino

Los periodistas franceses del semanario Charlie Hebdo fueron ejecutados con la misma intencionalidad, frialdad, saña y bestialidad con que fueron torturados y asesinados nuestros camaradas Anderson, Otaiza, Aguilarte y Serra. Tantos los unos como los otros fueron víctimas del odio incubado en unos por el fanatismo religioso y en otros por el fanatismo de clases y desprecio a los humildes. A otros con el cuento de que eran ladrones para desvalijar a sus víctimas, o pistoleros infantiles y psicópatas que pululan en las escuelas del norte del continente, o lobos solitarios de células terroristas que inventaron los ultraderechistas una decena de años atrás para justificar tantas invasiones y violaciones de derechos humanos que luego sucedieron.

Esta acción en suelo galo tiene todas las características de una operación política y pretende como objetivo aterrorizar. El hecho de que suceda en Francia encierra una densa y enmarañada carga simbólica que conviene desglosar: Francia es patrimonio cultural de la humanidad y Paris su capital, representa el sueño de la cultura occidental por aquello de la Revolución Francesa y de sus consignas, libertad, igualdad y fraternidad por los derechos del hombre.

La prensa crítica francesa, izquierdista sin ataduras partidistas, ha logrado sobrevivir a las dentelladas de la derecha gala que cada vez que puede le inventa un proceso judicial. La sátira y la diatriba están presentes en cada número de estos semanarios y todo el arcoíris político europeo, asiático y africano, al igual que los grupos político- religiosos son blanco de sus ataques. Reprenden a la jerarquía católica, incluido el Papa pero también al islam incluyendo a Mahoma.

Como ex potencia colonial firmante de los acuerdos de Evian, Francia tuvo que acoger en los años sesenta del pasado siglo, un millón de argelinos y hoy en día censa cuatro millones de árabes y africanos, buena parte de ellos viviendo de las ayudas públicas y en condiciones precarias. Es el país europeo que atiende el mayor número de turistas a lo largo de cada año. Su gobierno, donde es mayoría el llamado partido socialista francés colabora militarmente en la coalición que bombardea el Estado Islámico, una extraña organización religiosa-militar que surgió de la nada, aupada por el wahabismo más intransigente que tiene su sede en la península arábiga y al igual que los terroristas paramilitares en Colombia, inventados para que hicieran el trabajo sucio que el ejército no debía hacer. Daech o el Estado Islámico realizan el trabajo escabroso y reemplazan la coalición occidental que está de "retirada" en Afganistán, constituyéndose en fuerza armada en territorios de Irak, Siria y acosando al mismo tiempo a Irán y el Líbano, para seguir desestabilizando los países petroleros.

No extrañe a nadie que este acto bárbaro guarde vinculación con los cambios que se operan y se esperan en el Oriente Medio y Europa, pero sobretodo en la UE acosada por ahogos económicos y desigualdades sociales. Una alerta de la ultraderecha que no está dispuesta a ceder terreno y menos el poder político y económico. No pasarán.



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Héctor Agüero


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