Irán y la energía nuclear

Uno de los falsos pretextos utilizados por la administración Bush para justificar la invasión de Irak, se utiliza ahora para edulcorar la intención de una nueva guerra de rapiña: el supuesto desarrollo por Irán –que su gobierno no se cansa de negar- de un programa para la obtención del arma nuclear.

Aparte del doble rasero que significa que el acusador sea precisamente el país que posee el mayor arsenal de armas nucleares, el que permitió y seguramente ayudó a Israel a fabricar las suyas, y el único que las ha utilizado (Hiroshima y Nagasaki), existe el hecho de que pocos países en el mundo tienen tan poderosa necesidad como Irán de un desarrollo de la energía nuclear con fines pacíficos. Las razones son de orden económico.

Aunque Irán posee enormes reservas de petróleo y gas natural, casi todo el petróleo que extrae proviene de yacimientos descubiertos entre 1929 y 1963. Cuatro campos petrolíferos supergigantes: Aghajari, Gach Saran, Ahwaz y Marun fueron descubiertos en 1936, 1937, 1958 y 1963, respectivamente, y hace ya no menos de 35 años que todos ellos alcanzaron su pico de producción. Algo semejante sucede con otros yacimientos.

En promedio –como se sabe- sólo un 15 % del petróleo de un depósito se recupera de la profundidad de la tierra por la presión natural (recuperación primaria). Para que continúe el flujo, lograr mayores rendimientos o mantener una presión estable, es necesario inyectar agua en el depósito (“waterflooding”) –donde se dispone de ella- o gas natural con el fin de generar una presión que obligue al petróleo a salir al exterior (recuperación secundaria).

Técnicas aún más sofisticadas permiten la explotación de antiguos pozos, incluso abandonados (recuperación terciaria). Desde hace aproximadamente una década, Irán tuvo que comenzar un programa multibillonario de inyección de gas natural en sus yacimientos de petróleo para mantener la producción. Estamos hablando de varios billones de pies cúbicos por día. La utilización de estas enormes cantidades de gas es insostenible debido a que el gas natural es el único recurso que posee Irán para la producción de la energía eléctrica que el país necesita en cantidades que crecen exponencialmente.

El dilema es: o utiliza el gas para evitar que decline la producción de petróleo o lo destina a satisfacer la demanda de electricidad de la población y del crecimiento en otros campos. El inicio de un programa de producción de electricidad basado en la energía nuclear es no sólo un derecho soberano de la nación sino una necesidad vital impostergable que, por cierto, fue comenzado por el Sha varios años antes de la revolución iraní y con la cooperación de Estados Unidos.

No es la primera vez que Estados Unidos y sus aliados se empeñan en castigar a Irán. Desde 1979 este país sufre sanciones económicas. En abril de 1995, el presidente Bill Clinton emitió una orden presidencial que establecía un embargo total contra Irán y, en Julio de 1996, el Congreso estadounidense aprobó la “Irán-Libya Sanctions Act” (ILSA). Los pretextos han variado con los años pero el objetivo es el mismo: destruir a la revolución iraní, formidable barrera a sus ambiciones geopolíticas en el Medio Oriente y el Asia Central.

No existen motivos para que Irán pueda confiar en las promesas occidentales después de tantos años de hostilidad y traiciones. Un artero golpe de estado como el de “Operación Ajax”, dirigido por la CIA desde la Embajada de Estados Unidos en Teherán contra el gobierno democrático de Mossadegh, en agosto de 1953, y que dio lugar a una sangrienta tiranía de 25 años apoyada por Washington, no se repetirá jamás. Por otra parte, las sanciones, los intentos de aislamiento, las operaciones encubiertas, los asesinatos de científicos y las amenazas de guerra, podrían ser razones más que suficientes para que, paradójicamente, Irán buscase en el arma nuclear una garantía de supervivencia.

sccapote@yahoo.com



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Salvador Capote


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