Guerra imperialista contra Venezuela y el cretinismo degradante de una "izquierda" en ruinas
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El comienzo de la Revolución Bolivariana, con la irrupción de grandes y heterogéneas fuerzas sociales en la escena política Nacional para intervenir - no como simples actores de reparto sino como protagonistas centrales - en "la refundación de la Patria" bajo la dirección del Comandante Chávez, tuvo, entre otras, dos implicaciones importantes: por un lado, acelero el derrumbe de las decadentes estructuras políticas (el Estado, partidos políticos tradicionales, democratismo representativo, etc., etc., etc.) con las cuales la gran burguesía local y el capital imperialista aseguraron su dominación sobre Venezuela a lo largo del siglo XX; por el otro, marco un punto de inflexión en la abigarrada izquierda venezolana que la colocó frente a un nuevo comienzo, ahora en medio de las complejas magnitudes del cisma que cambiaria el mapa político y social del país.

Se inició desde entonces un ya largo y contradictorio proceso de recomposición que ha abarcado al conjunto de las vertientes de la izquierda, cuyos matices han ido determinándose por los intereses sociales que han estampado su sello en las aspiraciones y programas de las fuerzas históricas en pugna: por un lado, las de la Revolución Bolivariana, reivindicadora del Poder Popular y el papel protagónico de las clases oprimidas en la lucha por la Soberanía y el desarrollo Nacional independiente bajo una perspectiva Socialista de sociedad; por el otro, el Bloque de las viejas clases explotadoras (la burguesía, la Oligarquía histórica y sus lacayos), alineadas al Imperialismo yanqui en la preservación de un régimen que les garantizó el control de las riquezas del país y la subordinación del trabajo del pueblo venezolano a sus intereses.

Bajo los influjos de esta abarcadora lucha de clases, la izquierda local (desde la más radical hasta la más moderada y reformista), lastrada por una profunda heterogeneidad en sus conceptos, en sus perspectivas y también en su actitud frente al proceso político en marcha; atomizada y, por lo general, sin respaldo social significativo, ha experimentado toda una serie de decantaciones y definiciones, jalonadas por las tensiones y desenlaces de esta lucha entre Revolución y contrarrevolución, lucha cuyo escalamiento no ha hecho otra cosa que agudizar la polarización de las fuerzas de clases en pugna, dentro los límites de una sociedad capitalista en descomposición que no ha sido derrocada totalmente aun. Tales deslindes, por lo general, han llevado a muchos a recorrer una ruta que los ha terminado colocando en las filas de la contrarrevolución.

Un ejemplo temprano de esto lo hayamos en la dinámica que desembocó en el Golpe de Estado Burgués imperialista de Abril de 2002 y la consiguiente insurrección popular revolucionaria que lo desbarato 47 horas después. Los que "desde la izquierda", en el curso de aquel periodo (1999 – 2002), presentaron a Chávez como un militar "neoliberal", un "agente del capital transnacional", "la peor estafa que se hacía al pueblo venezolano en toda su historia política", etc., etc., al mismo tiempo que desde la derecha política se le etiquetaba de "amenaza Castro comunista", "enemigo de la democracia", dictador populista, portavoz "de un proyecto fracasado", etc.; quedarían encuadrados en una misma operación sediciosa, cuyo disparador sería las leyes habilitantes promulgadas por el Comandante Chávez en el 2001. Este hecho cerró toda posibilidad a los contemporizadores de todo pelaje y planteó, sin ambages, el carácter irreversible de la confrontación contra la burguesía y la Oligarquía histórica; entonces, sobrevino la fractura en la Asamblea Nacional: diputados de las filas Bolivarianas (provenientes de distintas vertientes de la izquierda del periodo Puntofijista: Liga Socialista, MEP, PRV, etc), darían el salto a la derecha, antes de que el golpe se consumara.

La imagen de dos "dirigentes de la izquierda venezolana" (uno de Bandera Roja, el otro de la Causa R), saliendo a las carreras de Miraflores la tarde del 13 de abril de 2002, cuando sobre el Palacio de Gobierno se agolpaban las masas populares exigiendo el retorno de Chávez, son una prueba de la naturaleza de las definiciones y deslindes experimentados. Aquellos dirigentes no tuvieron necesidad, entonces, de utilizar la condición de "chavistas" para enmascarar su papel en la trama sangrienta: les bastaba la condición de dirigentes de "la izquierda venezolana" para avalar la consumación, a su decir, no de un golpe burgués de corte fascista, sino de "la recuperación de la democracia".

Las definiciones y deslindes no concluirían ahí, por supuesto. En el curso posterior adquirirían nueva entidad, especialmente a partir del año 2003, cuando el problema de la democracia revolucionaria se instaló con fuerza en el corazón económico del país y el problema del papel de las clases en la dirección de la Revolución abrió las puertas de nuevas etapas de mayores confrontaciones y transformaciones: El anuncio del comienzo de la transición al Socialismo y las medidas aplicadas (nacionalizaciones) por el gobierno en ese sentido (2007), la creación del Psuv y la lucha por la Reforma Constitucional (2007), el golpe de Timón (2012) y el fallecimiento del gran Timonel, Hugo Chávez (2013), han sido, entre otros, puntos de inflexión que han tensionado a las fuerzas revolucionarias y a la propia Revolución Bolivariana en su lucha contra la reacción oligárquica.

Luego de casi dos décadas de permanente batallar, de aciertos y errores, de marchas y contramarchas, pero también de conquistas y transformaciones trascendentales en muchos campos, el proceso Bolivariano atraviesa su más difícil trance: en un marco de relaciones de fuerzas adverso, resiste la arremetida sistemática, concentrada y feroz con la que el imperio (en redoblado auxilio de la derecha local y su burguesía lacaya) busca consumar la sentencia de muerte que ha expedido contra el Gobierno revolucionario de Nicolás Maduro, empujando la confrontación política (con el uso del terrorismo) a una guerra fratricida que le facilite la invasión del país. Y en esas circunstancias, nuevamente, las fuerzas de la Revolución se tensan provocando el salto a la luz de los lastres que parasitaban en los pliegues del movimiento de masas y ahora, bajo un rebuscado lenguaje de izquierda y apelando indecorosamente a Chávez, sin pudor ni vergüenza, invitan al pueblo a retroceder y claudicar frente a las amenazas y chantajes de la gran burguesía imperialista.

Se trata de gente a la que el pueblo Bolivariano les dice, mirándoles mientras continúa su marcha de gigante, lo que Chávez acostumbraba decir al momento de partir rumbos definitorios: "dejad que los muertos entierren a sus muertos".

A la luz de la experiencia, es posible afirmar una conclusión: la izquierda solo afirma su condición de tal en la lucha revolucionaria, no al margen de ella, desde y en función de los intereses de las clases oprimidas que protagonizan la revolución Bolivariana, luchando en medio de sus agudas contradicciones por la continuidad de la misma y por el carácter revolucionario de su gobierno, sin dejar de dirigir su ataque contra las clases explotadoras y contra el gran baluarte de la contrarrevolución mundial: el Imperialismo yanqui, que les sirve de sostén; y sin apartar por un segundo la vista de la voluntad organizada de los explotados en su marcha hacia la perspectiva Socialista de la Revolución Social.

"Chavismo critico" y "Despolarizado": fórmulas de una "izquierda" en ruinas para sepultar la Revolución.

Si de algo se puede estar seguro respecto a los exponentes de estas "novedosas" formulaciones, es que son la fiel representación de las ruinas de una "izquierda" que ya no lo es, y que dejó de serlo hace mucho tiempo. Ruinas que vienen a añadirse a otras que han quedado a lo largo del camino, después del paso incontenible de las fuerzas telúricas de la Revolución Bolivariana.

Ahora, a los ex militares del 4 F que declararon la guerra a Chávez durante el primer periodo (1999-2002) se suman otros ex militares del 4-F que declaran la guerra a Nicolás Maduro ¡en nombre de Chávez!; a los "viejos militantes de la ultra izquierda (Ruptura, Tercer Camino, Bandera Roja, etc…)" que hicieron la guerra a Chávez antes del golpe de abril de 2002, se suman ahora otros "viejos militantes de la ultra izquierda" (como el esposo de la Fiscal General, Germán Ferrer) para exigir "la salida de Maduro"; a las "organizaciones trotskistas provenientes de universidades y sindicatos", como CCURA y PSL, han venido a juntársele Marea Socialista y un sequito de "intelectuales ligados a las universidades autónomas", dirigentes de organizaciones del Gran Polo Patriótico", ex ministros y ex funcionarios, en plan de taparrabos de la contrarrevolución.

Una prueba palmaria de las formas en las que estas expresiones se combinan armoniosamente entre sí y con lo más granado del pensamiento ultrareaccionario y proimperialista que anida en la academia, las artes y la intelectualidad pequeño burguesa venezolana (donde no faltan curas, ni actrices, ni filósofos, ni ex guerrilleros ni farsantes), es la carta de apoyo que estos venezolanos "de diversas concepciones políticas e ideológicas enviaron a la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, por su actuación en los últimos días y su rechazo a la Asamblea Nacional Constituyente, convocada el pasado 1 de mayo por el presidente Nicolás Maduro".(1)

Combinaciones armoniosas que se ponen de relieve también en las acciones y documentos en los que, a la luz de toda la inteligencia y cinismo del que se pueda ser capaz, se quiebran flechas contra la "injerencia extranjera" luego haberla alimentado, y frente al hecho inevitable de la elección a la Asamblea Nacional Constituyente el próximo 30 de Julio, ahora se llama a boicotearla. (2)

Tales son los escombros que han pretendido presentarse ante el país como los sólidos pilares de una construcción imponente. No se trata de calumnias. Se trata de conductas, de cuyo significado y papel los hechos no dejan ninguna duda.

En una editorial del diario bogotano El Tiempo de fecha 28 de mayo de 2017, bajo el nada sugerente título: "EE UU estrecha el cerco alrededor de Nicolás Maduro", en el que se "analizaba" la "decisión atípica" de Washington de incluir a ocho magistrados del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela (TSJ), en la llamada "lista Clinton o el Kingpin Act, reservado para narcotraficantes, organizaciones terroristas y lavadores de capitales oscuros (…) a los que Washington considera peligrosos para la estabilidad mundial", se afirman, entre otras cosas, algunas como las siguientes:

"El trasfondo de la decisión del Tío Sam (…) ha sido interpretado como (…) una apuesta por fraccionar su mando" (el del Gobierno de Nicolás Maduro). Más adelante, citando a un supuesto politólogo venezolano experto en seguridad internacional y política exterior, señala: "desde Estados Unidos se está tratando de estimular una transición por medio de sanciones selectivas que permitan defecciones (deserciones) dentro del régimen". Y seguidamente añade: "Incluso, pronostica que esa división de la cúpula civil-militar que dirige a Venezuela le daría paso a moderados, dispuestos a colaborar, desde el chavismo, al cambio de gobierno". Para completar la que llama la estrategia de Washington, el diario de marras, apelando a otro experto, apunta: "esta serie de sanciones (…), también buscan "influir en la percepción de la opinión pública nacional e internacional para reforzar la imagen criminal de las élites chavistas (…) y agudizar la deslegitimación internacional de todos los poderes puede ser una manera de preparar a la opinión pública para impulsar medidas más drásticas y no solo simbólicas".

No por acaso el infame Almagro, en su reciente comparecencia ante Senado yanqui para tratar el caso Venezuela, hizo elogios obsecuentes a las sanciones adoptadas por Washington contra funcionarios del gobierno venezolano. Ha sido él el mejor aliado de la Fiscal General.

En una entrevista publicada por el diario neofascista El Nacional, el pasado 29 de mayo de 2017, el director de la encuestadora Datanalisis, Luis Vicente León, respecto al problema de la solución de la crisis política venezolana, que él juzga como expresión de un proceso de transición (a la derecha), trazaba planteamientos del siguiente tenor:

"Los procesos de transición no son normalmente obvios (…) El elemento central de esto pasa sin duda por una negociación. Y antes de eso pasa en este momento por una implosión dentro del chavismo. Luego, en la segunda etapa viene la negociación." Unas líneas más adelante, remata la "idea": "La oposición tiene en la implosión un factor de éxito potencial. (….) Cuando la oposición reta al gobierno y se mantiene en posición firme está poniendo a prueba la unidad interna del chavismo (…) La fiscal es el riesgo más grande del gobierno, el disparador de la implosión más importante y la mejor oportunidad de la oposición."

Delinean palmariamente las citas anteriores (una entre miles) la línea estratégica, los objetivos y la táctica desplegada por la derecha fascista en Venezuela contra el Gobierno revolucionario a lo largo de los últimos meses, bajo la conducción de los estrategas del Departamento de Estado y del Comando Sur.

¿Cuál ha sido la actitud del "chavismo critico" y el papel de la supuesta "despolarización" a lo largo de ese lapso?

Desde esta cantera del "pensamiento crítico de izquierda", desde el primer día se han alineado a la Fiscal general en todas y cada una de sus actuaciones golpistas y criminales, acompañándola en su cómplice silencio respecto de las acciones terroristas perpetrados desde un helicóptero del CICPC contra el TSJ y el Ministerio de interior y Justicia. Se han opuesto a la Asamblea Nacional Constituyente - al unísono con los aullidos de la jauría derechista clerical y no clerical - con el mismo encono con el que alentaron el fallido Referéndum Revocatorio impulsado fraudulentamente por la derecha fascista el año 2016.

Han coincidido con la derecha en que "hay que impedir la ANC", declarando, por ejemplo que: "esta situación (…) de definición de para dónde va el país a muy corto plazo, requiere que todos los esfuerzos de convergencia, aun entre quienes estamos enfrentados políticamente" (3). ¿A quienes se refieren cuando dicen "aun entre quienes estamos enfrentados políticamente"? Si las fuerzas que sostienen al gobierno revolucionario (con las que están enfrentados) no han entrado en ese espectro, obviamente se refieren a todos los que están enfrentados al Gobierno de Nicolás Maduro. Por esa razón, no hay ninguna casualidad cuando coinciden con el huésped de la Casa Blanca al catalogar a la Asamblea Nacional Constituyente como una "imposición".

Y aunque luego de las amenazas de Trump de "tomar medidas económicas fuertes y rápidas" contra Venezuela ("si el régimen de Maduro impone su Asamblea Constituyente el 30 de julio"), los exponentes de esta seudoizquierda hayan salido a "rechazar" la intervención insolente, lo cierto es que antes ya habían manifestado públicamente: "apoyamos el plebiscito de la Mud (…) como Chavismo Democrático, no tenemos ninguna dificultad táctica para coincidir con sectores opositores en que es necesario salvar nuestra Constitución... tenemos que tener una carta de coincidencia, donde nos encontremos como pueblo"(4).

Bajo las formas más vulgarmente parasitarias, diagnostican resquebrajamientos en el gobierno para alentarlos, con la estúpida pretensión de "capitalizar" el descontento y hacerse de un lugarcito en un futuro más estable; dicen: "Entonces cómo construir un clima de opinión de acción que contribuya a deslegitimar de tal manera que las fracturas que sabemos que existen del gobierno, no en el Alto gobierno por supuesto, pero si en otros niveles, y las fracturas que sabemos que existen al interior de las fuerzas armadas, se hagan más visibles y que por la vía desgajamientos, el gobierno llegue a la conclusión de que no puede seguir adelante. Y ese es un escenario que yo no descarto. La tarea es darle esa sensación de urgencia para contribuir a crear el clima de opinión y de fisuras al interior de este aparato que avancen en la deslegitimación (…) (5).

¿Coincidirá esto con lo que el vocero de la Oligarquía Bogotana denomina como la apuesta de Washington por fraccionar el mando de Maduro?

Esta metamorfosis ya la han venido tratando las usinas ideológicas de la burguesía, planteándola del siguiente modo:

"El discurso opositor prevaleciente en relación con los chavistas consiste en abrirles las puertas, darles la bienvenida y asegurarles que tienen un espacio en la democracia por venir. Son expresiones animadas de buenas intenciones y amplitud; pero, incurren en errores fundamentales (…) lo que está ocurriendo es una confluencia de "ellos" y "nosotros", donde "ellos" no se transforman en "nosotros" sino que se crea un nuevo cuerpo social en el que todos cambiamos. No es la situación de superioridad en la que recibimos con palmaditas condescendientes en la espalda a los extraviados, sino que es la construcción de una nueva fuerza social que supera –aunque no disuelve completamente– la dicotomía entre chavistas y antichavistas y se transforma en una nueva: "los de abajo". (Chavismo y oposición, Carlos Blanco. El Nacional, 24/05/17)

A manera de conclusión.

El "chavismo critico" es mucho más generoso en materia de referencias y planteamientos, donde se dibuja a sí mismo a la perfección, que las pocas citas que se han realizado aquí. Pocas bastan, en verdad, para saber de dónde vienen y hacia donde van. La conclusión es una sola:

No existe la más remota posibilidad de que desde los escombros de ese "Chavismo critico" y "despolarizado" surja nada nuevo, ni desde el punto vista de una "oposición" derechista al Gobierno, ni mucho menos desde el punto de vista de una "oposición de izquierda". En el primer caso, porque ese "Chavismo crítico" no ha sido otra cosa que un vulgar taparrabos de la contrarrevolución burguesa en su lucha contra la Revolución Bolivariana, vale decir, contra las masas del pueblo venezolano. En el segundo caso, porque no existe nada en esos "despolarizados", ni individual ni grupalmente, que exprese un proceso superador en el campo de las ideas y la organización de las clases oprimidas para quebrar la resistencia de las viejas clases dominantes que hoy, bajo el sino de su subordinación histórica al gran capital imperialista, hacen la guerra contra el pueblo y su gobierno.

La idea de la "despolarización", entendida como una supuesta opción ante la "falsa polarización impuesta por las "cupulas" del Psuv y de la Mud", no ha sido otra cosa que el ridículo intento de presentar como "alternativa", ante la masas del pueblo, el abandono de la Revolución Bolivariana y su propuesta de realización de los más trascendentales intereses y necesidades de las clases oprimidas; una "alternativa", además, conducida por gente que, en su afán de "despolarización", teme identificarse y asumir radicalmente un lugar en la lucha concreta que, desde distintos sectores de la sociedad, las fuerzas sociales revolucionarias libran contra los representantes de las viejas clases de la sociedad Burguesa. Es por eso que no afirman ni alcanzan a afirmar conceptos que propendan a fortalecer la cohesión de las masas del pueblo en función de enfrentar las fuerzas alentadas y dirigidas por el poderoso y peligroso enemigo común (ahora sin el Comandante Chávez al frente), sino todo lo contrario.

Si para algo ha servido la noción de "despolarización" del "chavismo critico" es para poner de relieve el carácter reaccionario de la idea de levantar una organización "alternativa de izquierda", a partir de la independencia de las capas medias de la sociedad (intelectuales, académicos, pequeños propietarios) respecto de las clases fundamentales de la sociedad capitalista en crisis: la burguesía por un lado y la clase trabajadora por el otro, cuyos intereses pesan notablemente en la polarización de las fuerzas históricas que están en pugna en nuestro país. Si algo ha quedado ratificado a lo largo de estos días cruciales, es que las capas medias, o también llamada clase media, han bifurcado su respaldo entre la Revolución y la Contrarrevolución. No por acaso el grueso de la clase media alta venezolana, hoy por hoy, constituye la base de apoyo por excelencia de la salida fascista que la gran Burguesía ha alentado y respaldado (con gran saldo de crímenes atroces).

Lo cierto es que la ignominia ha cubierto, de pies y cabeza, a los baluartes de este "chavismo critico", pero no ha sido por ejercer la crítica revolucionaria contra las múltiples fallas, errores y desviaciones existentes, sino por el carácter falaz e inconsecuente de una "crítica" que no se hace a partir del apoyo crítico al Gobierno Bolivariano, sino en función de las líneas operativas trazadas por los estrategas del gran capital imperialista contra la Revolución, cuya ejecución en el país corre a cargo de sus agentes en la MUD. No por acaso, desde la derecha se les da la bienvenida y se les azuza con un lugar en un futuro "gobierno de unidad nacional".

Eso es lo que hace ese instigador del crimen en masas, ex rector universitario y sumo inquisidor de Iglesia católica, Luis Ugalde, cuando en un artículo de su autoría, titulado "El Gobierno de Transición" (El Nacional, 22 de junio de 2017) dice: "Es necesario un gobierno de transición con metas claras y tareas concretas, con amplio apoyo nacional por encima de parcelas partidistas. Un gobierno que incluya a opositores y chavistas, unidos en un esfuerzo de salvación nacional".

Es lo que también hace, en función de alentar el resquebrajamiento de las fuerzas del Chavismo revolucionario, un reputado escriba al servicio de la más rancia Oligarquía, cuando afirma:

"Todos cometemos errores y corregirlos es de sabios (…)

"Entiendo, por tanto, la importancia de la aparición del llamado "chavismo crítico", en particular debido a la desafiante coyuntura que vive nuestra sociedad (….)

"Son por tanto bienvenidas las alianzas con todas las personas dispuestas a hacer su aporte en estos tiempos cruciales, a objeto de impedir que la tiranía se consolide aún más en Venezuela, procurando a la vez ponerle fin (…).

"Bienvenidos sean su examen de conciencia y su rectificación, y congratulaciones por su valentía al enfrentar el odio irreversible de quienes hasta ayer fueron sus compañeros de ruta. Pero eso sí: recuerden que por años ustedes también violaron la Constitución que ahora intentan defender y abusaron arbitrariamente del poder que tuvieron en sus manos. Y lo hicieron por decisión propia y porque la naturaleza del régimen del que han formado parte es tiránica. La única escapatoria ante ese destino de opresión es romper con el régimen, sus fundamentos ideológicos y sus pulsiones dictatoriales, si es que se quiere vivir en un país de hombres y mujeres libres". (Las cosas llegan donde tienen que llegar, Aníbal Romero, El Nacional 12/07/2017).

Se auto engañan al creer que echando manos de las ruinas provocaran la caída de la Revolución Bolivariana.

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

Profesores, políticos y sociólogos envían carta en apoyo a la Fiscal Luisa Ortega Díaz

Panorama Digital -05/06/17 - www.aporrea.org/ddhh/n309548.html

Chavismo Crítico rechaza la injerencia, la Constituyente de Maduro y el para-gobierno MUD

21/07/17 - www.aporrea.org/actualidad/n311830.html

"La Constituyente nos lleva a un punto sin retorno" 28/05/17 - www.aporrea.org/ddhh/n309163.html)

(17/07/17 - www.aporrea.org/actualidad/n311583.html).

"Si no evitamos la Constituyente ilegítima nos encontraremos con un orden completamente autoritario" 01/06/17 - www.aporrea.org/ddhh/n309331.html

 

fmarin2005@yahoo.com

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