A 70 años del nacimiento de Ali Primera
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A: Lolita, Susana, Ángela, Valeria, Sebastián, Rodrigo y Diego.

Los nietos del cantor.

A todos los niños y niñas de mi patria, arrullados por una mansa y tierna canción.

Las manos callosas de algún viejo sembrador de tapiramas, la frente arrugada del hombre de canoa y atarraya, la risa fiestera de buenos cantadores de décima, salve y galerón, la risa y el llanto de los viejos que lo dieron todo “aquellos que sin petróleo por nuestra tierra bregaron”, siempre me hacen acordarme de ti camarada cantor, necesario cantor.

Es un ejercicio torpe e innecesario intentar imaginarte, evocarte e inventarte, con tus años viejos, andado por estos caminos de siglo nuevo y añejas luchas, peleando todavía contra el mismo enemigo, contra esa bota norteña “mal parida y mal nacida en septentrión”, o contra las bajas pasiones, que alejan el camino de ternura y sinceridad a los seres humanos. Y claro que resulta un torpe ejercicio, más aún, cuando tenemos tu mirada clavada en la esperanza, tu melena recia y tu sonrisa de muchacho de pueblo, andando con los sueños intactos, navegando en el recuerdo, como “un velero terco en el mar inmenso”. 

Pero resulta que en estos días, en muchos rincones de la patria, en vital bullicio y en tierna soledad, anda tu pueblo alborotado celebrando tus setenta años, desde que una madrugada, un 31 de octubre, justo a las doce en punto de la noche decía Carmen Adela, llegaste con tu canto y con tus versos, para dejarlos para siempre en los pechos de la madre tierna, mujer y patria.

Te escribo en presente hermano, siempre lo hago, porque aquí andas cada día, porque pocas veces un hombre logra trascender más allá de la emoción y la admiración, tú eres una recia y rara energía que recorre a los hombres, mujeres y niños de esta patria, cada cual con una forma particular de tenerte para si, de llamarte en diario abrazo y en vital encuentro. “No canto para alagarte, sino llamarte en esta canción”.

Bien lo decías: “Soy feliz al saberme de todos y también mi propio dueño”…“no me interesa los que aplauden simplemente, sino los que siguen el camino planteado por la canción”.

Y eso sin duda debe ser el mejor regalo que podemos darte, intentar de verdad acercarnos un poquito a la coherencia militante que tu supiste mostrarnos, con mano abierta, pulso y canción, ahora más que nunca, cuando un intento de patria socialista avanza en tu tierra bolivariana, con grandes contradicciones, pero avanza, por eso ahora no podemos fallarte panita y no por ti, lo sabemos, es por tu lucha, la de muchos, por la de tantos que han caído, que han partido esperando ver la redención bonita de este pueblo. En el día de tu cumpleaños, Alí, te seguimos debiendo una Patria Buena. No las seguimos debiendo los soñadores.

El tiempo de hoy es distinto, lo sabemos, tú diste toda una vida, tu corta vida en mostrarnos un camino, para decirnos que sí era posible sentirse revolucionario, vivir como revolucionario y hacer cada día la revolución, sencilla y honradamente, eso en tí no era una palabra muerta, ni hueca, todos lo sabemos. La revolución era la tortuga de tus sueños, esa que va lenta, pero llega, esa palabra no estaba sólo en tu canto, sino también en tu conducta. Diremos entonces, parafraseando a Fidel, seamos como Alí. Es decir: coherentes, sensibles, tenaces, verdaderos.

         Alí, apenas 43 años tenías cuando partiste físicamente, tu inicio como cantor de militancia fue entre 1967 y 1968, cuando detenido en los calabozos de Las Brisas te decidiste abrazar la humanidad entera, de ahí a 1985, el año de tu siembra, tan sólo pasaron 18 años, toda tu producción musical y poética, toda tu propuesta antiimperialista, ecológica, bolivariana, en defensa de la cultura popular y de la esperanza, la hiciste en 18 años, un tiempo de verdad muy corto, dijiste cosas que sólo un hombre de sesenta o de setenta años hubiese tenido la madurez por lo vivido para decirlo, tú eras un ser humano y nada más, producto de una época, de un tiempo histórico, con defectos y virtudes pero con una capacidad extraordinaria para entender el tiempo y la vida “las plantas de los pies del que anduvo descalzo de tanto andar el mundo se convirtieron en canción”. Y tu tiempo, tu corto tiempo lo asumiste con valentía y dignidad. Cuanta falta nos haces hermano, en este tan absurdo, tan torpemente aniquilador de la sensibilidad bonita del hombre, a la que tú tanto le cantaste, para que siguiera siendo humana la humanidad.

Desde 1985 con mayor presencia, hemos buscado acercarnos a tu legado desde muchas perspectivas, sin otra intención que aportar con humildad a la continuidad de tu  labor, que sin duda era la de un amplio colectivo que en toda la patria asumió la vanguardia de cantar por los derechos del hombre tierra, del hombre sangre y corazón. Por eso digo siempre, que este tiempo de victoria que hoy vivimos, es hijo del combate duro que diera la canción y los trabajadores militantes de la cultura popular.

Esta vez no me extenderé mucho en las necesarias reflexiones de tu trabajo político y poético, aunque tengo que decir, que andan por ahí sembrando setenta mil árboles en tu tierra paraguanera y entre todos tus aportes, el de la ecología fue si duda germen vital de tu canto, “hombre y paisaje” llamaste a la Falconía “el hombre no puede asistir a la vida en ausencia de su paisaje”, repetías con entusiasmo, todo tu canto es una respuesta a esa nefasta cultura del petróleo que tanto daño nos ha hecho, cultura opresora, de desprecio al campesino, al aborigen, a lo sencillo, tus canciones, son la crónica viva de la contemporaneidad venezolana, expresan esa perpetua lucha por la defensa del hombre y de su entorno natural,  si queremos saber que pasó en Venezuela entre los años 1958 y 1985, tus canciones son un libro abierto en permanente combate por la memoria. Abrámoslo siempre y sabremos porque “aunque el río sea muy manso, poquito a poco se enfrenta al mar”. Tu fuiste sin duda un educador popular que discutía a diario contra la educación formal, opresora, negadora de otras realidades, esa que tú nos enseñate en tu canción.

 Soy terco de verdad, perdóname por eso, es quizá un defecto o una virtud de los paraguaneros, pero déjame imaginarte hoy con tus años cabalgados en potro cerrero, desbocado, nunca frágil y vencido por un sistema que nos devora, llegando alegre a tu Paraguaná un día como hoy y bajar ahora a tus siete nietos, descargando con ellos tus sacos de regalos para los carajitos del barrio y de San José, porque aún no se han roto todas las cadenas y entonces verte partir con ellos a la playa ancha, sabrosa, y allá, cual marinero, volver a besar a la sirena que se te metió en los ojos, “y el marinero al ver la sirena prendado de ella, por siempre quedó”. Para venir ya en la tarde, en la noche, a la partida del dominó y que tu risa se adueñe del lugar, donde Carmen Adela vive contenta entre sus flores.

Ya en la madrugada con otros soñadores, quienes también viven, hablar de tus planes para encauzar la lucha, la lucha que debemos seguir haciendo, porque tu alborada camarada sigue muy lejos todavía, seguro estoy que tu apoyo crítico, tu noble regaño, sería la campanada que nos hace falta, la luz clarita para guiar el barco que hoy enfrenta fuertes tempestades, seguro estoy, perdóname otra vez por el atrevimiento, que tú, con setenta años seguirías diciéndonos “usted me perdona don y su alta sociedad, yo me voy con los muchachos carajo a hacer la revolución”. Y Recordarías al tocayo, al de Aquella Paraguaná, y revivirías la canción solidaria  por la tierra que ojalá, sea decretada ecológica, turistica, cultural y no la absurda barbarie comercial que cada día le roba su traje de abuela y de muchacha sencilla, cariñosa, porque “no me vengan a decir, que tiendas con nombre chic, son el progreso de un pueblo”. Que bueno fuera si lo entendiéramos todos y en toda la patria, todavia hay tiempo de enderezar el rumbo.

Pero tu nacimiento Alí, es una fecha permanente, como tu canto es permanente, tu fecha de nacimiento no es sólo hoy, ni el año que viene, tu lucha no puede ser guardada en un almanaque como anécdota certera, tu fecha de nacimiento está en cada día cuando nos decidamos a nacer al combate por la vida, con sincera entrega por los ideales que tú nos legaste, donde tu cielo despejado debería ser el primer canto que nos acompañe antes de ir al encuentro con lo demás seres humanos en la amorosa cotidianidad. Si no es así, no tendrá sentido el onomástico como excusa, ni la buena algarabía para abrazarnos “como hermosa periquera, en la mata de un mamón”...”Si no hay verdad en los cantores, entonces no habrá verdad, ni en el canto, ni en mi esperanza”.

Si tu canción no sirve para transformarnos en lo indiviual, en el pequeño espacio que ocupamos en la cotidianidad, sería muy difícil trascender al campo de lo colectivo, “si no sirve mi canción pa que se encienda tu alma, quema entonces mi guitarra, pero que crezca la llama”.

Por eso vamos a cantar hoy contigo, para que siga la lucha por los humildes del mundo, por los que esperan, por los que sufren, por el pueblo palestino, por Libia, Irak, Haití y por todos los pobres de la tierra, y por todos los pueblos que enfrentan el horror de la guerra, el odio, la miseria y el olvido.

 Hoy es tu cumpleaños y fíjate que a tu edad de abuelo querendón y rebelde, sigues siendo un hombre de todas las edades, como le gustan a los niños tus canciones, a los jóvenes, a los viejos, tu identificación con ellos no es generacional, es de pensamiento, alma y corazón.  “vamos a beberle los miaos al carajito que su nacimiento es fiesta popular, traigan malojillo, traigan guarapita, y un cuatro afinao que vamos a cantar…Pueden venir todos aunque no me atrevo a decir que todos bievenidos son”.

 Alí Primera, cantor de la vida, de la rabia y de la ternura que cargamos por los caminos,  muchacho valiente, terco, juguetón, soñador y malicioso, abuelo sabio, necesario y querendón, como aquellos queridos viejos, los que hacen falta:  “Así como flor de tierra, van corriendo los riachuelos a alimentar nuestras venas, sangre de nuestros abuelos. Aquellos los que negamos cuando a la patria negamos, aquellos los que sembraron la semilla que después nos ha estado alimentando, si olvidamos la raíz es quedarnos algún día, sin una flor en la mano”.

Brindaremos con el pueblo la continuidad del combate y de tu canto, nuestro canto cigarrón, con violín y clarinete, como en los bailes sabrosos de tu tierra. Y al despertar del nuevo día, nos vamos de una vez otra vez a seguir dando la pelea,  porque así lo dijiste: “Tal vez mis ojos abuelos vean la realidad de mi pueblo liberado”.

 

Castillete7@gmail.com

Autor de los libros:

Alí Primera A quemarropa.

El sonido de una huella

Alí Primera, la canción necesaria es crónica de la esperanza.

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