Lecciones de Clara Zetkin y Rosa Luxemburgo sobre la Igualdad de Género y la Igualdad de Clases

La Mujer Proletaria es la Explotada del Explotado

Enrumbados a una sociedad más justa donde no haya diferencias entre mujeres y hombres, luchamos por la Igualdad de Género. Se trata de una cosmovisión que nos impulsa a la abolición del patriarcado (hegemonía masculina) tanto como a garantizar la no existencia del matriarcado (dictadura femenina), y que en definitiva nos compromete en la construcción de un mundo de convivencia, democracia, solidaridad y paz con dignidad para todas y todos sus integrantes, con iguales condiciones, obligaciones y derechos. Es el caso que, en virtud de un prejuicio social ancestral, a la mujer, se le atribuye una falsa inferioridad biológica frente al varón y por ello arrastra un historial de explotación y discriminación fundadas en género. De allí que en los sistemas sociales posteriores al primitivismo, todos caracterizados por la explotación del “hombre por el hombre” –desde el esclavismo, pasando por el feudalismo, hasta llegar al capitalismo trasnacional actual-, la explotación contra la mujer obrera ha sido doble, pues además de ser explotada en el trabajo, también lo es en el hogar.

Sin embargo, a la luz del Socialismo Científico, es necesario elaborar un categórico contraste entre la situación precaria de la mujer proletaria y la elitesca posición de la mujer burguesa, ya que la desigualdad de género está contenida dentro otra de rango mayor: la desigualdad de clases. Así nos lo indicaría la insigne defensora de las mujeres Clara Zetkin (Congreso de Gotha. 1896): “El principio-guía debe ser el siguiente: ninguna agitación específicamente feminista, sino agitación socialista entre las mujeres. No debemos poner en primer plano los intereses más mezquinos del mundo de la mujer: nuestra tarea es la conquista de la mujer proletaria para la lucha de clases”.

Desde esta perspectiva, observamos que “la proletaria es la explotada del explotado”, pues la explotación que el patrono ejerce contra el obrero en la fábrica es severamente reproducida por el hombre trabajador hacia su mujer en el seno del hogar mediante la imposición del esclavizante trabajo doméstico, el cual se convierte en un apoyo indispensable para la supervivencia del grupo familiar aunque por él no se devengue salario alguno.

Por su parte, de altísimo privilegio es la situación de la mujer burguesa, quien no tiene responsabilidades económicas de relevancia, a diferencia de su marido burgués que “organiza, gerencia y aplica” el proceso de explotación y roba a los obreros a través de la plusvalía. De allí provienen excedentes que son posteriormente transformados en deslumbrantes fetiches de lujo y confort (palacios, autos, joyas, viajes, etc.) con los que el empresario mima a su bien ataviada mujer burguesa, la cual está enteramente exenta de la doble explotación ya comentada, y que como sabiamente lo dijera la gran revolucionaria feminista, Rosa Luxemburgo (“La Proletaria”. 1914): “su única función (de la dama burguesa) es la de participar en el consumo de los frutos de la explotación”.



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(*) Abogado Constitucionalista y Penalista. Profesor Universitario.


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Jesús Silva R. (*)

Doctor en Derecho Constitucional. Abogado penalista. Escritor marxista. Profesor de estudios políticos e internacionales en UCV. http://jesusmanuelsilva.blogspot.com

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