Buenos son los días, Presidente

No solamente porque los del septenio pasado fueron la luz de la salida del túnel, a pesar del carmonazo y el dañino paro criminal de las menguadas CTV y Fedecamaras (Dic. 2002 Ene.2003) contra la economía del país y, por consiguiente, de la comida de los desposeídos y del biberón de las criaturas. Si aquellos días no muy lejanos fueron la continuación del despertar, después del campanazo de febrero 89 y del repique del inolvidable por ahora del otro febrero pero del 92, los de hoy son casi como unas buenas nuevas cuando vemos de cerca la decadencia del imperio representado en su turno por el peor criminal de guerra que haya padecido la humanidad. Pues esto fue lo que nos dejó ver el genocida norteamericano, quien ya perdió la autoridad moral para hablar a nombre del pueblo de Abraham Lincoln y de Martin Luther King, como esa insultante y demagógica oferta de acabar con el hambre y las enfermedades que ese mismo imperio nos sembró.

Claro que el episodio fugaz de la pasada del señor Bush por estas tierras, aparentando cordura, no lo podemos dejar pasar como un hecho desapercibido. Es un loco temperamental, a quien se le embochinchan las manías satánicas. No obstante la decadencia demostrada, como la hiena herida sigue siendo de cuidado. Y vino a eso, cual hiena enferma, a amamantar sus cachorros abandonados mientras sigue matando inocentes más allá del territorio de los apalaches. El y lo que representa, necesitan cebar sus peones, que siempre estarán disponibles para asomar los dientes en defensa de los cuantiosos recursos que nos arrebataron. Aun cuando de los cinco que seleccionaron, dos son pueblo (Lula y Tabaré), a pesar de que lo recibieron con cortesía, con diplomacia también rechazaron sus pretensiones.

Ahora pasamos a lo mejor de estos buenos días, presidente Chávez. Con la señora María, la de Guatire, expresiva en sus emociones y alegrías en el Aló Presidente del martes 13, nos sumamos al reconocimiento de sus visitas a los países del mundo entero para dar a conocer las bondades de la nueva situación de equidad en nuestro país, tergiversada por la llamada “gran prensa” nacional e internacional. Especialmente cuando en nuestros países hermanos de esta parte de América y el Caribe, reciben a Venezuela en la persona de su presidente con tanto alborozo y cariño en actos públicos y multitudinarios. Pero, para sincerarnos aún más camarada presidente, nos conmovió hasta la raíz vernácula que caracteriza al hombre y a la mujer venezolanos, el recibimiento que le prodigó el pueblo de Haití. Ver aquellos y aquellas jóvenes dándole vivas a Venezuela, y clamando el regreso de su líder Jean Bertrand Aristid, con Chávez abriendo paso, dan ganas (añoranzas revolucionarias) de decir “vamonos pa´allá”. ¡Qué gente tan noble dentro de su pobreza !. Ese es el mismo pueblo de Pancho Villa allá en México, el de Gaitán en Colombia; el de Jacobo Arbenz en Guatemala; el de Bishop en Granada; el de Sandino en Nicaragua; el de Tupac Amaru en Perú, el de Lincoln en Norteamérica. Como de los pueblos del mundo, pues. El de Haití es un pueblo noble, el que siempre despierta con los demás pueblos, con valentía ante el traqueteo de la metralla de los canallas. Por algo grandioso nuestro presidente, conjuntamente con el pueblo haitiano y su presidente legítimo Dr. René Preval, rindieron honores al héroe de la primera liberación en esta parte del continente: el Libertador Alexandré Petión.

No importa, compatriota presidente, que los cizañeros de siempre; que los intrigantes propietarios de los medios de comunicación, tergiversen las mejores intenciones de su política de solidaridad con los pueblos hermanos. Ya antes de su arribo a la martirizada Haití, habían dicho que usted iba a ese país (arruinado, dijeron), a regalar el dinero de los venezolanos. Por no decir la tajada que antes se repartían entre ellos.

Cuando los perros ladran es porque nos ven pasar. Es porque vamos por buen camino, del que no nos desviarán ni los ladridos del imperio y sus cachorros. Ese es el mismo camino que hizo nuestro señor Jesucristo, el redentor de los pueblos. El que trilló nuestro Simón Bolívar y ahora remarcan con sus huellas los mismos pueblos que vino a redimir el hombre de Nazareth.

pedromendez_bna@yahoo.es


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Pedro Méndez


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