Colombia: retos y nuevo rumbo

Vivir sabroso, vivir con dignidad.

Colombia potencia mundial de la vida

El panorama colombiano cambió de modo profundo en los últimos cuatro años. El acontecer nacional estuvo signado por un gobierno ineficaz e inepto en todos los planos. La efervescencia social que afloró en 2019 y mostró su potencial en el paro nacional del 21 (abril-junio) fue el preludio de un cambio político en las urnas en la jornada decisiva del 19 de junio de 2022.

La victoria electoral del Pacto Histórico, coalición que tuvo como candidatos a Gustavo Petro (presidencia) y Francia Márquez (vicepresidencia) representa un viraje nunca visto en Colombia desde 1819, cuando se consumó la independencia nacional. Por primera vez en la historia el país tiene un gobierno de raíz popular y amplia representatividad.

El triunfo popular del 19J es resultado de años de luchas del pueblo colombiano, de miles de líderes sacrificados, de los paros estudiantiles, campesinos y populares, de la persistencia guerrillera en la paz y del movimiento social sacrificado por décadas bajo el fuego oficial de la represión, las ejecuciones extrajudiciales (falso positivos) y la crueldad de los paramilitares al servicio de clanes narco-oligárquicos, cobijados por el uribismo, expresión criolla del fascismo que gobernó desde comienzos de este siglo.

Aunque las cifras de votantes son apenas un índice del sentir de la sociedad -los 11 millones de votos a favor del Pacto Histórico avalan un respaldo mayoritario-, permiten una radiografía de un país dividido en dos proyectos de nación: el triunfador con arraigo e intereses en los marginados, y el derrotado electoral con ancla en el apetito depredador de una clase política parasitaria ligada a banqueros, terratenientes y narcotraficantes. 

El régimen oligárquico basado en la exclusión social, el neoliberalismo y la anti-soberanía proyecta grandes retos para el gobierno que se posesionará el próximo 7 de agosto.

Los discursos de Petro y Francia el 19 de junio marcan algunos derroteros. El ex guerrillero del M 19 recalcó que impulsará el capitalismo (“no porque nos guste”) porque Colombia mantiene una suerte de “feudalismo”, anclado en una élite que basa su poderío en la tenencia de la tierra, con vínculos con el narcotráfico y el control del estado como fuente de enriquecimiento a través de la corrupción desde las altas esferas. Francia se centró en la integración de las comunidades marginadas afro e indígenas (los nadies como los denomina) que exigen un Vivir sabroso, una vida con derechos humanos, libre de violencias y con impulsos de sus lazos comunitarios indisolubles.

El reto de combatir la pobreza

El componente social del nuevo gobierno no da espera: hay 22 millones de pobres de un total de 50 millones de colombianos. La entrega en brazos de Estados Unidos, vía el tratado de li-bre comercio, y al mercado mundial, deja un déficit de producción agrícola como indica que el país importe millones de toneladas de alimentos. La ONU, a través de la FAO, coloca a la nación sudamericana en el rango de peligro de una hambruna. No es gratuito que esa dependencia alimentaria no llegue a las mayorías sumidas en la miseria: revela que no acceden a los alimentos básicos porque no tienen con qué adquirir los productos importados. Por ejemplo, la papa, otrora orgullo nacional, casi se dejó de producir en su cuna andina estrangulando su producción para importarla y suplir la demanda interna con altos costos. Igual sucede con el maíz y el café. De ahí que elevar la producción en el campo, impulsar la soberanía alimenticia, con participación del campesinado, es un proyecto relevante del nuevo gobierno.

La deuda social es el extremo que muestra la ineficacia depredadora del periodo neoliberal inaugurado en los años 90. La privatización de la salud a través de la entrega a las EPS (vampiros privados que cobran al estado servicios de salud que no prestan a la población y operan con médicos y enfermeras sin puesto fijo) chupan el presupuesto para enriquecer a prominentes familias de la clase política, propietarias de esas empresas sacudidas por las corruptelas y las quiebras. Uno de los puntos álgidos lo marcó la pandemia, que evidenció cómo la atención privatizada fue incapaz de afrontar el Covid y sus secuelas en el tejido social, con la muerte de cientos de miles de personas por carencias de infraestructura y personal. El PH en su programa plantea devolver al Estado la responsabilidad de la salud como derecho humano y constitucional dando prioridad financiera directa a hospitales, personal e infraestructura. En la educación el saldo es similar: las entidades privadas se benefician de programas de financiamiento estatal mientras las universidades y colegios públicos se caen a pedazos por falta de presupuesto y porque la idea es sofocarlas quitándoles recursos.

El estallido social de los jóvenes tuvo entre sus banderas el derecho a la educación, la eliminación de los préstamos onerosos para estudios superiores, que los beneficiarios deben pagar con elevadas tasas de interés como si se tratara de un préstamo bancario, quizás con mayor usura. El derecho a la educación gratuita en todos los niveles es parte sustancial del programa del PH para atender las demandas de la juventud.

Francia es vocera de las comunidades afro e indígenas, arrinconadas en sus territorios asediados por grupos armados del narco y paramilitares, además de la presencia del ejército, factores que imposibilitan la vida normal, expropian a la fuerza tierras productivas y generan marginación o desplazamiento masivo. En Colombia hay más de ocho millones de desplazados, casi todos campesinos que huyeron por la violencia de esos entes armados al servicio de terratenientes y narcomafias. La líder afro impulsa en el interior del PH posturas más decididas hacia los intereses populares, de los cuales emanó su liderazgo.  

Política internacional independiente y latinoamericanista

Las relaciones internacionales de Colombia, sometidas a los intereses hegemónicos y geopolíticos de la Casa Blanca en la región, son un eje muy importante: Petro planteó en su alocución que fomentará la unidad latinoamericana y restablecerá las relaciones con Venezuela, interrumpidas por la torpeza servil de Du-que y su fracasado “grupo de Lima”.

Las relaciones con Estados Unidas van más allá del planteamiento de revisar el problema del cambio climático y están liga-das a factores decisivos para el futuro inmediato: la presencia mi-litar estadunidense con siete bases militares en suelo colombiano, tema ligado a la política antidrogas, fracasada desde hace años porque se empeñó en ser una lanza contra-insurgente, de dependencia económica y sometimiento de la soberanía nacional. Petro plantea reformular esa política antinarcóticos, lo cual tiene que ver con las líneas de acción del Pentágono en el país, sus planes de dominio y agresión contra Venezuela. Además, al marco militar se suma el conflicto interno, la presencia de fuerzas insurgentes, grupos paramilitares y de narcos, más el incumplimiento sustancial de los acuerdos de paz firmados en La Habana por el gobierno y la desmovilizada guerrilla de las FARC.

Colombia es el mayor productor y exportador mundial de cocaína. Sobre esa base se sustenta su empuje macro-económico porque no en vano el gobierno saliente se convirtió en sostén del narcotráfico como aliado y personero desde el poder. Estados Unidos tratará de mantener su visión al nuevo gobierno colombiano, que asumirá mantenerse en el equilibrio de un latinoamericanismo consecuente frente a los planes imperiales desplegados por los gobiernos colombianos precedentes, alineados por completo al Pentágono, inclusive con su absurda adhesión a la OTAN.

La paz

El fraude del gobierno colombiano al acuerdo de paz firmado en 2016 compromete al gobierno de Petro con la aplicación de los principales puntos: la dotación o devolución de tierras a los campesinos, la incorporación efectiva de los ex-combatientes a la vida productiva , entre otros aspectos. 

El anuncio de que se avanzará en el compromiso de estado con ese acuerdo abre las puertas también a los diálogos con la insurgencia del ELN, que ha manifestado su deseo de continuar los diálogos iniciados en 2017, interrumpidos de modo unilateral y retrechero por Duque.

El diálogo con otros actores armados (políticos o narcocriminales) para desmovilizarlos, también es una tarea planteada por Petro como mecanismo de reconstruir un país en paz. Avanzar en el desmonte de los neo-paramilitares es condición impostergable para la pacificación nacional. En la agenda está la transformación de las fuerzas armadas y la policía con un giro a la doctrina del enemigo interno, el desmonte del tenebroso ESMAD policiaco represivo, y desmontar la línea de mandos con pensamiento fas-cista, proimperial y violador de derechos humanos por su perfil contrainsurgente.

El punto energético

Con la lucha preventiva frente al cambio climático Petro se coloca a la cabeza de un problema urgente, no sólo para el país sino para la humanidad, en serio peligro de desaparecer. La pro-puesta es propulsar el uso de energías limpias, con el respeto a la naturaleza y la generación de electricidad eólica y solar a lo largo y ancho de Colombia. La descarbonización y la reducción del uso del petróleo es una tarea inaplazable. Los corifeos del establecimiento atacan la necesidad de sustituir el uso de la energía propuesto por Petro. La idea del programa del PH sobre este tema es avanzar en una transición energética que sustituya poco a poco la energía actual por fuentes no contaminantes. Al tiempo que se crean nuevos generadores se elimina la concesión de contratos de explotación petrolera, y se evaluará la producción actual por sus implicaciones económicas.

La economía

Uno de los mayores temores de la oligarquía es mantener sus propiedades y sus tierras, adquiridas bajo el manto de las corruptelas, la violencia paraco-militar y las maniobras leguleyas que le-galizaron haciendas y fincas, robadas a campesinos desplazados o masacrados; así como los terrenos baldíos propiedad de la nación. El compromiso de no expropiación fue un lance político de Petro para tranquilizar los temores de esos sectores, pero tiene aristas muy espinosas: también se debe regresar tierras a los campesinos despojados, recuperar millones de hectáreas robadas al estado, y sobre todo hacer productivas las tierras fértiles para apuntalar la soberanía alimentaria y el abastecimiento.

Estabilizar la economía antes los embates que se vienen para el nuevo gobierno será una franja sensible y de bastantes implicaciones. El asedio desde los medios oligárquicos tomará fuerza para sabotear y minar la gobernabilidad. Así como el capital en-gorda y se acumula con la explotación de los trabajadores, del mismo modo el aumento de salarios y prestaciones para la clase obrera afecta las ganancias y el margen de plusvalía de los capitalistas. Esta refracción de la lucha de clases en el terreno económico es ineludible y tarde o temprano conduce a choques y luchas inter-clases, manifiestas en Colombia con el conflicto interno y las guerras civiles que perduran hasta el siglo XXI. 

Un Estado replanteado hacia las garantías sociales y la reversión de la pobreza en la mayoría de la población tiene que afectar a los grandes capitales, que resistirán con todo su poder a las medidas que se implementen. El sector financiero colombiano monopólico y sectores productivos con nexos fuertes con capitales provenientes del narco-lavado no han dudado en usar la violencia para proteger sus intereses, bien sea desde el mismo Estado a su servicio o a través de paramilitares y ejércitos privados. Aspectos como la reforma tributaria fueron la chispa que incendió la pradera tres años atrás. Una medida de esa envergadura tiene implicaciones profundas para el nuevo gobierno: debe estimular la permanencia de capitales productivos vinculados a la decaída industria nacional que debe ser impulsada, gravar capitales parasitarios, cobrar impuestos a propietarios de tierras improductivas, y sobre todo no defraudar las masas que creyeron en el proyecto e hicieron posible su triunfo. Construir una soberanía económica que impulse “al capitalismo colombiano”, es decir, que se desligue de sus lazos con los saqueadores trasnacionales, es una tarea de mucho tino táctico y mucho equilibrio con las miras a un proceso de largo plazo. Desmontar la línea extractivista vendida a empresas extranjeras será un acto soberano, protegerá la naturaleza y los habitantes del entorno inmediato que han resistido el asedio violento del estado al servicio de esos intereses. La deuda externa y las presiones del FMI son asuntos de lar-go alcance y mucho impacto si se quiere avanzar en programas urgentes de índole social, uno de los factores de apoyo al PH.

El marco político muestra desde estos primeros días un despliegue de pluralismo en el Congreso, de cuotas ministeriales a políticos tradicionales de la oligarquía (como conservadores, liberales y otros) que brindan “gobernabilidad”, pero mellan los alcances en pro de los intereses legítimos de los colombianos empobrecidos. El derrotero del nuevo gobierno marcará el respaldo de las masas o la vuelta a las calles y a la protesta, porque más allá del juego político está la urgencia de responder a las demandas de justicia social que ya no dan espera en Colombia. 

En síntesis, el gobierno de Petro y Francia Márquez, desde la perspectiva del PH, tiene que equilibrar su impulso igualitario (por medio de las esferas de decisión estatal) con el implacable asedio de las minorías oligárquicas. Tarea muy compleja. Por esa razón hay que meterle pueblo al proyecto del nuevo gobierno para contener a políticos y politiqueros que buscan debilitar el proyecto o medrar de él en espera de que pasen los cuatro años de mandato.

La soberanía nacional ante Estados Unidos, el impulso de una economía al servicio de las mayorías, las garantías de los derechos humanos a la salud, la educación, la vivienda (el vivir sa-broso) y la protección de la naturaleza con medidas que impulsen la transición energética y la prohibición definitiva al fracking y la  minería extractivista, son objetivos prioritarios que deben impulsarse con participación efectiva de estamentos populares y sus representantes leales políticos, orgánicos, parlamentarios y gubernamentales.

 

*Periodista y escritor colombiano

 

yekoxxi@hotmail.com



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