Binóculo Nº 474

“Como no me voy a reír de la OEA”

Jamás en su historia, desde su creación el 30 de abril de 1948, la Organización de los Estados Americanos (OEA) fue tan vapuleada como en este último encuentro, del que seguramente el Big Brother haya estado arrepentido de convocarlo. Comenzando por Alberto Fernández, el indescifrable presidente de Argentina, quien destacó que la OEA "debe ser reestructurada removiendo de inmediato a quienes la conducen", si quiere ser "respetada y volver a ser la plataforma política regional para la cual fue creada". Ya ahí se equivocó.

La OEA se creó al final de Segunda Guerra Mundial como uno de los organismos internacionales con capacidad para dirimir los conflictos regionales entre países, esta vez los 35 miembros del continente americano. Y sería una especie no solo de dialogador, sino puente entre los diferentes pueblos del continente para actividades comerciales, turísticas, educativas y una larga cadena de etcéteras. Pero en el devenir, se fueron torciendo las tareas, porque el mundo estaba comenzando a vivir la Guerra Fría y el Big Brother comenzó a imponer sus políticas a estas naciones tercermundistas o su patio trasero, a decir del Che. Toda la tecnología fue puesta en función de desarrollar instrumentos para el espionaje, que fue la forma más directa de enfrentamientos en los dos bloques nacientes. Es decir, salvo que mataran algún espía en algún callejón de Odessa o de Francia, los dos bloques militares: la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y el Pacto de Varsovia, solo hacían amagos mostrando sus nuevos aviones o sus nuevos submarinos –esta vez nucleares- o sus portaviones. Eso fue así por años, hasta la crisis de los misiles de 1962.

De tal manera que la OEA nunca tuvo a nadie que pudiera oponerse de sus designios y sus políticas que eran impuestas a todos los países del continente. Hasta que "llegó el comandante y mandó a parar"; es decir, triunfo la Revolución Cubana, que sorprendió por completo al imperio, y su máximo líder, Fidel Castro, se declara comunista. Este es el comienzo de una nueva etapa de la OEA, pues ahora abiertamente tiene injerencia directa en la política de las naciones. Cuba es expulsada de la OEA, medida que fue revertida años después, pero que Cuba nunca volvió a incorporarse. Surgieron los movimientos revolucionarios por todas partes, prendidos de la fiebre del triunfo de los barbudos en Cuba.

Es necesario recordar que antes hubo intentos, no socialistas, pero si nacionalistas como el caso de Arbenz en Guatemala, el peronismo en Argentina, el sandinismo en Nicaragua, duramente golpeados.

Desde entonces, la OEA se convirtió en el guachimán (wach man) de Estados Unidos en el continente y cualquier intento que anunciara revolución, era ahogada a sangre y fuego: Gaetán en Colombia, Caamaño en Santo Domingo, Velasco Alvarado en Perú, Joao Goulart en Brasil, Manuel Torrijos en Panamá, etc. La OEA ha sido la interventora de todo lo que se intenta hacer en la región. Más recientemente se le enfrentó Hugo Chávez, época en el organismo estaba muy desprestigiado, pero tenía con más fuerza sus celestinas regionales, el más reciente, Luis Almagro, diplomático del líder uruguayo Pepe Mujica, a quien traicionó, y con ello a todo el continente, quen es, hoy día el orquestador de todas las barbaridades que hace, o intenta hacer la OEA en la región.

Sin embargo, nuestro refrán reza: "tanto da el cántaro al agua, hasta que revienta". Precisamente reventó en la Cimbre de la semana pasada, cuando Estados Unidos decidió qué países irían y cuáles no. Lo que recibió una respuesta inmediata de mexicano López Obrador, quien dijo que no asistiría. Eso fue como el cornetazo madrugador de Chávez cuando llamaba a votar. Comenzaron los países a expresarse, que al final fue el resultado de un encuentro totalmente fracasado, sin resultado alguno, comenzado el por mandatario argentino, quien dijo que debía nacer de nuevo, cosa que en lo personal me parece patética.

Pero se escucharon expresiones muy importantes, como la del boliviano Luis Arce, quien no asistió, pero vía tuiter dijo: "La IX Cumbre de las Américas es testigo de la injerencia de algunos organismos en la soberanía de nuestros pueblos".

Muy sorprendido quedé con el indescifrable Gabriel Boric, presidente chileno, quien cuestionó la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua del encuentro por parte de su anfitrión EE.UU., decisión que llevó a algunos jefes de Estado como Arce, o el mexicano Andrés Manuel López Obrador, a no asistir al evento. A propósito, el canciller boliviano, Rogelio Mayta, rechazó "la calificación unilateral sobre qué país es o no democrático", al asegurar que "esa arbitrariedad es antidemocrática en sí misma".

Incluso hubo denuncias concretas, como la del salvadoreño Nayib Bukele, quien refirió que la OEA había estado de acuerdo en que las pandillas Maras Salvatruchas, se convirtieran en partidos políticos.

A final de cuentas, la OEA se convirtió en un organismo incapaz de superarse y adecuarse a una nueva realidad, donde el poder de las redes sociales comienza a imponer todos. Un poder incontrolable que terminará por acabar con todo, sin importar qué sea y sin importar de dónde venga.

Hacia dónde va la OEA, hacia ningún lado. Está atrapada en sus propias contradicciones, con directivos a individuos metidos en las cavernas de Platón, que a los latinoamericanos que necesitamos. Es un organismo sin futuro que ya debería declarar su muerte… súbita.

Como dijera Carlos Pueblo, el símbolo de la canción popular cubana: "como no me voy a reír de la OEA/ si es una cosa tan fea/ a fea que causa risa/ aaajajajajaaa".

Caminito de hormigas…

"No hermano, sigues sin entender. Mientras los militares sigan manejando el negocio de la gasolina, eso será un hamponato sin pie ni cabeza. Porque ellos no van a permitir que el negocio muera. Se lo hemos planteado al Presidente y no quiere entender. Ese negocio debe estar controlada y administrada por técnicos. Sino, la delincuencia seguirá haciendo lo que le da la gana", fue el comentario que me hiciera un dirigente chavista, que obviamente, pidió el anonimato.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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