Azimut revolucionario

Un pueblo que despertó

Cada 27 de febrero Venezuela devuelve en la memoria de cada uno de los venezolanos que el pueblo despertó en el llamado caracazo y que lo hizo para no dormir nunca más. Quienes hoy de alguna forma llevamos a cuestas la gran responsabilidad de transformar los sistemas de empoderamiento de los sectores populares y además servir de enlace del pueblo que exige respuestas no podemos dejar a un lado todas esas experiencias que entonces provocaron la más grande ruptura y decepción entre quienes pretendían un país más justo y próspero pero que a su vez representarán siempre el despertar de un pueblo bravo que jamás ha dejado someterse por la injusticia.

En algunos artículos se dejó leer entonces la dimensión insondable de las vagabunderías de quienes entonces se decían gobernantes. Izaguirre, el principal ministro y hasta presidente encargado en algunas ocasiones, con el desmayo aquel que le costó su poder político en el seno del partido, el ex gobernador larense Mariano Navarro, quien estuvo muy cerca desde donde se impartieron las precisas instrucciones de masacrar al pueblo que protestaba la gran corrupción y el paquete infrahumano de medidas económicas que produjeron la deseperación de los sectores más necesitados.

No es casual que el sector empresarial de entonces jamás haya protagonizado una protesta, ni tampoco es casual que las discusiones de salario mínimo involucraran a los capos industriales y siempre también a los capos sindicales que en vez de representantes proletarios parecían siempre representantes bancarios. Pero es más… la gente debe recordar que los incrementos del salario mínimo jamás eran superiores al cinco o diez pro ciento mientras los índices económicos registraban alzas de 30 y 40 por ciento en el año y mientras tanto, los incrementos del sector industrial sí reflejaban estos mismos incrementos so pretexto de los índices económicos vigentes.

Cada 27 de febrero, Venezuela es testigo histórico de una ruptura en la convicción popular y de un protagonismo social que ahora es un hecho por la misma fuerza espontánea de un colectivo indomable. El presidente Chávez, uno de los pocos líderes sociales del país que ha logrado asimilar la difícil y contradictoria situación social por la que atraviesa el país ha dicho y con mucha razón que hasta el momento es el único capaz de gobernar Venezuela. Esta afirmación, a propósito de lo que implica y significa el 27 de febrero para el país, es muy cierta y coherente. Es el presidente Chávez quien ha logrado alcanzar ese equilibrio social necesario para que exista un clima de paz en el país… es él quien ha producido la gran cantidad de ideas revolucionarias mediante las cuales se ha venido atendiendo a la población menos agraciada y sobre todo ha dado ese perfil humano a una gestión que anteriormente era basada en los intereses de los grandes grupos económicos. El presidente Chávez es quien año tras año, obstáculo tras obstáculo no se rinde y se mantiene en pie de lucha por un país y un gobierno cuyo interés principal sean los pobres pero sin exclusiones de ningún tipo. Es el presidente Chávez quien institucionalizó el reclamo oficial a través de las contralorías sociales que su gobierno diseñó como forma de depurarlo a sí mismo. Es el presidente Chávez quien emprendió la marcha sin vuelta atrás de la educación y que hizo a la UNESCO declarar al país como territorio libre de analfabetismo y además continuar el proceso formativo de la población con nuevas misiones para la educación básica y diversificada hasta llegar al nivel superior. En fin, es el presidente Chávez y es este movimiento revolucionario mismo un resultado directo no del caracazo, pues esto es solo una expresión que se remite a un día, sino del proceso de maduración de un pueblo que durante mucho se mantuvo dormido y que ahora despertó para no dejarse jamás arrebatar nuevamente el poder de crecer, de crear y de ser, como en los tiempos de nuestro gran Bolívar, una de las naciones más grandes de todo el continente. El “caracazo” es entonces, el primer grito de una criatura que nació ese día y que ahora reclama, como adolescente, consagrar su sana rebeldía, común entre los jóvenes, al servicio de una causa noble, justa y solidaria para con todos los que habitan en ella.


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Luis Jonás Reyes Flores


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