De Bolívar a Chávez, el dolor colombiano en silencio

El Libertador Simón Bolívar después de desalojar al imperio español de nuestra Patria y armar lo que llamamos, nostálgicamente, la Gran Colombia, fue traicionado por los propios, mientras el Pueblo que luchó a su lado, se quedó cargando con las consignas abstractas de "Patria" y "libertad", pero con el estómago vacío, toda vez que las oligarquías criollas se quedaron con las riquezas y se hicieron del poder político, con la sangría del erario público y la entrega de riquezas al "Gigante de siete leguas" e histórico imperio ladrón genocida mundial.

Las causas fueron abonadas por Francisco de Paula Santander, desde que detentaba el puesto de Vicepresidente de Colombia, bien apartado de los guerreros plebeyos y amañado con los placeres de la oligarquía bogotana, traicionando al pueblo neogranadino y a los colombianos.

Atrás no se quedaron los del lado de la antigua Capitanía General de Venezuela, pues José Antonio Páez, enamorado de los modales, de las putas con clase y del abolengo de los mantuanos caraqueños, robó al Pueblo de a pie sus tierras y se convirtió en el terrófago más grande de su momento, abriendo paso a la consolidación de la nueva burguesía de parásitos criollos, que eran sanguinarios y crueles a la hora de someter a los campesinos y rebeldes bolivarianos.

En nombre del ideario bolivariano, Páez necesitó terminar de traicionar al Libertador Simón Bolívar, separándonos de la hermosa Colombia, a conveniencia de Santander y sus dueños de Bogotá. Y todavía, ente hipócritas y pendejos, reescribimos una falsa historia, con falsas epopeyas y mitificación de dos bastardos traidores, Páez y Santander, y con ellos, un ejército de lacras convertidas en próceres, mientras escondieron a Bolívar en formas y figuras hieráticas y marmóreas, al mismo tiempo que lograron la desmemoria colectiva a la que en discursos miserables y con buenos modales le encomendaban preservar el legado de Bolívar. Y se me viene a la memoria el Comandante Hugo Chávez, como reedición de la misma historia "en dolor mayor", como diría Alí Primera. En nombre de su legado, han robado, han traicionado y han desmontado todo vestigio del socialismo bolivariano y chavista. A Bolívar lo confinaron nuevamente al Panteón Nacional y a Chávez al Cuartel de la Montaña.

No llegábamos a cumplir los 200 años de haber liquidado moralmente al Libertador Simón Bolívar y gracias al gentilicio de Santa Marta de la desmembrada Colombia, nuestro Libertador pudo bajar al sepulcro, pese a que, años más tarde, reclamaron sus restos para ponerlos entre sus traidores compatriotas, en el Panteón Nacional, en Caracas.

De ese lapso transcurrido, desde su muerte hasta hoy, han emergido mujeres y hombres, no sólo como Jorge Eliezer Gaitán, el cura Camilo Torres, Manuel Marulanda, Jaime Pardo, Carlos Pizarro, Bernardo Jaramillo y cientos de líderes, a quienes esa oligarquía heredera de la Nueva Granada y súbdita del imperio estadounidense se ha encargado de arrinconar, combatir y asesinar, en lo que quedó de Colombia, con asesinatos en masa de líderes campesinos y de simples hijos o moradores de una tierra que se la están arrancando, con los falsos positivos, empeñados en que sólo sea terreno para los cultivos y procesamiento de cocaína o para extraer los ricos recursos minerales y ambientales para beneficio de las transnacionales estadounidenses.

Nos quedaríamos cortos si nos detenemos a mencionar a las aguerridas mujeres y hombres que siguen resistiendo y levantándose contra esa oligarquía, que es más pervertida de lo que fue en dueño del Cártel de Medellín, Pablo Escobar Gaviria, aunque este personaje logró fusionar a la oligarquía heredera mantuana con el narcotráfico, mejor que como lo hizo Santander cuando fusionó en una nueva clase política hegemónica a criollos realistas y oligarcas, con traidores a la Patria del Ejército Bolivariano y Libertador.

Del lado venezolano, la miseria humana de la oligarquía no es menos pervertida, no fusionada (por ahora) con el narcotráfico, pero sí corrupta y servil imperial, con la cultura adeca heredada de José Antonio Páez y una pléyade de traidores a la Patria que desangraron estás tierras desde el desmembramiento grancolombiano o Colombiano, hasta hoy.

Aquí en Venezuela, la cocaína negra, es decir, el petróleo, paradójicamente, en lugar de generar progreso, desarrollo, bienestar social y felicidad, sólo nos ha traído falsas ilusiones basadas en nuestra ignorancia que no distingue un bitumen de petróleo pesado, nuevas burguesías forjadas en grandes guisos impunes, amén del hambre, miseria y corrupción e la esfera social generalizada.

Así hemos estado, con un ínterin de esperanza que se abrió desde el 4 de febrero del año 1992, consolidando su triunfo electoral en diciembre de 1998. Así, surgió el Chavismo, como fuerza política, como un aluvión, inspirado en el pensamiento y obra de Simón Bolívar, Ezequiel Zamora y el marxismo a lo venezolano.

Pues, este sueño e ilusión revolucionaria murieron también, el día en el que murió el Comandante Hugo Chávez, el pasado 5 de marzo del 1013, producto de la traición y muerte inducida, con apoyo de la nanociencia como arma para liquidar adversarios y enemigos, por órdenes del endorracista y genocida premio Nobel, Barack Hussein Obama, quien además, para remate, por iniciativa del entonces, vicepresidente Joe Biden remató con la llamada Executive Order u Orden Ejecutiva, de represalias, agresiones, boicot económico de todo tipo, piratería y robo de todo cuanto destroce la economía venezolana y haga daño a la nación.

Con Chávez se intentó retomar el sueño libertario y material, ya no en abstracto, para reivindicar a los más pobres y débiles. Pese a los adversarios neogranadinos, Chávez bregó por ayudar a alcanzar la paz de la actual Colombia, mediando en diálogo entre las FARC y ELN con el poder político constituido. Lamentablemente, Juan Manuel Santos e Iván Duque dieron la espalda a los excombatientes guerrilleros y por órdenes del Capo Álvaro Uribe Vélez, han ido asesinando a cuentagotas a todos los farianos y a los que hoy forman parte del Partido de los Comunes. Peor aún, las listas de desaparecidos campesinos y líderes sociales e indígenas, han aumentado exponencialmente.

Con el Comandante Hugo Chávez, después de 8 años de muerto, además de miseria, hambre y corrupción del lado venezolano, ha quedado la oquedad, la resilencia y la desmemoria colectiva, como producto del vacío y dolor en silencio por la muerte del libertario hijo de Bolívar.
Hoy, con el legado del Comandante Chávez que sobrevive en consignas, sus enemigos jurados, la burguesía criolla venezolana está muy feliz y próspera, en amorosa juntura con quienes lo han traicionado, tal como sucedió en 1830 con la traición a Bolívar.

A este Pueblo oprimido se le habla de un empoderamiento que no es tal y se le impone la tarea del ser custodio del legado de Chávez, "rodilla en tierra y lanza en ristre", mientras se le desgarra a los pobres, con migajas, sueldos y salarios simbólicos, con una dolarización e hiperinflación anárquica diaria, privatizaciones, flexibilización laboral al mejor estilo neoliberal, al mismo tiempo que el imperio estadounidense, a manos del criminal con modales, Joe Biden, profundiza las medidas llamadas "coercitivas", que son más que eso, retaliativas, genocidas, de latrocinio y agresión, se agudizan.

El dolor colombiano está presente en la mayoría de sus hijos, excepto en sus oligarquías criollas, neorricos o neoburgueses y traidores. Sólo con la restauración de la Colombia Bolivariana superaremos el dolor en silencio y haremos vida el legado de Chávez, inspirado en nuestro Libertador Simón Bolívar. Sincronicemos Venezuela con Colombia y viceversa.



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Luis Alexander Pino Araque


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