¿Puede un frente de unidad popular derrotar al draculismo en Carabobo?

Cuenta con todas las posibilidades, pero, antes tendrá que atreverse a cumplir con el acto de terminar de nacer. Estamos obligados a aunar las fuerzas de todas las expresiones de las izquierdas que pululamos por ahí dispersas, en un solo bloque. Debemos tomar en verdad conciencia que separados no es posible derrotar al funesto sistema que en el Estado Carabobo está comprimido en el draculismo. Que sólo reunidos en un Frente por la Unidad Popular tendríamos la fuerza suficiente para hacerlo. En consecuencia, no puede haber desmayo en ninguna mujer y hombre que se considere revolucionarari@ cuando de trabajar por la unidad del pueblo se trata.

El plan de destrucción del Estado Carabobo y de la Revolución Bolivariana se ha mantenido fundamentalmente por el apoyo que Maduro le presta, porque de lo contrario ya los carabobeños nos hubiésemos librado de este mal. Por nada más poner un ejemplo: en las elecciones pasadas del 6D 2020 y quitándole todo el maquillaje, el rechazo del electorado pudo estar cercano y en algunos circuitos superar el 90%. Dejando claras evidencias, de ser algo parecido a aquellos protectorados del imperio romano o, del imperialismo norteamericano. La descomposición de esta clase filibustera a la que se le regaló el Estado Carabobo para satisfacer sus instintos delictivos de saqueo (que no se olvide las fortunas que se han hecho alcaldes como el de Valencia, los Guayos, Puerto Cabello y Naguanagua, por nombrar tan solo a esos) ha significado un oscuro, triste y catastrófico desastre para los carabobeños. Y no deja de ser lamentable que todo esto haya sucedido con el silencio cómplice de toda la dirección del Psuv Carabobo, que nunca han dicho ni japa, frente al premeditado y alevoso desmontaje que draculín hizo de toda la costosa simbología del chavismo. Además contando con la alabanza del mismísimo Maduro. Si alguien puede explicar esto, por favor, que lo haga.

      Pero lo cierto es, que la crisis de dominación de estos filibusteros está haciendo añicos su estabilidad política en la región y de retruque hasta la del mismo madurísmo a nivel nacional. Y eso podrá observarse cuando las izquierdas unidas en un solo Frente Popular derroten este año electoralmente a esta expresión de la contrarrevolución infiltrada para obstaculiza el proyecto de liberación popular, será en ese momento cuando el madurísmo sentirá resquebrajarse su hegemonía.

      El presente escenario local ofrece las condiciones reales que propician el surgimiento de un movimiento de las izquierdas desde el regazo mismo de la sociedad carabobeña, suficientemente atractivo tanto para los pobres del chavismo como para los de la oposición, que mantenga alzadas las banderas de unidad, sosteniendo un plan táctico y un programa político que no dé lugar sino a sumar a todas las voluntades posibles, pero sin dogmatismos ideológicos que sólo sirven para impedir la acumulación de fuerzas. Tiene que ser necesariamente un Frente por la Unidad Popular alejado de los consensos de cúpula que alejan a los sectores populares de la toma de las decisiones. Un Frente por la Unidad Popular que se fragüe en el seno de las luchas reivindicativas de los más pobres, y allí y sólo allí, ganarse las charreteras de "vanguardia colectiva". Debe ser un Frente por la Unidad Popular que reclame sin ningún prejuicio para sí la condición de izquierda revolucionaria; esa que se recupera en la afirmación de lo propio, de su cultura, lengua y dignidad y opte por "la metodología que consiste en saber situarse en el    lugar de los pobres y desde allí efectuar un diagnóstico de la patología del Estado". Y todo    eso solamente puede hacerlo un Frente por la Unidad Popular con vocación de poder.

      Estamos completamente seguros que la contrarrevolución en Carabobo es perfectamente derrotable -está ya derrotada, los números no dan por ningún lado- este año por un Frente por la Unidad Popular que sostenga una línea de resistencia antisistema, que no se perciba ni se muestre ambiguo, que por sobre todo se diferencie por ser coherente, o sea, que lo que plantea, lo que piensa y lo que hace vayan en una sola dirección; la edificación de una democracia popular.

      Si somos capaces en los próximos meses de movilizar todos esos resortes y emociones del pueblo carabobeño, si fuésemos capaces de unir todas las expresiones de las izquierdas sociales que conforman la corriente de esperanza del pueblo carabobeño, entonces debemos organizar ya la otra fase: prepararnos para gobernar obediencialmente a los mandatos del pueblo.



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Arnaldo Aguilar Dorta


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