La incertidumbre como premisa

Nadie es, todos están siendo. El pensar es un acontecer individual

que nunca queda anclado en el último puerto.

H. SALINAS. F

El pensar, como dice el autor, es un acto individual, pero no es ingenuo, ni mucho menos carece de referencias históricas, el pensar, si no queda anclado en el último puerto, siempre recordará el puerto de partida. Referir al pensamiento latinoamericano, es pensar en lo que dio inicio a ese pensar y en su propia destrucción a lo largo de casi VI siglos. La mayoría de los pensadores latino americanos, se han referido a América latina, como un pedazo de tierra, cuya cultura comenzó en 1492 con la invasión española al mando de Cristóbal Colón. No, América es todo este basto continente que comienza en el polo norte, en Canadá, y termina en el polo sur en la Patagonia Argentina. América cuyo nombre es una imposición occidental e imperial, ha servido para desplazar del imaginario social toda la cultura indígena o precolombina como se suele decir.

Ese pensar aborigen, todavía presente en la conciencia del hombre y la mujer autóctonos de estas tierras, clama por reconocimiento y es un deber del pensador indígena o mestizo echar un vistazo al pasado y mirar la grandeza de esta cultura milenaria y verdaderamente nuestra, velada y escondida bajo el polvo de siglos, pero que hoy permanece en vigilia.

Mirar la cultura precolombina, es observar una gama de pueblos con costumbres, con modos de pensar distintos, pero que en esencia era la humanidad y la conservación de la tierra la que daba proyección a su cosmogonía de vida. La prevalencia de la vida daba unidad a ese grupo social. Esos seres humanos, pobladores de lo que hoy se llama mundo prehispánico, a pesar de compartir un principio cosmogónico, en esencia eran diferentes y cada uno conservaba sus propias características. Los estudiosos han dado en dividir ese mundo indígena en tres grupos. Los más importantes por su compleja organización social: los Mayas, los Aztecas y los Incas, y otros grupos con una organización social más simple, entre otros, los Chibchas y los Timotocuicas.

Cuando Colón llegó a nuestro mundo aborigen consiguió pueblos desarrollados, con cultura, educados, organizados. Por ejemplo, los pueblos que ocupaban Centroamérica, desde el Pacífico al Atlántico (Golfo de México y Mar Caribe) Guatemala y parte occidental de Honduras, eran pueblos que lograron desarrollar la ciencia de la astronomía, ciencia que los ayudó a elaborar un alfabeto, que era un sistema de escritura, el cual cuenta de su existencia y relata parte de su historia. Produjeron un calendario, con el que expresaban la cuenta de los días y un sistema numérico que les permitió contabilizar lo que producían y cómo se distribuía. Desarrollaron la cerámica, la arquitectura, su organización social era patriarcal y comunitaria, pero que también, daba importancia a la familia como organización básica social. Su base para el buen vivir era la organización solidaria en base al trabajo en la que prevalecía el cultivo de la tierra como sustento económico. Daban vital importancia al desarrollo corporal, a la limpieza como medida para mantenerse sano.

El mundo indígena dejó constancia de cómo era su mundo y la forma de observarlo, dejaron compendios de su sabiduría, traducidos después por sacerdotes españoles utilizando la oralidad del pueblo, estos compendios fueron llamados después por los europeos El Libro de los libros de Chilam Balam.

Digamos entonces que la destrucción cultural de nuestros pueblos aborígenes no ocurrió al azar como muchos historiadores quieren hacer creer No, la destrucción cultural de los pueblos autóctonos del mundo, fue y sigue siendo un proyecto para desarraigar al individuo de su mundo, de su espacio vital. La cosmovisión del ser aborigen, le permitió vivir durante siglos sin imposiciones externas, sabían resolver sus necesidades en su entorno natural, tomar sus alimentos y medicinas del suelo sin contaminarlo y además con plena conciencia de renovación, pues pensaban en las generaciones futuras.

Esa concepción de mundo, fue desplazado del imaginario social americano en el largo proceso de colonia, y encontramos hoy día a la humanidad inmersa en una pandemia sin precedentes, y sobre todo la de América latina, indefensa, no sólo desde el punto de vista biológico, sanitario, sino ideológico. Hoy, cuando, buena parte de los organismos humanos no responden a tratamientos y perecen bajo el embate del covid 19, se evidencia la pérdida de identidad cultural de la población latina, ésta no sabe qué hacer. El continente se debate en una incertidumbre y las preguntas a cómo será y se resolverá su subsistencia en el futuro inmediato, no encuentra respuestas. El pueblo latino americano perdió todo el conocimiento ancestral que en otrora resolvió las necesidades de nuestros aborígenes con sabiduría e inteligencia. El desarraigo de nuestras costumbres y la prevalencia de un consumo exacerbado y resuelto por los supermercados, borró de la conciencia humana el trabajo más importante: producir para tener qué consumir, por eso quizás buena parte de nuestra población en un futuro no muy lejano morirá de hambre y la otra parte perecerá por enfermedades, que aún no conocemos y que quizás es y será otro material de importación, como las recibidas de los europeos en tiempos de invasión, conquista y colonia. Estamos en otra coyuntura histórica, que hay que estudiar y reflexionar para podar entender, darnos respuestas y concebir esperanzas.

Venezuela ha ido dando respuestas positivas, pero hay que reiniciar el pensamiento y fortalecer la ética socialista, volver la mirada al pasado para ver si encontramos en ese saber ancestral algo que nos sirva, luego elevar el ancla hacia un nuevo rumbo, seguro, con cuidado, constancia y trabajo.

 

Delvalleserpa@yahoo.es

 



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