Consciencia y Utopía

El covid-19 o vivir en el Amor, causa y origen primigenio de la vida de la cual formamos parte…

La naturaleza es el libro abierto donde se refleja el ser real que somos. Por analogía, quien tiene el talento de percibir estas nociones, se da cuenta que el llamado mundo externo, incluyendo nuestros cuerpos físicos, mentales y emocionales, no es sino una sombra del mundo de las causas, de lo inmanifestado, de lo absoluto.

Es como pretender que la sombra que proyecta nuestro cuerpo físico o la imagen cuando nos vemos en un espejo, es lo que somos. La sombra o la imagen son proyecciones, es una ilusión, algo perecedero, es un efecto, una manifestación. Parece sencillo y hasta sobreentendido, pero no nos damos cuenta, que así vivimos, así es nuestro paso por este mundo. Pretendemos vivir y comprender la vida desde la sombra, desde la imagen proyectada, desde la ilusión.

Y desde la ilusión, creamos el mundo de los efectos, inventamos teorías y dogmas, paseándonos vanidosamente por el conocimiento efímero que provee el intelecto. La inteligencia es hija de esta ilusión, ya que se basa solo en el conocimiento del mundo físico.

El sujeto (entidad física cargada de pensamientos y emociones) observa, analiza, interpreta, evalúa y concluye sobre el objeto que se lo imagina fuera de él. Aislando, fragmentando la unicidad, la integralidad de la vida. La soberbia y el orgullo, derivados de esta ilusión lo convierte en un fanático, construyendo la actual sociedad de repetidores en la que vivimos.

Ese fanatismo incentiva la individualidad y por ende la competencia, las guerras, la necia posición de querer tener siempre la razón, el inventar nacionalidades, fronteras, el inmolarse por doctrinas religiosas, políticas, filosóficas, científicas, económicas de grupos sociales y culturales en general.

Desde lo que no somos, creamos el mundo que somos, sin percibir que lo que es, no es, y lo que no es, es. Vivimos embelesados con los efectos. Olvidamos lo que realmente somos, y la sociedad de repetidores emergida de ese olvido, alimenta constantemente la ilusión, la sombra. ¿Y que provoca este olvido y esta ilusión? Pues sufrimiento. Y el sufrimiento no es otra cosa que la manifestación del miedo. Claro, la sombra, la imagen, el efecto de lo que realmente somos, que ha desarrollado un falso yo, llámese ego, personalidad o yo humano, sabe que es perecedero, y como todo aquello que tiene fecha de vencimiento, se refugia en el apego. Apego a objetos o cosas, a opiniones preconcebidas, a doctrinas, a personas, al poder, a los placeres sensorios, al dinero. Busca afuera, en cosas externas, lógico, ese yo es de origen externo, es una proyección. Y todo acabará.

Sufrimos por lo que no tenemos, pero también por lo que tenemos, porque lo que poseemos, nos posee. Hay miedo porque no hay libertad y no hay libertad porque hay miedo. Ello nos lleva a pretender controlar todo. ¿Y cómo controlas lo ilusorio? Una ilusión controlando otra ilusión. Un rebaño tras otro rebaño. La sociedad de los repetidores. Creemos ser libres, y ese creer nos lo vende un sistema de creencias que tiene al miedo como principal ingrediente.

Busquemos en el contexto actual al SER REAL que somos, encontrémonos en la sombra de la que emergió el covid-19 y en la cuarentena inventada por la ilusión. La ilusión se pone muchos atuendos; en una oportunidad fue la gripe española, en otras el síndrome de las vacas locas, la gripe aviar, la gripe porcina, crisis política-económica-financiera y ahora el covid-19; y mientras vivamos en la ilusión seguirán apareciendo otros síndromes, otros virus, otras crisis, para que sigamos muriendo o para que percibamos y evolucionemos en consciencia. Todo tiene una razón de ser, y nuestra felicidad o infelicidad depende de la perspectiva o nivel consciencial que asumimos ante cada circunstancia.

Por analogía, quedarnos en casa es: aquietémonos, respiremos profundo, detengámonos un momento, entremos y permanezcamos en nuestro verdadero hogar que es la consciencia, el escenario espiritual y absoluto del alma originaria que somos, sumerjámonos en el silencio (tapabocas), conozcámonos a nosotros mismos, contemplemos la vida en la mirada de los que están a nuestro lado, juguemos como niños, dejemos que el sol nos bañe de energía vital, que el árbol nos cuente sus memorias, que el canto de un pájaro nos brinde la melodía enviada por el alma de este omniverso, que la suave brisa de la tarde, exprese con sus caricias en nuestro rostro, la sonrisa tierna de nuestros abuelos….para vivir en el Amor, causa y origen primigenio de la vida de la cual formamos parte….

 

forimakius@gmail.com



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