Algunas reflexiones políticas sobre la Pandemia y sus efectos

En medio de un escenario de lucha bloque imperial por la hegemonía mundial entre EEUU y China y luego de dos años de malos augurios para la economía debido a la desaceleración productiva y a los efectos de la guerra comercial, ocurre un acontecimiento inesperado que detona el comienzo de una nueva crisis financiera con alta probabilidad de recesión y con efectos sociales impredecibles. Una nueva epidemia en el siglo XXI, tras la gripe Aviar, el Sars 1 y el Ébola con la peculiaridad de que este virus, el Síndrome Respiratorio Agudo Severo 2, (Sars 2) y conocido como Covid 19 o Coronavirus, se ha globalizado realmente.

Un virus animal localizado en la provincia de Wuhan en China (hipótesis vigente) que muta y es traspasado al ser humano y al mundo gracias a los mecanismos de transporte de la globalización. De aquí se desprenden tres cuestiones importantes. La primera alude a cómo el capitalismo, en este caso el chino, explota a los animales en masa para la producción y el consumo sin controles suficientes ni principios éticos. La segunda se refiere al efecto dominó en las transmisiones infecciosas en la era de la globalización. Un hecho que será cada vez más común y sobre los que tendrá que lidiar la población mundial. Por otro lado, este virus será otro motivo más para alimentar tanto el racismo como el fortalecimiento de las fronteras, los controles sociales y el reforzamiento de los aparatos represores del estado-nación. Donald Trump no ha tardado mucho en llamarlo "virus chino", empecinado en auspiciar una nueva guerra fría con el aspirante número uno a la condición de hegemón global.

Pero hay un tercer elemento deslegitimador de carácter más subjetivo que tiene que ver con las políticas económicas dominantes que han impulsado a la propia globalización y que han quedado al descubierto con esta crisis sanitaria. Nos referimos a las políticas domésticas neoliberales basadas en la privatización de los servicios públicos y en la desregulación del mercado. ¿Cómo podría el mercado como ente anónimo planificar la gestión global de la crisis sanitaria? Seguramente los herederos de la Sociedad Pelerin como Eugene Fama y compañía dirían que habría que dejar que el mercado actuara libremente advirtiendo a los estados de no intervenir en la crisis sanitaria porque el gasto incrementaría la deuda pública y la inflación desestabilizando así a los mercados financieros de forma artificial. La realidad es que ante la ausencia de un gobierno mundial con autoridad suficiente para intervenir en la crisis, han sido los estados-nación los que se han visto obligados a asumir dicha tarea en una suerte de regreso al estatus político pre Guerra Fría.

Como en las antiguas guerras mundiales y a decir de Badiou (2020) las clases políticas de cada estado aparentan gobernar para el interés general y no solo para las burguesías locales, las cuales deben someterse a los lineamientos del estado (confinados en sus mansiones con piscina climatizadas) al igual que el resto de ciudadanos trabajadores si quieren garantizar a posteriori el mantenimiento del status quo. En consonancia con la idea del regreso del estado fuerte se hacen proclamaciones de guerra y las autoridades militares simulan la misma convirtiendo a los ciudadanos en soldados de la patria. Desde un punto de vista ético-político Giorgio Agamben (2020) en un polémico artículo reciente nos recuerda algo interesante para preguntarse: "¿Qué es una sociedad que no tiene otro valor que el de la supervivencia?" "Es obvio que los italianos están dispuestos a sacrificar prácticamente todo: las condiciones normales de vida, las relaciones sociales, el trabajo, incluso las amistades {…} por el peligro de enfermarse.

La vida desnuda –y el peligro de perderla– no es algo que une a las personas, sino algo que las ciega y las separa" (Agamben, 2020). Empero, en nuestra opinión, el pánico y el miedo social existente se manifiesta de forma distinta entre las generaciones. Para los mayores es cierto que el miedo a la muerte está muy presente y hasta, en un cierto punto, justificado por el efecto contundente del virus en su rango. Pero el miedo de las generaciones más jóvenes no es a perder la vida sino a perder por un lado el modo de vida que está basado en la deuda con el sistema. Hipotecas, créditos, alquileres, caídas abruptas de las ventas de las pequeñas empresas y de los autónomos y sobre todo el miedo a perder el trabajo asalariado y en el caso de los desempleados (muchos de larga duración) a no ser contratados en el corto y mediano plazo. Y es que el elemento cohesionador de la subsunción de la vida, esto es subordinación e inclusión, dentro del capital es la deuda y si se para la economía la cadena que sustenta el modo de vida de buena parte de los trabajadores y pequeños empresarios colapsa. Aquí radica el verdadero pánico luego de 10 años de crisis económica y social en toda Europa y sobre todo en el sur. Desde este punto de vista económico cabe recordar que el coronavirus no es la causa real de la caída de las bolsas sino solo el detonante.

Como afirma Toussaint (2020) en un artículo reciente la caída de los precios de la bolsa estaba prevista mucho antes de que apareciera el coronavirus ya que los precios de las acciones y de los títulos de deuda se habían incrementado exageradamente en relación a la producción durante la última década. El gran capital aprovecha pues la coyuntura para vender sus acciones y productos financieros con el objeto de recoger los beneficios antes de que puedan perder más valor lo que supondría una reducción incierta de la "tasa de acumulación" de capital ficticio. Es la excusa perfecta para hacer recaer la crisis en un virus. Otra vez los mercados financieros especulativos marcan la pauta del devenir de la economía mundial. Empero, esta vez, la crisis de legitimidad de las políticas de austeridad no permiten un nuevo austericidio al menos en Europa. Es muy probable que la Unión Europa vire al keynesianismo durante un tiempo indeterminado en detrimento de la inflación y en favor de la demanda agregada. La cuestión a posteriori es saber quién pagará la factura de la deuda en cada uno de los países. El conflicto de clase estará servido.

A corto plazo, al menos, parece que la élite política de la Unión ha aprendido algunas lecciones de la crisis del 2008 y han tomado la decisión de romper con la camisa de fuerza neoliberal que con tanto dogma y autoritarismo han gobernado Europa durante los últimos veinte años.

*Coordina la línea Investigación sobre Economía Política Crítica y Relaciones Internacionales en el LIPPO-UPO. (PHD en Filosofía Política)

Edulippo7@hotmail.com



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