¿Quién preside hoy la república de Venezuela, Dios o Maduro?

Maduro ha dejado en las manos de Dios la solución de los problemas de Venezuela. Ya son numerosas las veces que el irresponsable de Miraflores (que no es responsable de nada) invoca la presencia del ungido nazareno y solicita su intermediación, su socorro, su ayuda a los fines de enfrentar las calamidades que hoy atenazan la vida de los venezolanos. Siete años tiene ese señor presidiendo la república, siete años hablando gamelote recurrente, siete años destruyendo nuestro país, los peores tiempos vividos por los venezolanos, y ahora viene este señor a dejar en la suerte divina la evolución de los acontecimientos nacionales. ¿Habrase visto mayor cinismo presidencial en el globo terráqueo?

El tipo se dejó de lanzar planes, programas y proyectos. Se olvidó de los dos planes de la patria, de los 15 motores, del Programa de Prosperidad, Felicidad y Amor lanzado en agosto de 2018 y de toda planificación y orientación racional del futuro venezolano. Ahora es Dios quien se encargará de nuestros asuntos terrenales, y de fracasar será también el señor de los cielos el culpable, pues nunca maduro ni ningún miembro de su corte de inútiles asumen responsabilidad en la tragedia generada en nuestro país por su maltrecha gestión. Según él la megainflación es inducida desde fuera del país por un malévolo fenómeno; la quiebra económica nacional la provoca el presidente Trump; Guaidó es el culpable de la entrega del territorio Esequibo; la desaparición del bolívar ha sido causada por el ataque del dólar yanqui; la crisis del sistema eléctrico nacional fue producida por una agresión multifactorial proveniente de la estratósfera; el cierre de las empresas básicas de Guayana es resultado de la guerra económica; la expatriación de casi cinco millones de compatriotas fue producido por un señuelo engañoso de los presidentes Macri, Bolsonaro, Lenín Moreno y Piñera: esos venezolanos fueron engañados y por ello salieron del país; la parálisis de PDVSA es culpa de Rafael Ramírez; no hay agua, no hay gas, no hay luz porque la derecha ha saboteado estos servicios; los hospitales no cuentan con medicinas ni médicos y han muerto por ello miles de venezolanos: culpable, el bloqueo imperialista; la reaparición de enfermedades que habían sido erradicadas del suelo nacional se ha debido a la siembra de bacterias y microbios por parte de agentes enemigos externos. Pero no importa, dice maduro, desde ahora contamos con el mejor amigo, un poderoso aliado; Dios nos ayudará. Él proveerá lo necesario, y así por su gracia saldremos de nuestra tragedia y nos convertiremos muy pronto en una potencia socioeconómica. Dios proveerá dólares, alimentos, medicinas, trabajo y bienes de consumo en cantidades suficientes.

Con la gracia del señor de los cielos recuperaremos las Empresas Básicas de Guayana y en pocos meses las veremos produciendo miles de toneladas de hierro, acero y aluminio; también con su ayuda PDVSA resurgirá de sus cenizas, reactivaremos los cientos de pozos petroleros hoy clausurados y en pocas semanas estaremos vendiendo de nuevo 3 millones y medio de barriles de petróleo diario; también reactivaremos de verdad verdad todas las unidades económicas (fundos, haciendas, comercios, manufacturas, bancos, compañías) quebradas por nuestros gerentes cívico-militares, e inundaremos el mercado nacional, como ocurría antes de venir nosotros a gobernar, con productos y servicios, tan necesarios para nuestra población. Gracias a Dios habrá trabajo, riquezas, bienestar y felicidad en nuestra patria.

Y desde ahora no será nuestro gobierno una alianza cívico-militar, pues esa fracasó. A partir de hoy una superpoderosa alianza dirigirá los destinos del país; la alianza maduro-Dios, un dueto imperdible, triunfador, insuperable. Será la alianza entre el poder terrenal y el poder celestial, tal como era en los tiempos de la Europa monárquica.

Y decimos los venezolanos, gracias Dios mío por venir en nuestra ayuda, no nos dejes en manos de estos desalmados, bastante hemos sufrido. Pero ayúdanos un poco más y sácalos a todos de su madriguera, échalos por siempre del suelo venezolano y envíalos al infierno. Y mucho cuidado contigo mismo, firma las facturas y documentos y te quedas con tus copias pues estos te pueden echar una vaina si te descuidas. Mañana pueden salir a gritar que tú eres el culpable de todos los desaciertos, que eres corrupto, que tienes cuentas bancarias escondidas en bancos suizos, que vives en una mansión en Londres, etc. Los conocemos. Estos carajos son tramposos y mentirosos. Así que cuatro ojos, y bendiciones nuestras para ti también.



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Sigfrido Lanz Delgado


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