Los falsos patriotas

"La Patria es el pecho de la madre que nos alimenta, y el brazo del padre que nos sostiene y que nos guía, y la cabeza blanca del abuelo que se inclina sobre nuestra inocencia, y la diestra del sacerdote que nos bendice, y la palabra del maestro que nos siembra de luz el pensamiento. La Patria es el tropel gozoso y bullanguero con que, ensartando travesuras, salimos de la escuela, alborotando el quieto barrio, color de grana las mejillas, sudorosa la frente, el pecho jadeante, breve y puro el aliento. La Patria es el jardín casero con sus jazmines y sus rosas, la albahaca y el romero, donde nuestras tiernas hermanitas tienden al sol de la mañana alegre el virginal pañuelo de sus primeras lágrimas. La Patria es el sillón de la abuelita en la penumbra del rincón amable y medroso donde ella nos cuenta las historias de la Virgen y de los santos, donde nos compungimos en oyendo el desgraciado fin del Ratón Pérez, y en donde Barba Azul y la Cenicienta y la Caperucita Roja nos espeluznan los cabellos y nos paran el corazón" (Ramón Ángel Jara)

La patria es sobre todo y principalmente la gente, los hombres, las mujeres, cada uno de esos venezolanos que patean la calle y construyen con su esfuerzo diario, grande o pequeño, las obras materiales y espirituales que van dando forma a los pueblos y ciudades de nuestro país. También agregan estos a esa forma, sus sueños, sus dolores, sus alegrías, sus logros, sus frustraciones, sus sentimientos, sus memorias, sus malestares, sus éxitos, sus placeres. La patria es entonces espíritu y materia, suelo fértil y esfuerzo tesonero, fogón y arepa, budare y casabe, maíz y cachapa; hayaca y manos de madre, en fin, hombre, mujer y solar venezolano.

La patria es el hombre dice con razón la letra de la canción de Alí Primera, pues verdad es que nada define y constituye mejor la patria como sus habitantes. Lo demás, el territorio, sus riquezas, ríos y mares son componentes importantes de ella, pero van luego, en orden de jerarquía. Es el suelo el lugar donde nuestra gente hace patria, pero ese suelo no es nada sin la gente que lo habita, sin la gente que trabaja, sin la gente que transforma ese suelo, sin la gente que genera la riqueza económica. Estamos diciendo entonces que patria es ante todo humanidad; son los seres humanos pobladores de un territorio los que forman y conforman la patria, en primer lugar. Y así mismo opina el creador de la nacionalidad venezolana Simón Bolívar, el más grande patriota nacido en este lugar del mundo.

En Bolívar, aspecto fundamental de su pensamiento es la idea de patria, que está integrada por sus hombres, su suelo, y también sus tradiciones, sueños, y carácter de su gente. A este respecto enfatiza Bolívar que el componente histórico y espiritual es el que da fisonomía a la patria, es el factor aglutinador, el que logra integrar en una totalidad identitaria todos los componentes de la nacionalidad. Dice sobre esto el Gran Caraqueño: "Nuestra vida no es otra cosa que la esencia de nuestro país", y agrega: "en el suelo patrio se encuentran los testigos de nuestro nacimiento, los creadores de nuestra existencia y los que nos han dado alma por educación; los sepulcros de nuestros padres yacen allí y nos reclaman seguridad y reposo; todo nos recuerda un deber, todo nos excita sentimientos tiernos y memorias deliciosas; allí fue el teatro de nuestra existencia, de nuestros primeros amores, de nuestras primeras sensaciones y de cuanto nos ha formado. ¿Qué títulos más sagrados al amor y a la consagración?

Entonces, siguiendo a Bolívar, la patria es pueblo, es la totalidad social concreta, a la que se debe servir con preferencia y con desprendimiento, sin egoísmo, sin cálculos particulares. Por eso mismo, la empresa bolivariana es de suyo una empresa popular, de raíces colectivas. Popular es el ejército Libertador: el pueblo en armas hace la guerra para construir patria, pero no es ese un pueblo tiranizado, engañado, manipulado; ese pueblo acompaña a su jefe militar por respeto, por afecto, por confianza hacia él. Popular es también la educación pregonada por Bolívar. Dice al respecto: "La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor fraternal del Congreso" (1819); "La educación e instrucción pública son el principio más seguro de la felicidad general y la más sólida base de la libertad de los pueblos"" (1819). Y, de igual manera, de base popular ha de ser la República levantada en suelo venezolano, luego de lograda la independencia. De manera que no hay nada de egoísmo en la idea de patria Bolivariana. La patria es aquí un concepto vivo en el que se junta el esfuerzo y los sueños de todos los hijos del terruño. Nadie queda fuera de la patria, pues no es ella patrimonio de ningún grupo económico o político en particular, por más poderoso que sea éste.

Vista así, la patria no es palabra utilitaria, no es charada, no es verborrea rimbombante; tampoco es señuelo para engañar, discurso demagógico, ni mucho menos un pretexto para inventar un conflicto fratricida con los vecinos en beneficio exclusivo de banderías partidistas, promovidas por reducidas minorías irresponsables, a la caza de objetivos políticos o económicos. La Patria es sinceridad, es dignidad, es pueblo satisfecho, es gente alegre, es pueblo trabajador, es labor creativa. No hay patria en tiranía, cuando los soldados y policías apuntan sus armas hacia los ciudadanos para sostener así, mediante el terror y la represión, al déspota presidente.

 

No hay patria cuando la gente de ese país sale disparada, huyendo de la represión y del hambre enseñoreada sobre su terruño. La patria no expulsa a sus hijos, la patria los acoge, los abraza, los protege y los quiere. Siguiendo las enseñanzas y ejemplo del Libertador en estos tiempos por demás calamitosos, en los que los causantes de tal situación atizan banderas de guerra con el pretexto de la defensa de la patria, sostenemos que defender nuestra patria venezolana es hoy y siempre defender a nuestra gente, a nuestros connacionales, a los que estamos aquí en el suelo venezolano, sobreviviendo en este piélago de calamidades; pero también es defender a los varios millones de venezolanos que se encuentran circunstancialmente dispersos en otras partes del mundo, la gran mayoría abandonados a la buena de dios por este gobierno dirigido por irresponsables, demagogos, charlatanes, cínicos, embusteros. Es que para nosotros, como hemos sostenido aquí, la patria está presente en cada venezolano criado y formado en este terruño. Esta patria anda en cada uno de nosotros, independientemente del lugar donde nos encontremos. De manera que cuando un venezolano se marcha del suelo nacional lleva su patria consigo, lleva en sus entrañas la venezolanidad. Cada uno de ellos es un embajador del país y así debería ser reconocido, como se hace con los consulados de nuestro país, considerados según leyes internacionales, suelo patrio. ¿Es que importa más la edificación consular, el edificio de bloques y cementos, al hijo del suelo, al ser humano errabundo? Aprendan de verdad señores las enseñanzas de Bolívar.

Tampoco existe patria en un territorio con escuelas y universidades maltrechas, abandonadas a su suerte por los gobernantes; con hospitales sin médicos ni medicinas, ocupadas sus camas por enfermos que esperan la muerte en absoluto desamparo; no hay patria en un país cuyos gobernantes dilapidan las riquezas, se las roban a manos llenas o hacen negocios perversos con ellas. No hay patria cuando la gente está triste, frustrada, adolorida, hambrienta y enferma. No hay patria en un país al garete, sin rumbo fijo, sin norte claro, sin planes ni proyectos de ningún tipo. No hay patria tampoco en ese país donde a los adultos mayores, los abuelos, los viejos, son maltratados, pateados, envilecidos por el presidente de la república, por sus ministros y jerarcas del partido gobernante. Por allí andan, por las calles de los pueblos de nuestro país, millones de abuelos venezolanos, harapientos, famélicos, hambrientos, tristes, humillados, mendigando un mendrugo de cualquier cosa para llevarse a la boca, pues el gobierno nacional les arrebató su derecho a alimentarse, les quitó su derecho a pasar una vejez digna.

Practiquen de verdad, Maduro y sus funcionarios, el pensamiento Bolivariano, no utilicen al Libertador como muletilla, como estropajo para cualquier charada, no invoquen su nombre para cualquier cosa, pues ustedes niegan en los hechos, a cada rato el pensamiento y la obra de este gran venezolano. Decía Bolívar, entre otras enseñanzas ejemplares, lo siguiente: "El hombre de honor no tiene más patria que aquella en que se protegen los derechos de los ciudadanos y se respeta el carácter sagrado de la humanidad".


Dista mucho Bolívar, según podemos leer en sus escritos, de los demagogos, de los politiqueros, de los corruptos, de los incapaces, de los charlatanes. Su verbo los recrimina y desaprueba, y su vida los niega. Para Bolívar, el Patriota ejemplar, la política significa rectitud, lealtad, entrega completa por lo popular, que son los ciudadanos todos. Y gobernar significa para él probidad, virtudes, eficiencia, obras terminadas, servicio, entrega, problema solucionado, necesidad satisfecha. Afirma el Caraqueño: "El mejor gobierno es el que produce la mayor suma de felicidad, la mayor suma de estabilidad política y la mayor suma de seguridad social". No hay ditirambos aquí, promesas etéreas, retórica sonora. Bolívar rehúye las vaguedades; para él la patria es hecho concreto. "La patria es América, es Venezuela, es Caracas", decía, sin vacilaciones, entendiendo por tal cosa, la gente, el pueblo, los ciudadanos.

Y en correspondencia con ese compromiso abrirá sus brazos cordiales a los amigos de su pueblo, pero los cerrará para los enemigos, para los infames, para los malvados. Para estos, por el contrario, el odio eterno. "Basta de sangre y de ruinas en la pobre Venezuela, ¿mil maldiciones le acompañen al infierno al que pretenda erigir su poder sobre escombros amasados en sangre!". Son éstas, palabras de Bolívar, el Padre de la Patria: "maldito el gobernante que erija su poder sobre los escombros de su país amasados en la sangre de su gente". Bien dicho. A buen entendedor, pocas palabras. Malditos siempre los fabricantes de tragedias.



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Sigfrido Lanz Delgado


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