Periodismo, periodistas en Venezuela e ideología

"Periodismo. m, Ejercicio o profesión de periodista. // Periodista. Comp. Persona que compone, escribe o edita un periódico // 2. Persona que, profesionalmente, prepara o presenta las noticias en un periódico o en otro medio de difusión". (…). Ideología. (Del griego idea, y logia.) f. Doctrina filosófica centrada en el estudio del origen de las ideas. // 2. Conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso o político, etc. Ideología tomista, tridentina, liberal. Ideológico, ca. Adj. Perteneciente a la ideología. // 2. Perteneciente o relativo a una idea o a las ideas. Ideológico, ga, m, y f. Persona que profesa la ideología. // 3. Persona que, entregada a una ideología, desatiende la realidad. // 4. Persona ilusa, soñadora, utópica". (Diccionario de la Lengua Española. Vigésima Primera Edición. Tomo II, h-z. Madrid 1992).

El periodismo en lo personal no nos es extraño. Al contrario, hemos estado cercanos a su ejercicio porque en una época (1985-88) estuvimos en una congregación religiosa cristiana católica en Caracas, dedicada a componer periódicos, revistas y libros. En consecuencia profesábamos una ideología y nos adscribíamos a una corriente de pensamiento que, con las adaptaciones que el tiempo impone, aún mantenemos, a saber, el humanismo cristiano en la perspectiva latinoamericana; más concretamente la teología de la liberación y el humanismo marxista en su versión venezolana y provinciana, si se puede hablar así, responsable tal vez de que ya desde aquellos lejanos días tomáramos distancia de los posicionamiento de la jerarquía frente a ciertos asuntos sociopolíticos, siempre más cercanas esas señorías al conservadurismo, pero eso es otra cosa, como decía el reconocido periodista larense Julio Pérez Rojas en su columna "El Urticante" del diario El Informador de Barquisimeto.

En la referida institución en tanto que "Aspirantes religiosos", vaya por Dios, participamos de ciertos ejercicios teórico-prácticos de comunicación social, principalmente periodismo impreso y audiovisual, ¡ay de haberlos saber aprovechado mejor! Profesores reconocidos dictaban tales cursos, fíjense sino, los licenciados Jacqueline Hurtado de Barrera, Marcos Fidel Barrera, recién egresados de la Universidad Católica Andrés Bello, psicólogo ella y periodista él, hoy reconocidos autores de libros bien ponderados e investigadores en ciencias humanas y sociales, Lic. Padre Pedro Cháves (así con s y no con z), sacerdote mexicano y profesor de la UNAM en los cursos de verano, hoy creo que secularizado, entonces muy joven como los anteriores nombrados, autor de un bello librito sobre la familia, Lic. Padre Teófilo Pérez, humilde, filólogo y erudito español con varios libros traducidos del italiano sobre biografías y documentos del fundador de su Congregación religiosa, Beato Santiago Alberione, P. Angel Bagnoni, historiador de la iglesia contemporánea, Antonio Pérez Esclarín que no necesita presentación en Venezuela, América Latina y el Caribe por sus libros sobre análisis de la realidad educativa y otros aspectos del desarrollo integral de la persona; en parte por limitaciones personales tal vez no supimos aprovechar mejor aquella experiencia académica y en parte porque nuestro rígido horario comprendía otro cúmulo de actividades que no nos permitían una dedicación exclusiva a los referidos estudios, sin embargo a la distancia la valoración resulta ser muy positiva.

Como la institución editaba la revista Familia Cristiana, de impecable diseño gráfico y papel lustroso, brillante mate o satinado podía observar en ocasiones los textos deportivos del reconocido periodista José Visconte, lo que era ya un privilegio, así como de otros periodistas o escritores que enviaban sus colaboraciones mensuales; también como parte de los aspirantes religiosos participábamos en la redacción, composición y montaje de una revista propia, ASI SOMOS, se llamaba, eran tiempos cuando todo debía hacerse manualmente y los textos se escribían a máquina; una especie de periodismo corporativo e institucional, pues se trataba de difundir la misión y visión de la comunidad que, como suele denominarse carisma o que tiene una identidad específica, pero a decir verdad el acercamiento al periodismo personalmente deviene de frecuentar las páginas de periódicos como El Nacional, La Religión, El Observador Romano, Revista Sic y otras revistas religiosas en idioma italiano.

El periodista entonces para nosotros no era el reportero, que un buen día descubrimos que lo ejercían personal no graduado sino estudiantes o autodidactas sino el articulista de opinión, que también otro buen día descubrimos que lo ejercían era reconocidos intelectuales, con amplia formación universitaria o andariegos del mundo, militantes de una idea, libres pensadores, santos, místicos, ateos perdidos en su filosofía particular, "gente que tenía algo que decir", como escribe don Mariano José de Larra en sus "Artículos y costumbres", ya conocerá el lector el famoso Diálogo "El duende del librero":

-Buenos días, señor librero.

- ¿Qué le trae a usted por aquí?

-Amigo, lo que todo el mundo le hace ir y venir: el deseo de ganar la vida y, si se puede, de agenciarse algunas superfluidades.

-Siéntese usted, que no vendrá usted tan de prisa, y explíqueme en qué puedo servirle.

-Señor, hablemos claro y ahorrémonos de palabras; vengo a animar a usted a que escriba, y a que escriba para el público.

-Hombre, mal pleito trae usted.

-Vaya, no empecemos con la modestia.

-No señor, no es modestia: es comodidad, pereza, reflexión, todo lo que usted quiera.

-Pero ¿es posible?

-Vamos, y ¿qué quería usted que escribiera? Para fastidiar al público siempre se está a tiempo; además … que… en verdad… no tengo nada que decirle por ahora.

- ¡Por Dios! ¿No tiene usted nada que decirle? Y no ve usted los abusos, las ridiculeces; ¿en una palabra, lo mucho que hay que criticar?

- ¡Criticar! ¡Ay! Usted está loco; mi librero ha perdido la cabeza; ¿piensa usted que reservo yo la mía para lances de honor? ¿Usted cree que tengo yo gusto en vérmela rota?

- eso, no; usted habla en chanza; el Gobierno vigila sobre la seguridad de los individuos que están a su cuidado, y castigaría a cualquiera…

- Sí, señor; el Gobierno vigila sobre la sociedad, y la sociedad no cesa de conspirar a desbaratar los buenos fines del Gobierno. Sí, señor; éste protegería tal vez a quien criticase los vicios y los abusos, porque éstos siempre conspiran contra el Gobierno, castigaría también, es cierto; pero, señor librero, ni el Gobierno podrá evitar que una paliza acabe con mi gana de criticar, ni a mí me importará nada que el Gobierno cuelgue al que me haya pegado, a no ser que le cuelgue antes de pegármela. ¿Y qué necesidad tengo yo de matarme por los abusos de otros? (Larra, 1994, Artículos y costumbres).

He allí parte de las razones de por qué existe el periodismo de opinión y lo ejercen adecuadamente sólo algunos que tengan suficiente ingenio.



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Luis B. Saavedra M.

Docente, Trabajador popular.

 luissaavedra2004@yahoo.es

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