La trampajaula

El sentido crítico de la realidad

"Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro" (Simón Bolívar, 17 de diciembre de 1830).

Esta frase, dictada por el Libertador en sus últimos días, nos sigue persiguiendo a todos los Gran Colombianos, y especialmente a los Venezolanos, como una especie de sombra incansable a la que no hayamos como dar respuesta. No se trata de un contenido metafórico, Bolívar hace alusión de manera directa a los perversiones asociadas a las miradas partidizadas, a la existencia misma del concepto de Partido Político y de cómo esa influencia nos lleva invariablemente al desencuentro, al extravío, al pretender borrar la individualidad de la persona y aplastarla ante el peso de una losa partidocrática que impone un rumbo. Desde mi humilde punto de vista, las miradas de la realidad desde una perspectiva partidista siempre hacen daño, el "Partido Político", por definición, siempre nos impone un dogma, siempre nos pretende enyesar las entendederas y congelar el disentimiento. El "Partido Político" existe para agruparnos cuales borregos y hacernos esclavos de una maquinaria y eso ya lo vislumbraba Bolívar hace casi 200 años.

Pasando a un plano más cotidiano, el Partido Político nos entrena en el uso del prejuicio y de las etiquetas, nos adiestra en el uso de paradigmas sembrados sin piedad ante los que cuales debemos reaccionar como autómatas, por ejemplo, para quienes vivimos en Valencia: "Si vives en el sur eres un pobretón o un delincuente malhablado y hueles mal", "Si vives en el norte eres un sifrino o un burgués insensible desconectado de los valores éticos y familiares y acostumbrado a que todo se lo regalen sin esfuerzo". Luego aunque todos sabemos que esas etiquetas no tienen sentido, aunque todos sabemos que esas percepciones son infundadas y aunque todos sabemos que esas visiones son injustas, pues igual las usamos a diario: "Si eres chavista …", "Si eres de la oposición …", un auténtico arsenal de automatismos mentales que se dispara sin razón al momento de pensar, un reduccionismo fatuo donde ante la flojera de analizar, nos dejamos llevar por la etiqueta y luego vemos que queda, sin detenernos un segundo a meditar: ¿Quién diseñó esa etiqueta?, ¿Qué se pretende con este ardid?, ¿Por qué debo pensar así y no de una manera distinta?, ¿Por qué usar esa línea recta y rígida de pensamiento construida para agredir al otro sin miramientos, sin intentar siquiera una triangulación del pensamiento?, le damos mucho más peso a una foto, a un video, a una noticia de prensa, a algo que vimos en la tele, a lo que nos dijo un cura o a lo que oímos en una conferencia, olvidando por completo que tenemos ante todo NUESTRO PROPIO JUICIO.

Urge abandonar la visión partidizada, urge pensar, urge discernir, urge innovar, urge analizar objetivamente las cosas, urge romper el secuestro de los discursos del pasado y de las palabras del ayer, urge reconstruir y para todo eso hace ahora más falta que nunca una destreza mental que se perdió en el camino y que están empeñados en que no recuperemos: EL SENTIDO CRÍTICO DE LA REALIDAD (SCR). El problema radica en que el SCR no te lo enseñan en ninguna Universidad, no se adquiere con una maestría, no implica tomar un curso o un diplomado. Para empezar el SCR requiere de la autocrítica, requiere del darnos cuenta de nuestros propios errores personales y asumirlos y hasta verbalizarlos, para proseguir, requiere del reconocimiento de los méritos y de las virtudes del otro, identificarlas y elogiarlas y todo ese proceso suele ser dolorosísimo. El SCR requiere aceptar el debate cotidiano sin ofender y respetando los puntos de vista del otro, requiere cordura y sanidad mental, requiere dejar de lado la ironía y obviar por completo la insanía de ser pagado de uno mismo, el SCR se requiere para saber dónde estamos parados y hacía donde queremos ir, alejándonos del facilismo que nos lleva a culpar al otro, a verter nuestra furia en el otro, haciéndolo culpable de todos nuestros desaciertos y fracasos personales … la práctica del SCR requiere reconsiderar lo que pensamos ayer, revisar lo que pensamos el mes pasado, recordar lo que pensábamos hace 20 años y abrirse de capa al universo de nuevas opciones en el nuevo contexto de la realidad del hoy, sin las ataduras partidocráticas, porque la realidad es cambiante y el SCR debe dotarnos de esos nuevos prismas para ver la nueva realidad y sus cambios, debe alejarnos de esa pérdida de tiempo centrada en decirle al otro: ¡Esto que vivo hoy es tu culpa, por una decisión que tomaste hace 19 años!, ¡Esto que vivo hoy es tu culpa por seguir apoyando esto!. El SCR por el contrario, nos retorna a volver la mirada hacia nosotros mismos, nos invita a un valiente ejercicio que nos estrella ante cuestionamientos personales: ¿Qué he hecho yo estos 19 años?, ¿Qué estoy haciendo yo hoy?. ¿Qué puedo cambiar o ajustar hoy?, ¿Qué malas decisiones he tomado yo en el pasado?, ¿Qué camino veo yo hoy?. El SCR es dinámico, reclama nuestra autoresponsabilidad y aplicarlo es un ejercicio difícil y más difícil aun cuando no tenemos linternas que iluminen la ruta, ni espejos donde mirarnos sea porque otros nos lo robaron o sea porque nosotros mismo nos empeñamos en romper las linternas y quebrar los espejos que nos regresaban nítidamente el reflejo de lo que somos, ante el descontento de lo que veíamos en nosotros mismos … El SCR no admite anestesias ni autocomplacencias, el SCR puede ser muy cruel, pero nos urge recuperarlo y para ello debemos empezar por distanciarnos de las visiones partidistas y gregarias.

*Ingeniero - MBA IAE Buenos Aires Argentina

 

arnaldohg@gmail.com



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