Una primera lectura del resultado electoral: ganó Maduro, quién perdió? Hacia donde ir?

Es tarea de primer orden para todo ciudadano, en momentos como los que vive nuestro país, el esfuerzo por interpretar los procesos históricos y políticos que se suceden en la coyuntura e intentar contribuir en avizorar las perspectivas.

El resultado de las elecciones presidenciales en Venezuela a primera vista pareciera que no muestran mayores sorpresas: el Presidente Maduro fue reelecto para un nuevo período ( 2019-2025), fueron derrotados los candidatos opositores por amplio margen, se produjo una alta abstención. Sin embargo, es necesario detenerse en los datos, objetivos y subjetivos. Simbólicamente se expresa un apoyo mayoritario a la revolución bolivariana (68 % de Maduro contra 21% de Falcón). Luce derrotada la oposición en sus dos vertientes: la que llamó a participar con su propuesta de dolarizar la economía poniendo en peligro la soberanía nacional, y derrotada la propuesta de quienes llamaron a abstenerse, sin política, sin proyecto, haciendo llamados a la intervención extranjera y herederos del llamado a la violencia callejera y del intento de golpe de estado, con ribetes neo-fascistas y conservadores.

Asimismo, derrotada luce la política norteamericana y la de sus gobiernos aliados en Latinoamérica y Europa, que amenazan con desconocer el resultado electoral y aplicar más sanciones contra nuestro país, jugando a la caotización progresiva.

Pero, es un triunfo gubernamental plagado de dificultades y contradicciones. Una abstención del 54% tiene un significado importante en unas elecciones presidenciales de esta trascendencia. El descenso progresivo de la votación chavista continúa: Chávez en el 2012 obtuvo 8.191.132 votos,  el mismo Maduro en las presidenciales del 2.013 logró 7.505.338 votos contra los 5.823.788 actuales. Las acusaciones de ventajismo son numerosas: uso de los recursos del estado (nacional, gobernaciones, alcaldías, empresas del estado, medios de comunicación oficiales) en la campaña electoral; carnet de la patria, bonos, dádivas, son parte de la lista de medios utilizados para favorecer la votación oficial. Además, es preocupante la despolitización progresiva, la cooptación, la pseudoparticipación manipulada, el descuido en la formación política de la militancia, que conspira contra la construcción y fortalecimiento del Poder Popular sin el cual no hay democracia participativa y protagónica.

La ofensiva imperial no se hará esperar. Ya el Departamento de Estado y el Grupo de Lima amanecieron anunciando nuevas y mayores medidas diplomáticas, políticas y económicas contra nuestro país. La estrategia continúa su desarrollo: mostrar al mundo el ejemplo de Venezuela como el fracaso del socialismo…en buena medida provocado por la política imperial neocolonial, neofascista y neoliberal que han impulsado ellos mismos. Y, contradictoriamente, a la que ha contribuido la ineficacia, la incompetencia, el burocratismo y la corrupción que campea en el gobierno a todos los niveles.

Lo terrible es que por el actual camino no habrá salida a la crisis ni popular, ni democrática, ni soberana, ni pacífica. A eso parecieran estar jugando sectores de la oposición y del gobierno, como también actores internacionales.

Sin duda que la crisis no solo no ha terminado, apenas comienza. Todo indica que será cada día más grave. El objetivo pareciera ser la caotización del país.

Ante este panorama el desafío, desde la perspectiva, del movimiento popular es qué hacer. Creemos que se impone la necesidad de elaborar un programa, construir una organización e impulsar un nuevo liderazgo para enfrentar y superar la crisis. El programa sin duda debe tener como base la defensa y lucha por hacer realidad la vigente Constitución, que no va más allá de un programa de “mínimos” pero necesario y suficiente. Un “estado de bienestar” que puede albergar a todo venezolano, y que construye un programa de “salvación nacional” con medidas en lo económico, político y social perfectamente viables y de salidas de corto y mediano plazo. Una organización, que le dé cabida a los movimientos sociales, organizaciones y sectores muy diversos, incluyendo partidos políticos sin que estos sean los decisores. Y un nuevo liderazgo, de gente joven, sin desestimar gente honesta con experiencia, sin ataduras con el pasado, ni con intereses económicos o religiosos, foráneos o nacionales. Una consigna puede agrupar este proceso: “Por una salida popular, democrática, pacífica y soberana a la crisis”. Los asuntos neurálgicos deben ser el punto de partida. No a la intervención extranjera (soberanía). Por una salida no violenta; no a salidas autoritarias (profundizar la democracia). No a salidas burocráticas, militaristas, elitescas, clasistas ( propuesta popular). El centro de esta propuesta debe ser la lucha contra la corrupción (una propuesta ética) y la lucha por lograr la paz y el entendimiento nacional.

 

leonuzcategui2015@gmail.com



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