Carta abierta a los leninistas venezolanos

Estimados camaradas y compañeros leninistas de Venezuela,

Soy brasileño, militante marxista-leninista en mi país hace tiempo y, en cuanto tal, internacionalista. Me considero, pues, en el derecho – y en el deber – de participar de la lucha libertaria del proletariado adonde quiera que ocurra. Todos sabemos que Venezuela vive hoy momentos históricos decisivos al desarrollo de la revolución proletaria en el país, en Latinoamérica y en todo el mundo. Igual, sabemos que sin el arma del leninismo no se hace revolución. ¿No es así? Bueno, las luchas de clases asumieran en Venezuela un altísimo nivel de agudización, las contradicciones entre burguesía y proletariado alcanzaran un tal grado de radicalización hasta el punto que el camino del QUE HACER debería estar claro para todos nosotros leninistas. Pero desgraciadamente no está.

Y no está exactamente porque los principios fundamentales del leninismo – el análisis concreto de la situación concreta, el papel imprescindible de la vanguardia en la revolución proletaria, la determinación de la táctica por la estrategia y el factor militar en cuanto elemento absolutamente decisivo en la revolución entre los principales – no nos parecen ser efectivamente llevados en cuenta por los principales partidos y organizaciones revolucionarias leninistas en el país. Veamos, camaradas y compañeros.

Es indiscutible la existencia de una más que peligrosa hostilidad por parte de los partidos leninistas frente a ese fenómeno histórico-revolucionario llamado chavismo. Una no disfrazada hostilidad que no pocas veces asume la forma de irresponsable desconsideración. Es como el chavismo no existiera en la lucha revolucionaria de los trabajadores venezolanos. Por supuesto que esta expresión de la enfermedad infantil, de la que habla Lenin y que da las espaldas a realidad concreta, resulta del inmediatismo pequeño-burgués que no más que lanza a la basura los recursos de la estrategia y de la táctica, esenciales al ejercicio de una práctica verdaderamente leninista. Increíblemente no perciben los camaradas y compañeros leninistas venezolanos que esa primaria hostilidad frente al chavismo no les conduce a ellos no más que al buraco negro del trotskismo. Les pregunto a ustedes, compañeros y camaradas leninistas: ¿Dónde ese vanguardismo inmediatista, pequeño-burgués, fue instrumento de revoluciones proletarias? Repuesta: en lugar ninguno. Todo lo contrario, las líneas inmediatistas-vanguardistas solamente resultaran en graves y sangrientas derrotas a la lucha proletaria. A su vez, una de aquellas reglas fundamentales del leninismo, la exigencia del análisis concreto de la situación concreta, constituyó el arma fundamental en todas – todas – las luchas victoriosas del proletariado: Revolución Rusa, Revolución China, Revolución Cubana y todas las demás. Sí, no fuera un análisis riguroso de la realidad cubana Fidel y sus camaradas no tendrían tomado el poder. Los análisis vanguardistas de la Revolución Cubana en la línea del foquismo…, bueno, no pasan de análisis vanguardistas, siempre pequeño-burguesas.

Descartemos desde ya la estúpida hipótesis que el chavismo fuera un bonapartismo, como lo quieren los trotskistas, que aquí, una vez más entre miles y miles, demuestran su más total y completo desconocimiento de lo que sea el estado burgués y sus formas de existencia en los cuadros concretos de las luchas de clases bajo el capitalismo. Bueno, camaradas y compañeros, no voy a insistir en eso, pues, como lo dije, no hablo aquí a trotskistas, pero a marxistas y leninistas.

Concretamente, el chavismo. Sintéticamente, se puede decir que el chavismo es fundamentalmente: un movimiento nacionalista, obrero y militar enraizado histórica y políticamente en la realidad venezolana y que guarda, por razones incluso ligadas a la coyuntura internacional de la actual crisis capitalista, contradicciones inconciliables con el imperialismo. Internamente, como se sabe muy bien, en el chavismo hay tres corrientes: una conservadora, una nacionalista y otra proletaria, lo que igual corresponde a la correlación de fuerzas al nivel militar en las FANB.

Entonces: ¿Vamos a hacer una revolución proletaria en contra del chavismo concreto, en contra del conjunto total de sus fuerzas políticas y militares? ¿Sería esta la estrategia de los leninistas? No, compañeros y camaradas, tal estrategia no más que repetiría (en cuanto farsa, recuerda Marx) los graves errores que cometemos todos en Latinoamérica en los años 60 del siglo pasado. Que el chavismo es una socialdemocracia radicalizada es indiscutible, como igual es indiscutible que la revolución proletaria debe ocurrir en contra de cualquier forma del estado burgués: democracia, socialdemocracia, fascismo-bonapartismo o dictadura militar, como Marx lo formuló claramente en el 18 Brumario. Pero, por favor, atención. La instalación insurreccional de un estado proletario, de una dictadura del proletariado, no descarta – todo el contrario, lo exige – el fraccionamiento de las fuerzas armadas del estado burgués. Así lo demuestra la historia. Y, ya lo hablamos, las FANB, igual que a todo el chavismo, abriga segmentos abiertamente proletarios revolucionarios.

Y ahora la pregunta estratégica: ¿Donde vamos a buscar el nuestro aliado? ¿En Diosdado Cabello o en Eduardo Samán?

La respuesta a tal pregunta nos remete a uno de dos caminos: una estrategia revolucionaria-insurreccional o, el opuesto, una estrategia reformista. No estamos seguros que Diosdado sea el nombre-símbolo de la formación de una fuerza partidaria-clasista-militar capaz de tomar el poder a la burguesía y instalar las bases fundamentales de un estado proletario, de una dictadura del proletariado. Algunos datos dicen que sí. Lo que importa es que hablamos de la realidad concreta de la existencia de sectores revolucionarios en las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas. Vuelvo a les preguntar a ustedes, camaradas leninistas de Venezuela: ¿Es posible una revolución sin la presencia del factor militar? En Lenin, no, absolutamente no. Y el leninismo apunta inescapablemente la insurrección proletaria como el marco estratégico revolucionario que debe orientar y determinar las acciones tácticas que los leninistas deben adoptar. Fuera de eso, es reformismo o mesianismo voluntarista pequeño-burgués.

A no ser que esperemos por otra coyuntura, el año 3.000 quizás…

Eduardo Samán. Este nombre sintetiza con precisión la ausencia de una estrategia revolucionaria como elemento determinante de una táctica revolucionaria en la izquierda leninista venezolana. También por él, personalmente: un resentido ex-chavista supuestamente víctima de injusticia, como si fuera eso credencial política para lo que sea. También "honesto" y "competente", como se presenta – igual a cualquier candidato burgués en todos los tiempos en todos los lugares. Pero para allá del hombre, está la candidatura. Una candidatura que trae a la luz la emergencia de la pequeña burguesía aspirante a capitalizar para sí la crisis de la socialdemocracia radicalizada venezolana. Este es el problema central, el eje de la cuestión. Honestidad + competencia, esta é a fórmula histórica con la que los fascismos llegaran al poder. Estimados camaradas y compañeros leninistas venezolanos: Samán, sí, es el Bonaparte de la vez. Una autocrítica al apoyo a su nombre en las recientes elecciones municipales se impone como primer paso en dirección a la adopción de una verdadera estrategia revolucionaria, capaz por eso poner en la orden del día la revolución proletaria en Venezuela, Latinoamérica y en el mundo.

¡Venceremos!

*es militante del Movimento Marxista 5 de Maio-MM5/Brasil

 

leoleal46@uol.com.br



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