Venezuela en el filo de la navaja

Alguna vez el pana Hugo dijo "volveré convertido en millones". Nadie sabía lo proféticas que eran esas palabras. Y aún creo que la oposición -y muchos chavistas incluso- siguen sin entender lo que eso significa.

Pero este domingo 30, vivimos quizás una de las mayores contradicciones que ha vivido este país a lo largo de su vida. Es muy difícil entender que, en una nación con una crisis tan arrecha, sin alimentos, sin medicamentos, corrupción galopante, funcionarios incapaces e inescrupulosos, con palos de agua todo el día, alternados con un sol que quemaba, con hambre, sin una botellita de agua siquiera y los terroristas al acecho, 8.2 millones de personas se movilizaron, nos movilizamos, para ir a votar. Y conste que conozco muchos amigos, camaradas, gente de este proceso, que no fue a votar porque está arrecho con el gobierno por el mal gobierno que está haciendo. Esto quiere decir que voto a voto, puede que aparecieran tres millones más de sufragios. Pero hay un elemento más, y es que son 700 mil votos por encima de los 7.5 millones que sacó Maduro cuando le ganó a Capriles en el 2013.

¿Cómo es posible? ¿Cómo puede explicarse esto? Porque había muchos votos viejos, pensionados y todo lo demás, pero me impresionó la cantidad de votos jóvenes, tomando en cuenta que el padrón electoral aumentó. Por qué esos votos jóvenes participaron cuando según la oposición, millones se están yendo del país. Y qué ocurre que 8 millones y un piquito de personas prefiere seguir apostando al gobierno que a una oposición carcomida por el odio y la violencia, pero sin propuesta alguna.

Mi análisis me indica que efectivamente la gente achaca la razón fundamental de la crisis tanto a la oposición como al sabotaje de las empresas que disminuyeron su producción. Y aunque entiende que la ineficiencia del gobierno es parte del problema, fundamenta su fe en la esperanza de que una Asamblea Nacional Constituyente va a resolver el problema.

Pero hay una razón que tiene mucho más peso. El pueblo sabe que siempre es la primera víctima de cualquier conflicto político-social-económico y que la represión llega primero a ellos. Por trescientos años ha sido así y siempre será así. Es una información que se trasmite a los genes en un proceso conocido como epigenética. Lo lleva en la hipófisis. Lo que el pueblo ha visto y lo que ha vivido en estos últimos 120 días, le dice de qué tamaño es la violencia que le tocaría vivir si cayera el gobierno y quedara en manos de un montón de locos que no tienen idea de qué hacer ni siquiera con sus vidas. Saben, además, lo aprendieron del Arañero de Sabaneta, que este es un país con muchos recursos, pero que si cae en manos de la oposición, no le llegará ni siquiera una ñinguita de los beneficios, como ocurrió otrora.

Lo otro es que efectivamente la gente no es cobarde, pero no le gusta el conflicto. Si tiene que enfrentarse, lo hará, pero si puede evitarlo, también lo hará. Hubiera sido muy bueno que algunos de esos dirigentes opositores hubieran estado en algunas de esas colas en el sur de Valencia. Le sorprendería las expresiones de la gente, con un nivel de humildad que agrede, pero con un verbo que sorprende, explicando la necesidad de votar y de no permitir que se entregue el país.

Y eso que los sabotajes y los niveles de violencia desatados este domingo no fueron normales. Como el del pobre hombre que detuvieron en El Tijerazo, lo golpearon y le pegaron fuego a su camioneta de pasajeros. Cómo se ve que esos delincuentes no saben lo que eso significa. La primera reacción de sus familiares es ir a votar. Si estaban reacios, encontraron un motivo. Fue una de las mayores expresiones que se escucharon en las colas. "Hay que votar para acabar con esta violencia a ver si el país vuelve a ser normal".

¿Cuál fue la reacción de los familiares de ese guardia nacional al que volaron con una granada por allá en el llano? Ir a sufragar.

Las redes sociales no fueron menos y ya a las cuatro de la tarde, los falsos venezolanos que hacen vida en Miami, anunciaban solo un 6 por ciento de participación, algo así como un millón y un poquito de votos. Cualquiera que haga análisis entiende de inmediato que eso es imposible. Lo que se llama el chavismo duro, los cuadros, los que va en primera fila, armados para enfrentar al enemigo, los que van a morir por su país, con toda seguridad son más de dos millones. Ergo, es una estupidez decir semejante dislate.

A las seis de la tarde Henry Ramos Allup anunciaba la muerte de 16 personas asesinados por el gobierno, mentiras que recogieron todos los medios internacionales como una verdad.

Para cuando escribo esta columna, estoy monitoreando a Henrique Capriles que va a encabezar a los millones de personas que se plantarán frente a Miraflores para denunciar fraude. ¿Cómo es posible que ocho millones de votos no le digan nada? ¿Cómo se puede ser tan obtuso? Eso en política tiene un costo. Y los están pagando. El problema está en que ellos no saben qué es política.

Esas son razones por las cuales, los mismos opositores, algunos no tan tarados, algunos no tan focas, que incluso fueron a votar ayer, entendieron que no le pueden dejar el país a una manga de ignorantes que se niegan a ver la realidad. A muchos no les gustó -y me consta- que en pleno peo, Freddy Guevara se fuera para Miami. Todos sabemos que fue a buscar instrucciones del Departamento de Estado, pero una disimuladita no hubiera estado mal.

Creo que la candela viene ahora, porque se espera de la Constituyente mucho más de lo que realmente va a dar. Y sobretodo porque muchos de los electos son responsables directos de la desgracia del país. Gobernadores, alcaldes y dirigentes, signados por la corrupción y la incapacidad, en esencia, contrarrevolucionarios.

Y creo además que hay cosas que a mi juicio son claves para que el proceso continúe: uno) reestructuración del Poder Judicial, incluyendo una modificación del Código Penal; dos) una muy agresiva y planificada política económica para sacar al país del atolladero; y tres) la redefinición del poder popular como el poder real que puede construir una nueva sociedad, la sociedad del hombre sin conflicto. Todo es un sueño, porque sé que la ANC no tiene facultades para eso, como no la tiene para impedir que los militares dejen de importar cosas que se pueden producir en el país para ganarse miles de dólares, ni para que los gobernadores y alcaldes se dediquen a poner luz y asfalten calles y avenidas, ni para que sigan haciendo pingues negocios con la harina de trigo, ni para que las empresas en manos del Estado comiencen a producir y no generen pérdidas, ni para que les sigan dando los vehículos y viviendas a opositores de la clase media. Y una larga cadena de etcéteras.

Ya lo dije y lo repito. No albergo mis esperanzas en la Constituyente, pero sé que hay hombres y mujeres allí que pueden dar una dura batalla para redefinir todo. Necesitamos comenzar de cero y este sería un buen punto de partida. Lo primero que debe detenerse es la castración ideológica. Y estimular un amplio debate político-ideológico que incorpore la participación de miles de personas en función de la construcción de un país.

Si la Constituyente no genera una respuesta, será muy difícil hacer que esos ocho millones de votos no se vuelvan contra sus impulsores. La crisis no es un juego y el país está en el filo de la navaja.



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Rafael Rodríguez Olmos

Periodista, analista político, profesor universitario y articulista. Desde hace nueve años mantiene su programa de radio ¿Aquí no es así?, que se transmite en Valencia por Tecnológica 93.7 FM.

 rafaelolmos101@gmail.com      @aureliano2327

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