La batiburrillada del socialismo del siglo XXI y su práctica ecléctica

Próximamente en pocos meses se recordará y se celebrará los cien (100) años de la Revolución Bolchevique de 1917. El espiral dialéctico e histórico precisa los movimientos de la luchas de clases como el motor de la historia, a su vez, nos profundiza en las experiencia obtenidas en la humanidad, visualizando en lo general y en lo particular las causas, consecuencias y secuelas, en la búsqueda de una sociedad más justa e equilibrada entre los seres humanos y la naturaleza. Hoy, como comunista, quiero hacer colectiva esta reflexión apoyado con el Discurso del Camarada Vladimir Ilich Uliánov LENIN, dirigido a la Unión de Juventudes Comunistas, del siglo recién pasado. Para que en colectivo poder cotejar las contradicciones antagónicas y no antagónicas, sin esa ambivalencia de querer obviar la lucha de clase en la construcción del Socialismo como etapa transitoria al Comunismo Científico. Así les planteo Lenin a aquellos jóvenes de 1920:

Me detendré ante todo en el problema de la moral comunista.

Tienen ustedes que educarse como comunistas. La tarea de la Unión de Juventudes consiste en organizar su actividad práctica de modo que al Estudiar, Organizarse, Unirse y Luchar, dicha juventud haga su educación de comunistas y la de todos los que la reconocen como su guía. Toda la educación, toda la enseñanza y toda la formación de la juventud contemporánea deben darle el espíritu de la moral comunista.

¿Pero existe una moral comunista? ¿Existe una ética comunista? Es evidente que sí. Se pretende muchas veces que nosotros no tenemos nuestra moral propia, y la burguesía nos acusa con frecuencia, de que nosotros, los comunistas, diciendo que negamos toda moral. Esto no es más que una forma cualquiera de maniobrar, embrollar para suplantar los conceptos, las ideas y de arrojar tierra a los ojos de los obreros y de los campesinos.

¿En qué sentido negamos la moral y la ética?

La negamos en el sentido en que la ha predicado la burguesía, deduciéndola de los mandamientos de divinos. A este respecto decimos, como es naturalmente no creemos en Dios, y sabemos muy bien que el clero, los terratenientes y la burguesía hablaban en nombre de Dios para defender sus intereses de explotadores. O bien, en lugar de tomar como punto de partida de la moral, los dictados de la ética, los mandamientos de Dios, partían de frases idealistas o semidealistas que, en definitiva, se parecían extraordinariamente a los mandamientos de Dios.

Nosotros negamos toda moralidad de esa índole tomada de concepciones al margen de la naturaleza humana, al margen de las clases. Decimos que eso es engañar, embaucar a los obreros y campesinos y nublar sus cerebros, su conciencia en provecho de los terratenientes y capitalistas.

Decimos que nuestra moral está enteramente subordinada a los intereses de la lucha de clases del proletariado. Nuestra ética tiene por punto de partida tos intereses de la lucha de clases del proletariado.

La antigua sociedad se basaba en la opresión de todos los obreros y de todos los campesinos por los terratenientes y capitalistas. Necesitábamos destruirla, necesitábamos derribar a estos opresores, pero para ello debíamos crear la unidad. Y no era Dios quien podía crearla.

Esta unión no podía venir más que de las fábricas, de un proletariado instruido, disciplinado, despertado de su viejo letargo. Solamente cuando se constituyó esta clase, comenzó el movimiento de las masas que condujo a lo que vemos hoy: al triunfo de la revolución proletaria en uno de los países más débiles, que se está defendiendo desde hace tres años contra el embate de la burguesía de todo el mundo. Y Vemos cómo crece la revolución proletaria en todo el orbe. Ahora decimos, basándonos en la experiencia, que únicamente el proletariado ha podido crear una fuerza tan cohesionada; que es seguida por la clase campesina dispersa y fragmentada y que ha sido capaz de resistir todas las embestidas de los explotadores. Sólo esta clase puede ayudar a las masas trabajadoras a unirse, a agruparse, a hacer triunfar y consolidar definitivamente, a coronar, en definitiva, la construcción de la sociedad comunista, a edificarla por completo.

Por eso, decimos que, para nosotros, la moralidad tomada fuera de la sociedad humana no existe; es un engaño. Para nosotros, la moral está subordinada a los intereses de la lucha de clases del proletariado.

Ahora bien, ¿en qué consiste esta lucha de clases? En derrocar al zar, en derribar a los capitalistas, en aniquilar a la clase capitalista.

¿Y Qué son las clases en general? Es lo que permite a una parte de la sociedad apropiarse del trabajo de otra. Si una parte de la sociedad se apropia de toda la tierra, tenemos la clase de los terratenientes y la de los campesinos. Si una parte de la sociedad posee las fábricas, las acciones y los capitales, mientras que la otra trabaja en esas fábricas, tenemos la clase de los capitalistas y la de los proletarios.

No fue difícil desembarazarse del zar: bastaron algunos días. No fue muy difícil echar a los terratenientes: pudimos hacerlo en algunos meses. Tampoco fue muy difícil echar a los capitalistas. Pero suprimir las clases es infinitamente más difícil; subsiste aún la división en obreros y campesinos. En cuanto un campesino instalado en una parcela de tierra se apropia el trigo sobrante, es decir, trigo que no es indispensable para él ni para su ganado, mientras los demás carecen de pan, se convierte ya en un explotador. Cuanto más trigo retiene, más gana, y nada le importa que los demás tengan hambre: "Cuanto más hambre tengan, más caro venderá el trigo". Es preciso que todos trabajen con un Plan Común, en una tierra Común, en Fábricas Comunes y conforme a unas Normas Comunes. ¿Es esto fácil de realizar? Ya ven ustedes mismos que es más difícil solucionar esto que echar al zar, a los terratenientes y a los capitalistas. Para eso es preciso que el proletariado trasforme, reeduque a una parte de los campesinos, y atraiga a su lado a los campesinos trabajadores, con el fin de quebrar la resistencia de los campesinos ricos, que se lucran con la miseria de los demás. Resulta, pues, que la lucha del proletariado está lejos de haber terminado después de haber derribado al zar y expulsado a los terratenientes y a los capitalistas; justamente el llevarla a término es el objetivo del régimen al que llamamos dictadura del proletariado.

La lucha de clases continúa, sólo ha cambiado sus formas. Es la lucha de clases del proletariado que tiene por objeto impedir el regreso de los antiguos explotadores y unir en un todo a la dispersa e ignorante masa campesina. La lucha de clases continúa y es nuestro deber subordinarle todos los intereses a esta lucha. Por eso le subordinamos a este deber nuestra moral comunista. Decimos: es moral lo que sirve para destruir la antigua sociedad explotadora y para agrupar a todos los trabajadores alrededor del proletariado, creador de la nueva sociedad comunista.

La moral comunista es la que sirve para esta lucha, la que une a los trabajadores contra toda explotación y contra toda pequeña propiedad, porque la pequeña propiedad entrega a un individuo lo que ha sido creado por el trabajo de toda la sociedad. La tierra es considerada entre nosotros como propiedad común.

¿Qué ocurre si de esta propiedad común tomo una parte, si cultivo en ella dos veces más trigo del que necesito, si especulo con el sobrante de la cosecha, si calculo que cuanta más hambre padezcan otros, más caro me pagarán? ¿Obro entonces como un comunista? No, obro como explotador, como propietario. Contra esto necesitamos luchar. Si las cosas continuasen así, volveríamos al pasado, a caer bajo el poder de los capitalistas y de la burguesía, como ha ocurrido más de una vez en las revoluciones anteriores. Para evitar que se restaure el poder de los capitalistas y de la burguesía, debemos prohibir el mercantilismo, debemos impedir que unos individuos se enriquezcan a costa de los demás. Para esto es necesario que todos los trabajadores se sumen al proletariado e instauren la sociedad comunista. En esto consiste precisamente la característica esencial de la tarea más importante de la Unión de las Juventudes Comunistas y de sus organizaciones.

La antigua sociedad se basaba en el siguiente principio: saqueas a tu prójimo o te saquea él; trabajas para otro, u otro trabaja para ti; eres esclavista o esclavo. Es natural que los hombres educados en semejante sociedad asimilen, por así decirlo, con la leche materna, la psicología, la costumbre, la idea de que no hay más que amo o esclavo, o pequeño propietario, pequeño empleado, pequeño funcionario, intelectual, en una palabra, hombres que se ocupan exclusivamente de lo suyo sin pensar en los demás.

Si yo exploto mi parcela de tierra, poco me importan los demás; si alguien tiene hambre, tanto mejor: venderá más caro mi trigo. Si tengo mi puestecito de médico, de ingeniero, de maestro o de empleado, ¿qué me importan los demás? Si me arrastro ante los poderosos, es posible que conserve mi puesto y a lo mejor pueda hacer carrera y llegar a ser burgués. Esta psicología, esta mentalidad no pueden existir en un comunista. Cuando los obreros y campesinos demostraron que somos capaces con nuestras propias fuerzas de defendernos y de crear una nueva sociedad, en ese mismo momento nació la nueva educación comunista, educación creada en la lucha contra los explotadores y en alianza con el proletariado, contra los egoístas y los pequeños propietarios, contra ese estado de espíritu y esas costumbres que dicen: "Yo busco mi propio beneficio y lo demás no me interesa".

Esta recopilación de este brillante discurso sin aspavientos, nos podría ayudar, a romper con la cultura servil de más de quinientos establecida por la invasión europea en todo el bloque terráqueo, y Nuestra América como dijo José Martí, no fue la excepción de esa contaminación eclética.

POR LA ACCIÓN CON DECISIÓN Y VALOR FRENTE A LOS PELIGROS

MORTALES…

EL DEBER TODOS LAS Y LOS JOVENES ES: ESTUDIAR, UNIR, ORGANIZA PARA LUCHAR AL LADO DEL PROLETARIADO Y EL CAMPESINADO…

LA CONSIGNA ES VECER…

¡VIVA LA CLASE OBRERA!

¡VIVA LA JUVENTUD COMUNISTA Y DEMÁS ORGANIZACIONES JUVENILES REVOLUCIONARIAS!

¡SOCIALISMO CIENTÍFICO O RESTAURACIÓN CAPITALISTA!

¡VENCEREMOS!



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