El crecimiento económico en una sociedad socialista

La economía es una sola; sus posibles diferencias estriban en su apreciación, uso y énfasis de su aplicación. Por ello, en el capitalismo es determinista, funcionalista y competitiva en cuanto a una economía que evoluciona de acuerdo al comportamiento libre de los mercados nacional e internacional (shocks externos) en lo comercial, financiero y crediticio; sin la intervención del Estado o de los poderes públicos que pudieran interferir en las relaciones de producción y comercialización. Su razón de ser es esencialmente la acumulación sin cortapisas, de riquezas en unos pocos.

Mientras que en el socialismo, la economía es ético-política en lo social; que atiende el desarrollo sostenible de lo humano y de la naturaleza, preservando las relaciones armónicas de producción y una administración y distribución razonable de riquezas con equidad y justicia, traducidas en una mejor calidad de vida.

La economía capitalista se concibe para mantener el estatus quo de un sistema de relaciones de producción regido por dos premisas: la explotación del ser humano que genera plusvalía y su consecuente robo por parte del patrono que le genera ganancias y lucro; conformando así una clase social privilegiada. Un sistema que a su vez se cimenta en el trabajo enajenante que conduce al trabajador a ser sumiso y obediente frente a su amo.

Por el contrario, en el socialismo, la economía está asociada a la transformación radical del ser humano, de la conciencia, de la sociedad entera y a la necesidad del cambio permanente en las relaciones de producción; todo ello en procura de favorecer el trabajo liberador, de sujetos luchando por su propia emancipación, de la erradicación de las clases sociales y de un crecimiento sostenido del bienestar social y ambiental.

Ahora, cuando hablamos de crecimiento económico igualmente lo concebimos como uno solo; sin embargo, en el capitalismo dicho crecimiento está asociado tanto a lo macroeconómico centrado en recursos naturales y en la productividad, como a la acumulación de capital e incremento de su tasa de beneficios. Y como consecuencia, al desarrollo per se de los factores productivos junto al valor monetario que generan los bienes primarios y transables, y los servicios; cuyo crecimiento se estima y calcula dependiendo del precio de los mercados internacionales, del costo del financiamiento externo, de los ingresos, de los impuestos indirectos y las subvenciones.

Mientras que en el socialismo, el crecimiento económico tiene una connotación sociopolítica al estar vinculado más bien a una economía totalmente diversificada (industria, agricultura, turismo, etc.), al incremento de la fuerza de trabajo y a la satisfacción plena de las necesidades del pueblo; asimismo al mejoramiento de la salud y educación, al desarrollo de las capacidades y potencialidades humanas, al aumento del ingreso real por habitante y al crecimiento de los niveles y condiciones de vida familiar, colectiva y comunitaria.

Por ello, la estimación y cálculo de tal crecimiento económico en una sociedad socialista, deberían ser otras; muy apartadas de aquellas convencionales propias del capitalismo, pautadas por los organismos internacionales del comercio y la banca. No quiere decir que desestimemos la aproximación cuantitativa en el estudio del crecimiento económico con sus fluctuaciones y asociaciones de regresión, correlación y covarianza entre diversas variables e indicadores susceptibles de ser medibles (escolaridad, fuerza laboral, tasas de crecimiento del PIB, sistema financiero, infraestructura, inflación, tasa de empleo, etc.); sino encausar las estimaciones de crecimiento económico hacia el estudio integrativo-adaptativo sobre la cualidad y proyección de dichas variables; que incluya la calidad de la política económica, la inversión social, la innovación científico-tecnológica y la cultura revolucionaria en cuanto a garantizar los derechos humanos y sociales del pueblo.

Variables que incluyan de la misma manera, nuevas formas de organizar los medios de producción; así como la organización social de la fuerza de trabajo contextualizada en la territorialidad, en sus potencialidades, en los saberes, experiencias, creencias y tradiciones locales. Al respecto, nunca perdamos de vista el III objetivo histórico del Plan de la Patria 2013-2019, proyectado hacia el futuro.



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Sergio García Ponce

Ex-vicerrector de Desarrollo Territorial de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV).

 sagarciap@yahoo.es

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