Proyecto civilizatorio y el lastre cultural de la sumisión impuesta

"El triunfo del proyecto bolivariano se debe, en buena parte, a su carácter reivindicatorio de las diversas formas socioculturales originarias de la nacionalidad venezolana, nucleadas en torno a la ideología unificadora del pensamiento bolivariano y, por otra parte, su capacidad de empoderar y desarrollar los diversos sectores de la sociedad venezolana estimulando sus fuerzas positivas, canalizando sus esperanzas en tanto que colectivos organizados, rompiendo el estereotipo social individualista y egoísta impulsado por el proyecto neoliberal de la IV república" (biblioteca Sanoja/Vargas. Razones para una revolución volumen II pp 134).

Una vez más, estamos en la oportunidad histórica de romper ese hilo invisible que nos mantiene unidos al sistema individualista, heredado de la colonia y perpetuado por las clases dominantes; formadas al amparo del usufructo de las riquezas y de la explotación del trabajo ajeno, ese hilo invisible al que hacemos referencia, nos mantiene en condiciones de subordinados y espectadores de lo que hacen otros, beneficiarios de las "buenas intenciones" promotores de un concepto alienante de disciplina, que niega nuestras capacidades y nuestro derecho a ejercer de pleno, el rol histórico que nos corresponde como pueblo que lucha por tomar las riendas de su destino.

Pudiésemos despachar este artículo, dándole carácter relevante a lo coyuntural de la crisis, u oficializando el criterio y nuestras opiniones; pero creemos llegado el momento de puntualizar, sin la vehemencia fanática de quienes defienden su derecho individual a estar en una nómina, o; las aspiraciones sectarias de controlar una cuota de poder en la estructura del estado que lo haga revivir su herencia representativa, como vía para someter a sus iguales y seguir soñando con arrimarse a su enemigo histórico.

Cada expresión organizada y promovida por el pueblo, ha dejado como saldo incuestionable, un cumulo de experiencias que hoy pueden y deben presentarse como base fundamental de cualquier plan, que pretenda viabilizar proyectos reivindicatorios, que tengan por prioridad pagar la deuda histórica de saqueos, desmanes y exterminio de la esencia solidaria, que como pueblo tenemos. Esa condición, para nosotros representa el punto de partida para la conformación de una fuerza social que sea capaz de romper de una vez y para siempre, el carácter representativo de la participación y crear escenarios para lo nuevo, que expresado en la constitución y las leyes, parece no tener cabida en el concepto político de quienes tratan de sobrevivir entre diálogos y concesiones.

Sería muy provechoso para el proceso que vivimos, el reconocimiento de todos los actores y la inclusión de todos los criterios, para hacer valer y convertir en asunto cotidiano, la practica permanente de los principios y valores de la democracia participativa y protagónica, el impulso de un nuevo tipo de relaciones y el establecimiento de una nueva lógica; que nos lleve a impulsar un concepto distinto de participación y compromiso, sin que eso signifique la subordinación a intereses extraños a las aspiraciones colectivas.

Desde la iniciativa tomada por el pueblo en 1998, para elegir a Chávez como presidente de la república, contrariando todos los pronósticos y rompiendo la herencia política del bipartidismo, impuesta por los representantes de viejas castas, que lograron su hegemonía; a partir de la administración de la renta y el uso de la estructura del estado como garantía de apropiación impune de todo cuanto fuese necesario para perpetuarse en el poder, hemos sido copartícipes en el impulso de un modelo distinto, en el cual la consulta y el debate eran esencia central para la movilización y el encuentro, y también, para el sentimiento colectivo de estar aportando elementos estructurantes de algo nuevo.

Muchas de las opiniones y posturas expresadas por representantes de otros países, en torno a lo que internamente sucede en nuestro país, es reflejo inequívoco de la condición colonial del concepto de soberanía, independencia y autonomía; tuteladas por los centros de poder imperial y aplaudidas por las clases sociales que históricamente detentaron el poder y se consideran herederas del absolutismo, otorgado por la superioridad de la raza o la cuantía de su fortuna, lograda por el despojo de las riquezas o la entrega de las mismas a intereses transnacionales que han dejado migajas en forma de comisiones y de las cuales solo ellos se beneficiaban.

Es curioso ver, cómo; ante la opinión en el departamento de estado, de un vocero de cualquier nivel (hasta el portero de la casa blanca opina), se arma una especie de aquelarre que va generando reacciones en todo el continente, y más allá; que secundan las expresiones en contra de Venezuela y que termina siendo elemento central en los discursos de actores políticos, tratan de crear una imagen de país aislado, de estado fallido como paso previo para el desconocimiento de instituciones y leyes plenamente vigentes.

Todas las acciones emprendidas por los sectores de oposición para acabar con la revolución bolivariana y la posibilidad continental de ejercer plena soberanía en nuestros países, tienen como ingrediente principal la sumisión histórica del malinchismo y la carga moral de la traición; a los deseos generales de un pueblo decidido a ser libre y asumir su destino de constructor de nuevas realidades.

franco__rivas@hotmail.com



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Henry Franco Rivas

Comunicador popular. Miembro del Colectivo Radiofónico de Petare y de la emisora Al son del 23 en Caracas

 ccdresistencia9960@gmail.com

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