(Eje Norte de Santander- Táchira)

Breve esbozo histórico del espacio fronterizo colombo-venezolano

Los flujos migratorios y los procesos de intercambio no se producen de manera aleatoria. Tampoco responden a decisiones individuales aisladas. Por el contrario, están determinadas por condiciones histórico-geográficas, sociales, políticas, económicas y culturales concretas.

En la presente reflexión se exponen de manera superficial algunos hitos históricos que han condicionado los procesos migratorios (concebidos desde la construcción republicana contemporánea), y los procesos-condiciones de intercambio económico, dados en el corredor fronterizo colombo-venezolano desde finales del siglo IXX hasta la actualidad, así como su impacto sobre los flujos migratorios, los cuales se reconocen como procesos de estructuración de la dinámica del espacio fronterizo colombo-venezolano en el eje Norte de Santander- Táchira (de la construcción del tejido social fronterizo indisoluble entre ambos pueblos), y que determinan su condición en la narrativa, como la frontera terrestre más activa del hemisferio.

Cabe mencionar que ese tejido social fronterizo trasciende el ámbito de las relaciones binacionales, pues existía antes de la configuración de las dos repúblicas. Inicialmente porque el territorio que comprende este corredor, fue soporte de un entramado de relaciones ancestrales entre pueblos originarios. Y posteriormente, porque este territorio fue escenario de dos hechos históricos de integración radical entre los pueblos: en primer lugar la rebelión de los comuneros de (1781), en el marco de la sociedad colonial; y en segundo lugar, en la Campaña Admirable (1813), en el marco de la guerra de independencia.

Las migraciones como expresión histórica-social de la dinámica fronteriza

Las estrechas relaciones sociales dadas entre la población del estado Táchira y del departamento Norte de Santander, han determinado la materialización de notables procesos de intercambio poblacional.

El aislamiento histórico de la zona fronteriza, e incluso las circunstancias de abandono estatal (con elevadas tasas de analfabetismo y reducidos índices de escolaridad en ambas regiones) propició una lógica de complementariedad.

Los intensos flujos migratorios han producido un fenómeno de intercambio de población, dado por condiciones históricas específicas. A continuación se expone una periodización delimitada a través de hitos históricos y contextos que han determinado la materialización de esos flujos de población.

§ Periodo de consolidación republicana:

Desde finales del siglo IXX, predominó un flujo de estudiantes venezolanos hacia colegios religiosos de Colombia. La influencia de la Iglesia Católica era notable en el sistema educativo de ese país, lo cual, resultaba atractivo ideológicamente para las clases terratenientes del Táchira y para algunas familias de las capas medias (para citar un caso, Cipriano Castro realizó estudios en el Colegio Seminario de Pamplona).

Posteriormente, a principios del siglo XX, diversas situaciones políticas generaron flujos migratorios –en ambos sentidos- de relevancia demográfica. Las diversas guerras intestinas de Colombia, y el denominado éxodo tachirense, dado por las tensiones entre un sector de la burguesía comercial local y el gobernador del Táchira Eustoquio Gómez (cuyo conflicto se desencadenó por el control del contrabando), generaron intercambios de población intermitentes y con variaciones en la trayectoria de los flujos.

§ El café venezolano como factor del primer gran éxodo:

Antes de 1930, el precio del café en el mercado internacional, así como las potencialidades de crecimiento para la explotación de ese rubro en el Táchira, originaron el primer éxodo migratorio notable desde el punto de vista demográfico, de colombianos(as) hacia Venezuela, lo que derivó en que muchos migrantes se movilizaran al territorio venezolano.

Ese proceso significó la creación de vínculos y de un mayor arraigo entre la población de ambos países. En este caso el intercambio fue de carácter masivo (pues incluyó a las clases asalariadas), y por ende, sus implicaciones en el tejido social tuvieron un mayor alcance. Esa coyuntura representa un hito clave en la construcción de los lazos sociales y culturales presentes en la actualidad en la frontera colombo-venezolana.

§ La renta petrolera como factor de crecimiento y el segundo gran éxodo:

La ingente renta captada por el Estado venezolano por la actividad petrolera, generó las condiciones para el crecimiento económico de Venezuela. La capacidad de inversión en infraestructura y la posibilidad de emprendimiento de la burguesía terrateniente y comercial, dispararon la demanda de fuerza de trabajo. Tal situación hizo sostenible la producción de café en el Táchira, e incluso permitió ciertos niveles de industrialización de ese rubro (en un escenario adverso por la caída del precio del café en el mercado mundial).

Ofertas de empleo bien remunerado, atención médica, educación pública y gratuita, servicios públicos y una situación política que contrastaba con la denominada época de la violencia en Colombia, determinaron el segundo gran éxodo de colombianos(as) hacia Venezuela, cuyo zenit se produjo en la década de los cincuenta del siglo pasado.

El impacto social y cultural de ese gran éxodo es inconmensurable. Los flujos migratorios se hicieron más intensos, e incluso se regularizaron con un acuerdo binacional (el denominado Tratado de Tonchalá). El paso fronterizo presentó un cambio cualitativo y cuantitativo que favoreció la génesis de la zona fronteriza de mayor intercambio humano de las Américas.

§ La Venezuela de los petrodólares y el tercer gran éxodo:

El auge de la denominada Venezuela Saudita, ocasionada por la crisis financiera-energética de 1973, produjo el tercer gran éxodo (probablemente el más importante), el cual, además de profundizar las asimetrías en los flujos migratorios, determinó una lógica económica que aún tiene plena vigencia: la dependencia económica del Norte de Santander respecto al Táchira. En palabras del profesor Pavel Rondón, "Cúcuta es una sobre-determinación del Táchira". Dicho de otra manera, la economía de esa ciudad –en particular, sus procesos de acumulación de capital- tienen su base material en Venezuela.

Tal situación reconfiguró las relaciones binacionales, y fue el punto de partida de la lógica de intercambio desigual que se instauró y que persiste en la frontera, mediante el cual se produce un fenómeno de acumulación por desposesión de la renta petrolera (que ha mutado en sus mecanismos de usufructo de acuerdo con las realidades económicas presentes en Venezuela).

§ La Revolución Bolivariana y el cuarto gran éxodo:

El crecimiento económico alcanzado por Venezuela a partir de 2003, desencadenó el cuarto éxodo de colombianos(as) hacia Venezuela. Las políticasd públicas y programas de atención social (desde una visión incluyente) de la revolución bolivariana, y la nueva lógica de redistribución de la renta inherente a este proceso político, incentivaron una nueva oleada migratoria.

Cabe mencionar que en ese momento el gobierno venezolano implementó una política de regularización y naturalización de población de origen extranjero (misión identidad), y ese proceso estuvo mediado por corruptelas escandalosas que derivaron en que una proporción notable de los habitantes de Cúcuta fueron naturalizados de manera fraudulenta (y por tanto tienen derechos económicos plenos en Venezuela).

En ese contexto, la presión económica-financiera de los EEUU sobre Venezuela (fortalecida por la dependencia monetaria respecto al dólar americano), así como algunas medidas irregulares respecto a las normas internacionales en materias de transacciones monetarias en la legislación colombiana (como es el caso de la Resolución 008), redundaron en la desestabilización del signo monetario nacional y el consecuente diferencial cambiario abismal con el que se tranza el Bolívar en Cúcuta en la actualidad.

Esa situación ha propiciado la instauración de una PARAECONOMÍA o economía delictiva en la frontera colombo-venezolana –sostenida y aprovechada en gran parte por estructuras paramilitares- que mediante el usufructo del contrabando de extracción y la fuga de capitales: ha derivado en la agudización de problemas como la escasez y la inflación en Venezuela, y representa la raíz de las medidas de cierre de frontera y Estado de Excepción asumida por el Gobierno Bolivariano.

A pesar de la crisis actual –evidente en Venezuela desde 2009 y agudizada desde 2013- no se ha alterado la trayectoria de los flujos migratorios. Según cifras oficiales durante los primeros 7 meses del año 2015 se registraron 121.834 migraciones de ciudadanos colombianos a Venezuela, mientras el presidente de Colombia Juan Manuel Santos se jacta de que hay aproximadamente 12.000 venezolanos trabajando en ese país.

De igual manera, según las estadísticas oficiales de los pasos fronterizos en el eje: Norte de Santander- Táchira (en particular en los puentes de la Zona 1 de Estado de Excepción ubicados en Ureña y San Antonio), se aprecia que los flujos de población entre los dos países siguen siendo notables, y llega a niveles que superan o se equiparan a los movimientos migratorios dados en cualquier frontera binacional del hemisferio.

Las cifras anteriores demuestran que aún en condiciones tan adversas y complejas, el tejido social fronterizo, materializado a través de las muy diversas formas de interacción entre los pueblos, es el centro de las relaciones humanas y la satisfacción mutua de necesidades. Además, esta circunstancia es una evidencia de que dichas relaciones trascienden el ámbito de la política de ambos Estados.

A manera de cierre: Las nuevas condiciones de la frontera colombo-venezolana

El tránsito fronterizo presenta una situación más compleja ante la combinación de las medidas del gobierno venezolano con las nuevas e inéditas restricciones asumidas recientemente por la República de Colombia. Aunque esas medidas son legales y soberanas, acentúan las dificultades para la población fronteriza.

Sin embargo, a pesar de las contradicciones, es positivo que ambos Estados hayan reconocido la gravedad de la situación en la frontera compartida (precisamente eso ha motivado las medidas que cada gobierno ha tomado de manera unilateral). La ciudadanía de la frontera espera que esta crisis se convierta en una gran oportunidad para generar las transformaciones que exigen la realidad.

Es responsabilidad de los gobiernos nacionales de los dos países, reducir la hostilidad en la narrativa, y de manera simultánea, reimpulsar los canales de comunicación que permitan la búsqueda conjunta y corresponsable (con participación de todos los sectores sociales) de soluciones bilaterales a la compleja situación actual.

Además es necesario que se reconozca la naturaleza sistémica de los problemas presentes en la frontera, los cuales no son exclusivos de estos ámbitos, sino que son la expresión de los problemas, las contradicciones y las tensiones sociales que se desarrollan en las dos formaciones económico-sociales, de tal manera de erradicar la estigmatización-segregación, así como la vulneración de derechos de la población fronteriza.

La crisis es una oportunidad para construir un marco de relaciones (sobre la base de voluntad política bilateral y mediante medidas coordinadas-sistemáticas) que permitan la erradicación del Para-Estado de origen y signo trasnacional, así como las distorsiones económicas producidas por la presencia de factores de capital ficticio, las cuales han determinado que la frontera colombo-venezolana sea un enclave de procesos de acumulación delictiva. Se trata de construir una frontera centrada en lo humano, y signada por la complementariedad para la satisfacción de las necesidades de la población de la frontera.

@jorgeforero89

Profesor e Investigador



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Jorge Forero

Integrante del Colectivo Pedro Correa / Profesor e Investigador

 boltxevike89@hotmail.com      @jorgeforero89

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