La tragedia de la ineficacia

La renta petrolera se convirtió en Venezuela, a partir de comienzos del siglo XX, en el principal elemento de ingresos del país. Esto hizo que los demás factores de producción quedasen relegados. Bienes como la agricultura, la ganadería y la industria en todos sus procesos, llegaron casi a desaparecer, lográndose así que el país dependiera casi en su totalidad de una renta petrolera que la hacía cada vez más dependiente del exterior.

Por lo tanto, se podría decir, sin exageraciones, que Venezuela no logró nunca convertirse en un país capitalista como tal. Dentro de las definiciones de capitalismo está aquella en que los medios de producción deben pertenecer a los que han invertido capital.

Por contraste, nuestro principal medio de producción proviene de la riqueza no creada por medios propios, ya que depende de una materia no renovable como el petróleo, es perecedera, y si no se usa para producir bienes libres y abundantes, es decir, que estén disponibles en la naturaleza, como el agro, la ganadería, etc, estaremos a merced de compañías extranjeras, que lo único que han hecho es vendernos materia ya elaborada, gracias a los dólares del petróleo.

Ningún “industrial” o “empresario” en Venezuela, con pocas excepciones, ha generado riqueza propia, y menos aún, se ha convertido en un verdadero medio de producción, distinto del petróleo. Este supuesto “empresario” sólo se ha dado a la tarea de importar para luego sacar provecho de los dólares adquiridos a través del Estado, exclusivamente para su beneficio, sin ser productivo y nunca devolviendo lo prestado.

Los sectores primarios y secundarios de la economía nunca han jugado un rol efectivo como hacedores de bienestar y provecho para las grandes mayorías, hemos quedado sujetos a un sector terciario que sólo depende de las importaciones.

Continuamos negando el hecho de la tan divulgada transferencia de tecnología. Hay ministros aún en funciones, que han traído al país fábricas de motos para su ensamblaje, no sólo contribuyendo a un caos automotor, sino que no somos capaces de producir ni una sola pieza y menos aún, un motor propio, tal cual como con los automóviles, donde parece que todavía no nos hemos enterado de que existe el motor a combustión. En agricultura se han puesto en marcha, con un desembolso multimillonario, planes de siembra de soya, arroz, girasol, caña de azúcar y pare de contar, y resulta que casi la mayoría la estamos importando de países vecinos.

Nuestras universidades están graduando profesionales que son subutilizados, las mismas universidades, como la UCV, casi no dedican tiempo a la investigación seria, para provecho del país, a pesar del inmenso recurso que recibe. No todos podemos ser egresados universitarios, carecemos de un sector intermedio de profesionales que se ocupen de electrónica, carpintería, plomería, construcción, etc, gente bien preparada y que salga al mercado de trabajo a procurarse un buen porvenir y darle un servicio a la nación.

Me da mucha pena el decir que ha habido ministros y ministras que no han sabido decir no, cuando se les ha encomendado tareas que van más allá de su capacitación o campo de conocimiento. Percibo que han engañado no sólo al Presidente, sino al país.

No se ha hecho ningún seguimiento a las obras encomendadas, pocos son los ministros dignos de elogio, el resto sólo ha jugado a la astucia para tratar de convencernos de que todo va bien, cuando en verdad esta guerra económica asesina ha demostrado que estamos indefensos, gracias a estos señores que no han querido asumir sus responsabilidades.

Hay que ir a un proceso a fondo donde la sinceridad y la ética sea la norma, no se puede continuar con este “enroque infinito” de ministros y ministras de un lado para otro.

Venezuela está antes, hay que convocar a los mejores en su área y darle al país el rumbo que merece y estoy seguro que ese rumbo será encontrado con verdaderos socialistas comprometidos con su país.



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Luis Ortega


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