Pasado, presente y futuro

¡Fabricio, el inmortal!

Rebelde, revolucionario, bolivariano, patriota, antiimperialista, maestro, escritor, periodista, diputado y guerrillero, son unas de las muchas facetas con las que se puede describir a nuestro memorable guerrillero, Fabricio Ojeda, hombre cabal y leal a sus principios.

     Nacido en Trujillo en 1929, en pleno siglo XX, donde evidenció una era colmada de grandes transformaciones de orden social, político y económico, las cuales fueron forjando el carácter político de este incansable combatiente.

     Fue presidente de la llamada Junta Patriótica (1957), plataforma de lucha antiperezjimenista que logró dar con el traste al régimen, pero que luego tuvo que luchar contra otro peor: el puntofijista, teniendo a la cabeza al anticomunista Rómulo Betancourt, el mal llamado “padre de la democracia”.

     Debido a ello, tuvo que “cambiar la comodidad por la miasma fétida del campamento, y los goces suavísimos de la familia por los azares de la guerra (…)”, como él mismo lo dijo en su carta de renuncia ante el Congreso Nacional (1960). Es decir, debió renunciar a su cargo de diputado para incorporarse a la lucha armada para la liberación de Venezuela.

     Con una aguda visión política, rápidamente Fabricio pudo avizorar que el régimen recién instaurado, supuestamente “democrático”, iba a generar un nuevo episodio en la historia político-social venezolana, cargado de muerte, miseria y humillación. Pero antes de preferir callar, decidió alzar su fusil por una noble y humanitaria causa: la del pueblo.

     Esa carta desnuda la realidad venezolana para el momento, pero al mismo tiempo tiene el carácter de un legítimo y liberador programa político, que solo podía ser concebido por la ardiente lucidez de un verdadero revolucionario de la altura de Fabricio Ojeda.

     Ella recoge, entre otras cosas, la justificación del porqué abandonar el curul, del porqué la lucha armada, del porqué acobijarse en las montañas, del porqué luchar hasta morir si era necesario; porque lo importante era (y sigue siendo) conseguir la irreversible liberación de Venezuela.

     El pensamiento de Fabricio hoy está más vivo que nunca. Su ímpetu libérrimo sigue siendo el combustible que mueve los motores de lucha de las nuevas generaciones de millones de jóvenes revolucionarios.

     Nos ha tocado conmemorar un año más de su siembra, pero los verdaderos revolucionarios creemos y seguiremos creyendo que Fabricio no ha muerto, vive y vivirá en las ideas de libertad que yacen dentro de cada uno de nosotros.

     “¡Por la patria y por el pueblo, viva la Revolución!”

 

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Héctor Abache

Escritor. Trabajador socio-comunitario.

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