La vigencia del modelo

Mucho se ha escrito acerca del supuesto fracaso del modelo económico social bolivariano. Por otro lado también hemos visto como los expertos y eruditos del sector opositor se han quedado sin eufemismos para maquillar, manipular o esconder lo que a todas luces son proposiciones de corte netamente neoliberal. Porque hay que estar claro: son neoliberales, no tienen otra opción. Su formación ideológica conservadora y ortodoxa no les permite otra salida que la de plegarse a la hegemonía del gran capital.

En primer lugar el MES no es cualquier proposición. Es en esencia y desde un principio un desafío al orden económico mundial imperante. Y este rumbo siempre ha estado muy claro. La propuesta del comandante Chávez suponía que un cambio en la estructura económica de la sociedad venezolana, tendría que venir acompañado por una reestructuración a fondo del entramado institucional, un cambio significativo en la matriz de dominación histórica. La economía y la política tienen que ser complementarias si se quiere avanzar. En otras palabras la dinámica de acumulación capitalista neoliberal que había destruido la base social de Venezuela debía ser superada. Nuestro modelo debía ser por definición pos neoliberal. Por lo que no puede ser examinado bajo enfoques clásicos, tradicionales y mucho menos ortodoxos del siglo XX. Este error es común entre los “eruditos” del sector opositor.

Si bien desde sus comienzos entro en contradicción con los dogmas neoliberales como los referentes a la cuestión impositiva, el tiempo termino confirmando su viabilidad. Para el neoliberalismo, imperante en los 90 menos impuestos significaba más desarrollo. Se dejaba entonces de pechar actividades que generan un amplio margen de acumulación de plusvalía. Esos capitales eran enviados al exterior, sin que se quedara en Venezuela ni un céntimo para reinvertir en el aparato productivo. Hoy Venezuela cuenta con uno de los sistemas de recaudación más modernos y eficientes de América latina y que provee al estado nación venezolano de otra fuente de ingresos diferente al petróleo. Una proposición impositiva con igualdad social, que paguen más los que más tengan. Para 2014 la meta establecida en recaudación se ubicó en 24,2 millardos de bolívares y se percibieron Bs 35,6 millardos. Es decir un aumento de 40,17% de lo planteado inicialmente. La automatización es también una de las características de este sistema solo en comparación con 2013, se superaron las declaraciones en casi un millón de operaciones. El sistema automatizado a través de internet reportó más de 25.000 personas por hora visitando durante la última declaración anual.

Pero lo primordial que entendió el comandante es que ningún modelo económico seria exitosos en el país, si no se solventaba la enorme deuda social contraída con el pueblo venezolano después de décadas de desolación capitalista. Era por así decirlo la condición “sine qua non” para poder pensar en una transición del neoliberalismo explotador. Un primer paso era estandarizar la democratización del consumo. Para ello era necesario tener el control absoluto sobre la renta petrolera. En este punto debemos hacer una pausa. Si bien el MES apunta al empoderamiento económico sobre nuestras riquezas nacionales, el modelo es en el fondo post-rentista. Esto necesariamente no tiene que ser entendido como anti-rentista. En la primera fase para zanjar la deuda social, se debería hacer uso de la renta petrolera ya no con criterio corporativo, debido al proceso de privatización que operaba en la PDVSA de la época. La superación del modelo rentista es una cuestión de vida o muerte para la revolución bolivariana y es precisamente en la actual fase que se debe completar la transición. La estructuración por primera vez en la vida republicana del país que se intenta estructurar un verdadero aparato productivo con criterio nacional. Esto ha generado resistencias sistémicas de factores y grupos de interés que ven golpeados sus prerrogativitas. El MES es incompatible con una burguesía parasitaria-comercial y explotadora. Se crearon los núcleos de desarrollo endógeno y las empresas de propiedad social, solo por nombrar 2 estructuras sobre las cuales apuntalar el esfuerzo productivo nacional. La producción al alcance de todos.

Así mismo la cuestión cambiaria se manejaría con criterios nacionalistas y soberanos, se controlara la entrada y salidas de divisas y con ello se pondrá freno a la inflación producida por una imaginaria demanda excesiva, cosa irreal al ser tan bajo el nivel de consumo de la población venezolana de las décadas 80-90. No se podría dejar al arbitrio del libre mercado nuestra soberanía monetaria. De no hacerlo en estos términos se estaría ampliaría la reserva metabólica del capital que se expresa en una economía “dólar-dependiente”. El modelo lleva implícito la concepción de István Mészáros acerca del el complejo caracterizado por la división jerárquica del trabajo, que subordina sus funciones vitales al capital. Pero el talón de Aquiles de la revolución y es allí donde nos han golpeado duramente estos dos últimos años, es que no se controla la estructura económica. Y no hay razón para ello, pues el Estado es quien dirige las líneas generales de la política económica y está en el sector privado el aceptarla e implementarla. Así el problema de la inflación viene por el lado de la oferta y su estructura altamente concentrada desde la cual saca ventaja de su posición y de forma oligopólica fija los precios desmedidos, sin descartar la especulación que se ubica principalmente en la cadena de distribución.

Estos solo son dos ejemplos de la coherencia en la implementación del MES a lo largo de 15 años de revolución. Las distorsiones han sido ocasionadas por los ataques inmisericordes a los que ha estado sometido el gobierno revolucionario. El comandante Chávez sentó las pautas al hacer de la batalla económica una complementariedad de la lucha política.


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Hugbel Roa

Ministro para Educación Universitaria, Ciencia y Tecnología

 @hugbelpsuv

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