Identidad nacional, ética y equidad intercultural para la independencia y liberación definitiva

Pase lo que pase, seguiremos teniendo Patria. Comandante Supremo Hugo Chávez.

Me siento más indoamericano y afroamericano que hispanoamericano, iberoamericano y latinoamericano. (Hugo Chávez en Brasil)

No es volver a la selva. Es estar en la selva (Fruto Vivas, en respuesta a Earle Herrera, El quiosco veraz: 1-6-14 )

Hacia el centenario del nacimiento del Prócer César Rengifo, quien puso sobre el tablero a todos los invisibilizados e invisibilizadas en los cinco siglos de la conquista y dominación colonial. Por eso se autodefinió como un hombre de la anticonquista.

Se dice que alguien no tiene identidad cuando no sabe quién es, de donde viene, en que momento histórico y en que espacio geográfico vive y sobre todo, a dónde va sin claro sentido del pasado y del futuro. Cuál es su proyecto de vida, su proyecto histórico.su sentido de unidad político-territorial en la diversidad para sostener ese proyecto de patria. Sea como pueblo, como región, como país, como continente, como ciudadano del mundo actual. Hay una identidad personal y colectiva, una identidad geográfica, ecológica, histórica, cultural, social y espiritual. El aparato anónimo invisible del mundo capitalista dominante, masifica y además, invisibiliza sujetos, actores y actrices del proceso histórico, hace del trabajo y del trabajador un simple tornillo de la fábrica como lo vio Chaplin, una mercancía, negando nuestro derecho a ser, a vivir y convivir en la paz con justicia del profeta Isaías, manteniendo nuestras identidades, nuestra personalidad histórica y social, con todas nuestras potencialidades pluri-creativas. Con todo el despliegue del diálogo intercivilizatorio, inter-científico, inter-religioso, inter-artístico, inter-filosófico, eco-tecnológico, donde podamos convivir bajo un mismo cielo creyentes, agnósticos y ateos. Y sobre todo, podamos convivir políticamente en la paz con justicia del profeta Isaías frente a cualquier amenaza de los fascismos y fundamentalismos de cualquier signo.

Sin embargo, debemos dejar claro que los proyectos históricos de la dominación, por ejemplo, el apartheid anglonorteamericano como modelo ideal de poblamiento humano y modo de vida, los hispanocentrismos para imponer los fascismos culturales de lo único-mestizo hasta invisibilizar pueblos originarios y los mismos sectores afrodescendientes; asomar en cambio los dientes de caimán de la ideología de los pueblos nuevos o nuevos pueblos sin historia y sin localización geográfica y cultural, al amparo de la dicotomía ¡civilización o barbarie!; las dominaciones de castas y de clase, bajo complejos procesos de sometimientos étnicos, lingüísticos, culturales y espirituales, frutos de una conquista y colonización patriarcales, racistas-clasistas, imperiales e imperialistas, tienden a ver y sentir cada vez más confusa y contradictoria las identidades de nuestros pueblos y países, comenzando por el ataque frontal en primer lugar a sus pueblos e identidades originarias, pasando por lo afroamericano, la herencia hispánica, como de otros componentes euroamericanos, asiático-americanos y los múltiples mestizajes. Por eso, el resguardo de la patria, de su identidad nacional y de nuestras identidades específicas está ligado a los procesos de emancipación, independencia, integración continental bolivariana, soberanía y liberación definitiva de sus pueblos, restableciendo la igualdad social y económica, en una democracia participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural, de vocación intercultural por otros mundos posibles en el socialismo del siglo XXI. La revolución política y social debe instrumentar una verdadera revolución cultural y educativa, que garantice la continuidad histórica de sus pueblos y culturas en el seno de la patria, de la cultura nacional y del sistema de educación bolivariana.

Cada pueblo, cada cultura, cada sociedad, tiene una huella digital de carácter social intransferible a otro, sin que esto sea obstáculo para el intercambio cultural equitativo. Sin intercambio cultural equitativo, no hay inter-culturalidad Las personas, los pueblos son diferentes, pero esto no constituye un obstáculo para la comunicación y el intercambio. Las diferencias de pueblos, culturas, sociedades, civilizaciones, no niega el origen común del género humano. Pero tampoco se puede afirmar el origen común de la humanidad, negando las diferencias de lenguas, pueblos y culturas, etnias-naciones y civilizaciones específicas. Lo inter-nacional, alude de alguna manera las culturas nacionales y los Estados Nacionales actuales, eso sí, con el concurso de los pueblos, aunque lo sigan negando las ideologías de la globalización unilateral. Pero los Estados Nacionales y nuestros países, no representan un único origen, un único idioma, una sola cultura, como nos definen los diccionarios de uso corriente, particularmente el diccionario de la Real Academia Española para imponer el hispanocentrismo y seguir confundiendo raza y etnia. Hay historias, orígenes irreductibles, pero invisibilizados, que vienen del fondo de los siglos y los milenios. Esos orígenes se hacen presentes también en pueblos de carne y hueso, culturas, sociedades y herencias de pueblos originarios, desaparecidos y realmente existentes. Por eso, caben estas preguntas:

¿Podemos definir a Venezuela y Nuestra América sólo desde España y a través de España? Los hispanocentrismos llevan la negación de la misma herencia española: desindianizar para hispanizar, hispanizar para europeizar, europeizar para anglo-norteamericanizar.

España no podría entenderse y comprenderse hoy a ella misma, sin América y sin África. Son componentes esenciales de su propio ser histórico, cultural y espiritual. Bolívar mismo ya advertía que España era más África que Europa misma. Un profesor de la Universidad de Sevilla me decía que hoy España no puede comprenderse a sí misma sin la América India. Pero la llamada comunidad hispanoamericana o iberoamericana, se ha convertido en una caricatura, en un nuevo fetiche de su apetencia colonial. Incluso frente a vascos, catalanes, gallegos, gitanos, hispanoárabes, hispanojudíos.

¿Podemos definir a Venezuela y Nuestra América sólo desde África?

Ello sería descontextualizar la herencia afroamericana y afrovenezolana, sacarla del contexto nacional y continental. Cualquier afrocentrismo involucra su propia negación. Trabajaría para los proyectos de los pueblos nuevos, y sobre todo, para los neocolonialismos euronorteamericanos, en la base de las ideologías del apartheid, que tanto combatió Gandhi y Nelson Mandela.

¿Podemos incluso definir a Venezuela y Nuestra América desde este continente ignorando o pretendiendo desconocer a Abya-Yala y sus pueblos originarios?

Entonces pasaría a ser una verdad ideológica ese cuento de que este continente y este país comienzan con Colón, con la conquista y la colonización. Sería una verdad ideologizada aquello de que América y Venezuela, son un invento de Europa y continuaríamos indefinidamente en la minoría de edad histórica, cultural y espiritual. Los mismos hijos de europeos nacidos o criados en Venezuela serían los eternos críos o criados, hijos menores de una eterna conquista. El europeo radicado aquí, degenerado en indiano: le salió rabo en América. Este continente no podría retomar su autonomía cultural y su propia herencia occidental y judeo-cristiana, seguiría operando como una camisa de fuerza, como otra modalidad de los fascismos culturales, como modalidades de interminables conquistas. Y no como herencia cultural legítima y auténtica. Porque el sentido de pertenencia, de legitimidad y autenticidad es inherente a la identidad de los pueblos y culturas. De paso, diremos, que ninguna persona y ningún pueblo tienen una sola identidad: pero siempre hay un orden de prioridades, hay opciones, en las personas y en los pueblos. En la cultura wayuu por ejemplo, la opción es por la madre, porque es una cultura clánica-matrilineal. Sin embargo, el wayuu no niega pertenecer a una cultura indohispánica. Y si le dicen que pudo haber acogido a algún cumbe africano en su territorio, en la clandestinidad de la colonia que recuerdan las viejas alianzas indias y africanas, ello se admite; que ha tenido un intenso mestizaje en su seno, incluso con Europa, también se comprende internamente. Pero nada de ello desdice o disminuye su autenticidad cultural y el resguardo de su perfil original como garantía de su autonomía cultural. ¿Entendemos esto? Cabe otra pregunta:

¿Podemos definir hoy a Venezuela y Nuestra América sólo desde los pueblos y culturas originarias, ignorando o desconociendo a los otros integrantes de la venezolanidad? La realidad interna y el contexto en el que se desenvuelven todos los pueblos indígenas, dicen lo contrario.

Un indiocentrismo de esa naturaleza, que desconozca a otros semejantes/ diferentes, se convertiría en la otra cara de la misma medalla del eurocentrismo, en un racismo al revés, en otro etnocentrismo, en un telurismo xenófobo, intolerante, antidialogal, en la cara opuesta del malinchismo: dividiendo a la población entre indios y los supuestos no-indios, con lo cual estarían negando la indo-descendencia de toda la población venezolana y nuestro-americana. Decía la mexicana-italiana Francesca Gargallo Celentani, que el primer discurso incluyente está en el grito libertario de Túpac Amaru, porque ya estaba entendiendo que no todo el que era peruano era indio, pero que debía ser incluido en su proyecto libertario. Habría que agregarle que el que no era indio propiamente dicho, no dejaba por eso de ser descendiente de sangre o de cultura de los pueblos originarios. Como en Australia, todo descendiente del aborigen, es de alguna manera indígena en sentido amplio. Que no se confunde con el aborigen propiamente dicho, que vive en pueblos y comunidades y hablan su propio idioma.

El discurso indígena, dicen algunas militantes feministas, debe restablecer a la Madre India, como primera madre de América y madre común de las primeras generaciones de mestizos. Sin reivindicar a la Madre India, desde la tierra de origen y el fondo de los siglos, no podemos reivindicar al padre y viviremos sometidos a padrastros y madrastras de la conquista. Hay que complementar nuestro anti-imperialismo, con la anticonquista de César Rengifo para no caer en los escollos de la revolución mexicana de 1910 y superar el mito nazifascista de la Raza Cósmica de José Vasconcelos, vinculada hoy al neolatinismo tecnocrático globalizador.

Pero, entonces, como lo proclama el mito de la cultura única mestiza, ¿la llamada cultura criolla, es una amalgama, un resultado único y definitivo que supera lo indígena, la herencia africana y la hispánica?

¿Era lo indígena, lo africano y lo hispánico, simplemente leña y ceniza para dar origen al fuego abrasante de los llamados pueblos nuevos? ¿Son los llamados pueblos nuevos, pueblos sin historia o sin memoria, el puente con la nueva recolonización neoliberal anglonorteamericana? ¿las puertas abiertas para el nuevo apartheid neoliberal y globalizador? Es la llamada cultura criolla o mestiza una cultura de síntesis que supera a todos sus componentes? Es el menestrón, la Torre de Babel de nuestra identidad nacional y continental. En el otro mundo de lo anglonorteamericano, hay otro criollismo eurocéntrico, radical, formado por 4 nacionalidades euroamericanas de primera clase: lo demás es monte y culebra. De manera, que estamos ante dos modalidades continentales del criollismo, que niega lo ancestral aborigen y lo ancestral africano y asiático-americano.

Si antes, todos los caminos del colonialismo llegaban a Roma, hoy llegan al consenso de Wáshington. Tener identidad es un asunto de dignidad y cierta autonomía cultural de todas nuestras herencias frente a la horma reductora del capitalismo neoliberal y del imperialismo. De paso es vergonzante como la mal llamada cultura occidental cristiana bombardea sus propios orígenes en Mesopotamia (actual Irak y la expone al más brutal de los terrorismos y asesinatos masivos), como arremete contra Egipto, la antigua Persia (Irán), Palestina, Siria y contra su propia herencia griega con sus recetas neoliberales del FMI y del Banco Mundial. Cómo lanza una falsa cruzada contra el Islam, bajo un ficticio enfrentamiento con la tradición judeo-cristiana para alimentar su maquinaria nazi-fascista y sionista en el Medio Oriente. Todo ello simultáneamente combinado con una descomunal campaña mediática mundial contra Venezuela y la revolución bolivariana por ser entre otras cosas portadores de las reservas de petróleo más grandes del mundo y por su privilegiada posición geopolítica en la cabeza de América del Sur.

La unidad político-territorial como país y como continente en nuestra diversidad cultural y étnica, lo multisocietario, lo multiétnico y pluricultural, la equidad intercultural aparecen como exigencias históricas del momento político actual. Patria Chica y Patria Grande, deben ser complementarias, nunca antagónicas. Primero el suelo nativo que nada, decía el propio Bolívar.

En definitiva: ¿Es Venezuela un país sólo caribeño? ¿Basta lo caribeño para saber lo que hoy somos como país y como unidad político-territorial? ¿Basta sólo lo llanero? ¿Dónde quedan nuestras realidades geohistórico-culturales como, país andino, amazónico, guayanés, además de caribeño y llanero? La identidad nacional se articula con todas estas áreas geohistórico-culturales aludidas. Sin alguno de estos componentes ya no hay equidad intercultural para la construcción de la identidad nacional, poniendo como requisito la revalorización local y regional y la presencia protagónica de sus pueblos y sociedades que conforman la venezolanidad. Comenzando por sus originarios y doble descendientes actuales, los específicos y los genéricos.

En la medida en que desindianizamos, como lo hicieron las políticas indigenistas de los Estados, desde México a través de México y el Instituto Indigenista Interamericano- hasta Tierra del Fuego, en esa medida, también des-africanizamos y des-hispanizamos y trabajamos ciegamente para los pueblos nuevos y sobre todo para el neocolonialismo anglonorteamericano del apartheid: ¡civilizar es poblar de nuevo! (la ideología de los pueblos transplantados de inmigración europea como Estados Unidos y Canadá, promovidos -como dice Darcy Ribeiro- en modelos paradigmáticos de civilización humana. En nuevas formas de apartheid.

En síntesis, el modelo que definitivamente subyace, consciente o inconscientemente en la mente de todos los proyectos históricos de la dominación y no es de extrañar- es el modelo dominante del apartheid anglonorteamericano y que muchas veces lo reproducimos los propios dominados. El imaginario de la limpieza de sangre de la colonia, antagónico también al imaginario indígena del venezolano (en tanto urgencia y necesidad de blancura y purificación social, etnocultural y lingüística) está vivito y coleando.

EQUIDAD Y JUSTICIA INTER-CULTURAL:

1º.-Los sectores dominantes y con mayor razón los dominados por la cultura hegemónica- no debemos confundir nuestros organismos e instituciones específicas públicas o de movimientos, con aquellas otras instituciones públicas generales, cuyo uso debe garantizar la justicia y equidad intercultural para toda la población venezolana; todo ello de acuerdo con los principios constitucionales para el ejercicio pleno de los derechos culturales y educativos previstos en la Constitución Bolivariana. Sabemos -por ejemplo- que los pueblos y comunidades indígenas, tienen una serie de instituciones públicas y particulares para el ejercicio pleno de sus derechos constitucionales como pueblos originarios. En otro sentido, también han surgido otras instituciones e instancias gubernamentales para el ejercicio de los derechos de las poblaciones afrodescendientes, lo cual es completamente normal y legítimo. Ahora bien, si una institución pública de la educación, de la cultura o de otro servicio público general creado para ejercer el derecho de toda la población y hay algún funcionario que sea eurocéntrico, hispanocentrista, o esté al frente de ella un indígena o un afrodescendiente, en todo caso, cualquier otro de los sujetos de la venezolanidad, cada uno de ellos tiene el deber de garantizar mediante el desarrollo de una ética intercultural y la equidad intercultural, el derecho de todos a la participación, sin discriminación.- Esto significa que si una institución pública está en manos de alguien que pertenece a un movimiento social en particular o a una tendencia étnica, racial, religiosa, cultural, no tiene el derecho por eso, de poner esa institución pública a su exclusivo servicio, a riesgo de propiciar en el fondo lo que Paulo Freire llamó la violencia horizontal, tan del agrado de los fundamentalismos y de los fascismos actuales. De la misma manera es importante distinguir los distintos niveles de la lucha social y política para no pisar en falso, no caer en reduccionismos y no reproducir nuevos fundamentalismos. Ojo pelao, comprensión, prudencia, tolerancia mutua. Pero, por encima de todo seamos justos entre nosotros mismos.

2º.-Hacemos un llamado a los cronistas de pueblos y ciudades, cronistas parroquiales y comunales de todo el país, sea cual sea la composición étnica, cultural o religiosa actual del lugar donde operan a no dejar por fuera la historia indígena de la región o localidad, comunidad, parroquia, pueblo o ciudad. Es necesario retomar en cada lugar, el fondo de los siglos y milenios sobre los cuales se sustenta la columna vertebral de la resistencia indígena en Venezuela y América. Esto hay que hacerlo también en las zonas afro, rurales y urbanas dado que el poblamiento de los pueblos indígenas, como dice Mosonyi, constituyen lo más originario, lo más antiguo, constante y específico del país y del continente en todo su devenir histórico. Estas primeras identidades indígenas, lejos de debilitar las demás identidades, las fortalece y le da autonomía cultural al imaginario del venezolano y de lo nuestro-americano. Y desde estas identidades, presentes y remotas, hechas causas de la humanidad entera, haremos también causa de la humanidad, la causa de Haití, de Palestina, la causa indígena de todo el continente y de todos los pueblos oprimidos y explotados del planeta. Oprimidos no sólo como clase, sino también como pueblos, culturas, idiomas, género (negación de la madre por el patriarcalismo de la conquista) y civilizaciones diferentes en el contexto de la occidentalización compulsiva y unilateral. Se trate del circuito comercial del Atlántico o ahora, del Pacífico.

3.-Los mecanismos de justicia y equidad con los pueblos y comunidades originarias y en otro orden diferente, con componentes de la venezolanidad como los sectores afrodescendientes, no constituyen una discriminación o privilegio sobre el resto de la venezolanidad. Son mecanismos de la ética intercultural para la igualdad ante la ley, más allá de la simple formalidad jurídica. La sociedad dominante discurre en un antagonismo étnico-territorial y lingüístico con los pueblos y comunidades originarias y en un antagonismo racial con el negro. Todo ello bajo pretexto de blanqueamiento y occidentalización compulsiva y unilateral mediante el aparato educativo dominante. Y al primero, para negarlo como sujeto histórico del territorio, con mayor arraigo e irreductibilidad a las pretensiones geopolíticas de Occidente. Sin embargo, el racismo no se limita al afroamericano, ni la discriminación étnica se limita al indígena: simplemente señalamos estos dos extremos de la dominación cultural bajo la dicotomía civilización o barbarie.-

4.-Esta equidad intercultural debe reflejarse en todas las manifestaciones de la vida pública, desde lo más cotidiano a lo más extraordinario. En los medios de comunicación del Estado y del sector privado, en todas las manifestaciones artísticas y culturales, la música, la pintura, el teatro, la danza, la arquitectura, la religiosidad, las etnociencias, las eco-tecnologías, las filosofías y visiones del mundo.Matarle a un pueblo colonizado su lengua materna, su música, su espiritualidad, sus aportes agroalimentarios, su calendario específico, es condenarlo a una vida vegetativa. Es disecarlo en el folclore, en los tratados y las vidrieras de los museos etnográficos.

5.- Frente al economicismo y el desarrollismo descomunal de la occidentalización compulsiva y unilateral, frente al desequilibrio del planeta, todas las culturas y pueblos y todos los ecosistemas son vulnerables, conscientes de que estamos al borde del precipicio eco-etnogenocida. Sin embargo, la mayor vulnerabilidad la tienen hoy como ayer, los pueblos y culturas originarias, las primeras víctimas de las formas de apartheid o de pseudo-integración/desintegradora de las políticas anti-indígenas de los Estados Americanos. Políticas anti-indígenas, panamericanas, vasconcelianas, anti-bolivarianas. Se trata de un proyecto histórico de largo alcance para liquidar a los pueblos indígenas de este continente. Pero del mismo modo están en la mira, los pueblos indígenas de todos los continentes. De allí el llamado a consolidar el 12 de octubre como Día de la Resistencia Indígena planetaria.

6.- En la medida en que la equidad intercultural y la ética intercultural arraigue el sentido de pertinencia y la identidad nacional de nuestro país y del continente, en esa medida iremos construyendo un marco referencial participativo, protagónico, geo-histórico, sociocultural y ecológico, que nos permita enfrentar la corrupción, el despilfarro del consumismo, las agresiones contra nuestros pueblos y la madre naturaleza. Nadie que no se conoce a sí mismo, como pueblo, como persona, como nación, difícilmente cuida lo que tiene, administra bien su localidad, región o país. De allí el sentido estratégico de la identidad en una lucha anti-imperialista y de anticonquista, pero sobre todo para resolver los problemas claves de la convivencia, garantizar la aludida paz con justicia. Por eso la ultraderecha fascista y el imperialismo, contratan mercenarios extranjeros para quemar y destruir el país, para matar y asesinar a ciegas. Por eso, las llamadas redes, no tienen ninguna identidad y donde nadie es responsable de nada para introducir una impunidad que viene del norte.

7.-Es importante pensar también cuál va a ser nuestro aporte concreto, desde Venezuela, desde sus ancestralidades múltiples por otros mundos posibles a ese Instituto de la Descolonización que ha propuesto el hermano y camarada Evo Morales con sede en Bolivia. Particularmente, cual va a ser el peso de la educación propia y de la interculturalidad, de la educación intercultural bilingüe en su proyección planetaria para todos los continentes (y en otro sentido, el peso de la interculturalidad en la conformación de las políticas públicas). Señalamos que ello no será posible si no desmontamos los proyectos ideológicos de la dominación, si no somos capaces de visualizarlo ante los propios pueblos y ante sus élites dirigentes colonizadas y autocolonizadas: desde el criollismo del apartheid del norte de América, pasando por el hispanocentrismo, el lusocentrismo o el latinocentrismo. Es fundamental la emergencia de indoamérica y de afroamérica, en nuevas alianzas locales y globales.

@Rivas1saul

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Saúl Rivas Rivas


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