El fuego sagrado

“Chávez, hay otra cosa del ardimiento ese del que tú hablas: se regó por América Latina y quién lo va a apagar; está regado por todos lados y quién va a apagar ese ardimiento, Chávez, si no hay agua en todo el universo que pueda apagar el ardimiento ese.” Palabras dichas por el Compañero Fidel a nuestro querido Comandante, justo en su arribo a Venezuela el 7 de diciembre de 2012, antes de que nos anunciara que debía regresar a Cuba a intervenirse nuevamente.

Siempre el fuego lo acompañó en su palabra, cada gesto y reflexión estaban acompañados de un calor abrasador que nos hacía verlo sin vacilar, aún con la mayor distracción que pudiese existir, estábamos ahí, viendo el fuego arder, absortos, en una epifanía, suerte de revelación colectiva. “Un hombre ha pasado por la tierra y ha dejado su corazón ardiente entre los hombres…” diría el poeta Huidobro; y es que Chávez es nuestro Prometeo, un travieso llanero que le robó al imperialismo sus espacios, para llevar la luz a los mortales, a los pobres de la tierra.

Chávez es y será un hombre de causas. Chávez, su legado, no pertenece al cúmulo de lugares comunes y efectistas, él, todo él es una gran causa, y advirtiendo la causalidad –que toda causa tiene su efecto-, es la llama de los grandes efectos: culturales, históricos y espirituales. Suena en Rengifo, el muralista, el dramaturgo de los desposeídos, de lo social, en su reivindicada obra Lo que dejó la tempestad, una línea de Grusca La Loca: “¡Ezequiel Zamora en mis manos está tu llamarada!”; Chávez nos llama, flamea, es un llamar, decía, un llamamiento, así como a llama, arde, ardiendo. Chávez es un fuego eterno.

Un fénix colectivo que revive de sus cenizas, asciende y desciende de los infiernos imperialistas, reniega del diablo, hace chistes del azufre, se crucifica, se hace la cruz, zumba con una maraca y es Chamán, cual Marialioncero asperja anís libertario a todo el continente; con palos y piedras abre camino y deja caer un lienzo, es Palestino, ora hacia La Meca. Chávez es la historia, no por pasado, sino por futuro; el Profeta que usa todos los púlpitos para denunciar a los canallas, para descubrir a los traidores, con el poder de la palabra –la gran reencarnación de todos los pueblos- enciende el sacrificio, la entrega total, servir más allá de las muertes, porque la muerte misma te hace más grande que la vida, porque hoy te lloramos para lavar al mundo con nuestro llanto, para barrer la codicia y quiénes la cultivan.

Hoy Chávez es una llamarada, un fuego eterno que nos comunica, y todos ardemos con él, somos un arder colectivo. Hace más de veinte años somos luz. Hace más de veinte años ardemos. Hace más de veinte años somos llamarada. El fuego sagrado.


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Miguel Antonio Guevara


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