21 de diciembre, el día más corto y el más largo



Sí, ya lo sé; hoy se iba a acabar el mundo y, como ustedes pueden ver (perdón Robertos) no se acabó. También iba a llegar el ique espíritu de la navidad, y la verdad, ni lo vi ni lo sentí porque lo que sí estoy sintiendo y sufriendo desde hace bastantes días es el desenfreno sembrado por la sociedad de consumo. Oí una vez y me apropié de una definición: diciembre es el mes de una loca y desenfrenada carrera a ver quién dilapida más dinero en menos tiempo, adquiriendo la mayor cantidad de cosas, las más inútiles en el menor tiempo posible, y lo he vuelto a comprobar porque no se puede salir a la calle donde proliferan los pillos, los pedigüeños, las martilladoras, los abusadores, los especuladores, los que no te quieren dar el vuelto y, agrégale tú lector tu propia lista. Los vendedores callejeros, la versión moderna de las tiendas por departamentos porque son los tenderos quienes aprovisionan a los tarantines de los buhoneros. No hablemos de basura, fritangas, ventorrillos, rifas, ruidos estridentes perforadores de tímpanos, choferes de pésimo humor, caña por carajazos, etc., etc., etc.

Hago un alto y me pongo mi indumentaria de académico para variar el estilo. Nadie en el planeta quiere recordar que desde que se inventó la historia, en los pueblos nórdicos que son los únicos que entraron en ella oficialmente, se celebró en todas las llamadas viejas civilizaciones el solsticio de invierno y a eso se le dieron las más variadas interpretaciones en razón de que ese día era el más corto del año. Ahora “recientemente” sabemos que el sur también existe y los pueblos meridionales también lo celebraban y celebran por lo contrario, porque es el más largo del año. Así de simple. Las interpretaciones de cada uno de los casos es harina de otro costal y no voy a entrar en eso porque me volvería loco ante tanta elucubración.

¿Qué es lo que ha pasado? Simplemente lo que todo el mundo sabe pero nadie lo dice. Tampoco voy a analizar eso. Simplemente lo mencionaré.

Los capitalistas productores de cuanta chuchería se les antoja para extraer el dinero de los bolsillos de quienes no lo son, inventaron una cosa que tiene el pomposo nombre de “sociedad de consumo” y su lema, también lo sabemos todos, es consume, consume, consume. No importa que el coroto sirva o no, que sea útil, práctico, alimenticio o lo que sea; lo importante, comprar sin importar que tengas uno igual o parecido que todavía sirve o que en definitiva no lo necesitas para nada. Te han hecho casi creer de manera religiosa como un dogma de fe que quien no GASTA es un bembeperro. ¡Y te lo has creído! Y lo peor: ¡Consumes sin necesidad!

Para evitar que te domine la tentación de guardar una cosa todavía útil para la próxima navidad, se les ocurrió nada menos que otra cosa que también tiene nombre pomposo: la obsolescencia programada. Nada de lo que venden en diciembre sirve más allá de los primeros días de enero. ¿No lo crees? Prueba en febrero las lucesitas esas que pones en los arbolitos o en los pesebres. ¿Te sirven para algo el muérdago artificial, las guirnaldas, las bolas de santa Claus, etc., etc.?

Mis lectores, quienes han leído hasta aquí, estarán preguntándose qué tiene que ver lo de arriba con lo de abajo. Los saco de dudas ya.

El cuento ese del espíritu de navidad o el fin del mundo de los mayas es simple y llanamente otro cuento inventado por los comerciantes para extraer de tu bolsillo hasta el último centavo.

El mundo se va a acabar. Claro que se acabará. Pero no es cuando lo anuncian ciertas sectas evangélicas ni los charlatanes que se apoyan en el calendario maya; del cual, por cierto no entienden ni papa.

¿Cuándo se acabará el mundo? Respuesta muy sencilla: cuando el SOL, una estrella enana haya consumido - quemado - su masa crítica de hidrógeno y se convierta en una NOVA o tal vez en SUPER NOVA, tendrá una gigantesca expansión lo que generará un calor horripilante en la Tierra, el agua se evaporará y todo se achicharrará. Eso lo saben incluso los pichones de astrofísicos.

Pero, ¿Cuándo será eso? Los astrofísicos encabezados por el científico ruso Isaac Asimov han hecho cálculos rigurosamente matemáticos a partir de la cantidad de hidrógeno que en el sol se quema cada segundo, minuto, hora, día o el período de tiempo que sea y, como se sabe cuál es la masa actual del sol, es relativamente fácil calcular el tiempo que tomará consumir toda esa colosal masa de hidrógeno. Demás está decir que es imposible que el cálculo arroje un número exacto de días, años, siglos, milenios, etc. El cálculo solo arroja probables períodos de mayor o menor duración. Dejo para el siguiente párrafo la respuesta y así los mantengo en suspenso.

Los cálculos arrojan una probabilidad que eso ocurra dentro de…………..

¡¡VEINTE A VEINTICINCO MIL MILLONES DE AÑOS!!

Los mayas fueron sabios, sabían muchas cosas que los europeos supieron siglos después e inclusive hay cosas que no saben todavía. Aritmeticamente estaban más adelantados: usaban la numeración vigesimal que es mucho más práctica y exacta que la decimal – inventada por los árabes - que todavía usamos. Sabían más de astronomía y astrofísica y, sobretodo, sabían cómo preservar y conservar el planeta. No hablemos de ingeniería, botánica, hidráulica, acústica, óptica y otras especializaciones. Les debemos a los exquisitos europeos del descubrimiento y conquista que la mayoría de esos tesoros fueran destruidos. Los destruyeron mediante el fuego porque era lo común y lo mandado en esos tiempos; la máxima de conducta decía: LO QUE NO ENTIENDO ES OBRA DEL DEMONIO y ¡lo quemo!

¿Hasta cuándo vamos a seguir siendo ingenuos e incautos para dejarnos engañar con babosadas de tendero avaro? Ellos son vivísimos, nos edulcoran su canto de sirenas y nos lo atapuzan por los sentidos siendo su mejor arma la televisión, la radio y los medios impresos. La pregunta siguiente lógicamente es: ¿hasta cuándo nos dejamos apabullar por la propaganda que obnubila nuestra mente y nuestros sentidos? ¿Hasta cuándo nos dejamos ENGAÑAR?

José de San Martín, el Gran Libertador del Sur dijo: Seamos libres y lo demás no importa. Lo voy a parafrasear: Seamos felices y lo demás no importa. Y recuerda lo más importante: la felicidad no está en ningún cachivache inútil, está dentro de nosotros mismos.

PATRIA SOCIALISTA Y VICTORIA - ¡VIVIREMOS Y VENCEREMOS!


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Juan Pedro Torres


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