Costo de la gasolina, duro golpe contra el narcotráfico

La gasolina con su amarga fragancia y otros contrabandos, son los factores que crean y condicionan la dinámica social, económica y política, en la población fronteriza del Táchira, lo que la ha convertido en la estructura de sostén de muchísimos. La gasolina ha sido una lúgubre máscara, que hace que la Cocaína y la mariguana, se disfracen en los diversos caminos, en donde todos transitan.

La gasolina, en esta frontera, no así en Sinaloa, se hace sostén importante para el mundo de la droga. Por acá, en la frontera venezolana la gasolina es un elemento coyuntural, es la caja chica que sostiene la base, al caletero, al militar o al paraco, al alcalde o al diputado, pero no es ella el objeto del tráfico, no es ella quien da la mayor ganancia o rentabilidad en el mercado del contrabando, la cocaína es la gran vulva del quebranto, la que mantiene el control y el gran capital, la ductora de los grande pasivos y activos del gran capital, la cocaína es el objeto; la gasolina su máscara.

La gasolina crea en la población pobre y algunos enchufados y no, una subjetividad, que ven en estos factores un mundo de lo posible, creyéndose los directores del negocio, sin importar el riesgo: La gasolina, por ahora, es la mentira con vestidos de la verdad; ella crea el ambiente de la frontera, en donde dudosamente vivimos agarrados de racimos de hambre.

La gasolina y detrás de ella la cocaína, ha creado en este Táchira bonito, un ambiente de individualismo salvaje, destructor y desigualitario; en palabras de Emili Durkheim, una regresión de las solidaridades, hacia solidaridades orgánicas. Consolidándose una disipación y gran opacidad de las representaciones del futuro. Solo viven para ellos mismos, viven en una nostalgia permanente de su pasado, se crea lo que escribe Claude Levi- Strauss, crisis de identidad, reduciéndose a aspectos subjetivos, dando como resultado en estos territorios la disolución del Estado y el trastoque de la justicia.

La gasolina en Venezuela, es la máscara de la cocaína, esta última, inserta en una dirección de poderes mundiales, nacionales y locales, en la cual se montan en forma pragmática, dinero, política internacional; subsidiado y promovido por los grandes capitales y políticas de la región.

Invertir allí, invertir en la estructura de la cocaína, parece ser lo más inteligente, para construir la posibilidad de sostener un estado-nación y para algunos pocos, facilitar el vivir de un ir y venir de Europa y los Estados Unidos de Norte América; con menos empujes, que los lucidos esfuerzos de las rameras.

La participación del capital de la cocaína se diluye o se invisibiliza a través de toda su estructura de costos, la cual es definida y financiada de acuerdo al rango de rico o provecho, que se ocupe en el flujo de producción y mercadeo de la misma, todos son diferentes. Sin embargo, este flujo de dinero inorgánico entra al sistema y, hace que la droga nos toque de alguna manera, a todos. Ganando con este flujo las grandes empresas de equipos eléctricos, los dueños de equipos deportivos y políticos, las grandes y pequeñas televisoras, hasta los que venden en menudeo los productos de la cesta básica; aunque las responsabilidades son de acuerdo al grado en donde nos toque.

Las altas esferas o los grandes inversores de política y dinero, producto de la coca, se cubren sus espaldas, a través de los especialistas del lobíng de la droga en el internet, complicidad de la banca y los aparatos del estado; inversores sin rostro tangible, pero conocidos por todos; y, como máscara está la gasolina y, detrás de ella, nosotros los pobres; en donde nadie nos cubre.

La gasolina, por acá en esta gran puerta o hueco del Táchira, es la caja chica, de ese ejército de pobres, que directamente o indirectamente, hace posible el mundo de la cocaína, cuyos rostros se ven con frecuencia en los periódicos y, cuyo drama se despierta monstruosamente en las fronteras de Méjico.

Pareciera entonces que eliminar el flujo de gasolina barata, fuera un duro golpe contra los más débiles, sin embargo, el golpe sustantivo, se hace contra la estructura de la droga "colombiana", la cual de cierto se reorganizará y montara otro juego, pero más a la vista de todos; de seguro mayor serán los muertos; al igual que en Sinaloa, allá, no hay gasolina como mascara, los muertos son la máscara.

En esta difícil disposición, del Presidente Maduro, se abre el camino para buscar otros aires; en donde los resultados humanos se hacen complejos; dilema espinoso en donde la droga domina todos los estamentos sociales.

Después de un largo mirar, creo que, al Presidente Carlos Andrés, no lo tumbo un pueblo desconforme, sino los medios de comunicación financiados por la estructura de la droga; después de 28 años, los financiados deberán ser otros; menos ahora que no tenemos ni televisión; los financiadores, los mismos.

Compleja y a veces tardía decisión, más cuando se combate contra un monstro de mil tentáculos.



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Gabriel Omar Tapias

Investigador

 gotapias@gmail.com

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