¿Por qué el interés de EEUU está sobre Venezuela?

Los actores del gobierno estadounidense junto a sus apologistas de las trasnacionales petroleras y sus agencias de inteligencia (think tank), financian lobbys petroleros y políticas de guerra que apuntan a: desestabilizar, debilitar o neutralizar a la OPEP e impedir que esta aumente su nivel de control sobre; los precios del petróleo, la geopolítica petrolera mundial y el desarrollo económico y social de los países miembros de esta organización. El principal motivo es que para sostener la burbuja financiera que representa el dólar de Estados Unidos (EE.UU.), esta nación norteamericana que se está quedando sin reservas de petróleo convencional necesita ejercer control absoluto sobre el mercado petrolero y fijar sus garras sobre los estados nación que cuenten con las mayores reservas de esta fuente de energía que además de no ser renovable se encuentra en pleno agotamiento en el planeta.

Al mismo tiempo, es importante destacar la solidez de la Organización de países exportadores de petróleo (OPEP) cuando al revisar los indicadores apuntados en el documento OPEC Annual Statistical Bulletin 2017, se refleja que la organización produce el 40% del petróleo que consume el mundo y que además cuenta con el 81,89 % de las reservas probadas del petróleo mundial, en las que Venezuela representa más del 24% del total de estas reservas OPEP. Aunado a esto, para abastecer al mercado petrolero las empresas transnacionales petroleras - productores NO-OPEP, son los que más petróleo necesitan dado que producen alrededor del 60 % de este rubro, aun cuando, al observar las cifras OPEP (2008 – 2017) se puede establecer una importante relación que muestra una brecha de 23 veces frente a 1 entre la adición de nuevas reservas acumuladas OPEP y NO-OPEP, es decir, estas empresas se están quedando sin reservas petroleras y esto compromete la seguridad energética del país norteamericano.

Para reforzar este planteamiento desde una seria investigación científica abierta al debate, también se deben observar las cifras publicadas por la Agencia Internacional de la Energía (AIE) quienes registran que la producción mundial de petróleo convencional alcanzó su máximo histórico en el año 2008 suceso que implica que se ha llegado al cenit de la producción de este hidrocarburo y por ende lo que resta es transitar por la pendiente negativa de la curva de Hubbert y desarrollar los campos petroleros no convencionales. En este sentido, la misma IEA señala: ¨El riesgo de una crisis de suministro es más inminente en el caso del petróleo. El nivel medio de aprobaciones de nuevos proyectos de petróleo convencional durante los últimos tres años representa sólo la mitad del que se necesita para equilibrar el mercado de aquí a 2025, a juzgar por las perspectivas de demanda en el Escenario de Nuevas Políticas, es poco probable que el petróleo de formaciones compactas estadounidense pueda paliar por sí solo este déficit¨. Al mismo tiempo la IEA resalta que para la industria petrolera de EE.UU. que actualmente soportada sus aumentos de producción de hidrocarburos en la insostenible, controversial y depredadora tecnología de fracturación hidráulica (fracking) ¨Nuestras previsiones también incorporan una duplicación del petróleo de formaciones compactas para 2025, pero este debería más que triplicarse para compensar una ausencia continuada de nuevos proyectos convencionales¨.

Bajo este contexto que se describe a través del tablero de la geopolítica petrolera y motivados por el escenario prospectivo de la dinámica energética global que vislumbra una mayor demanda de esta fuente de energía, se considera obvio que el principal objetivo de las empresas transnacionales petroleras de EE.UU. - productores NO-OPEP que a la vez manejan bajo sus intereses capitales al gobierno de esta nación: es alcanzar el control de los estados que son propietarios de las grandes reservas de petróleo, en un escenario, en el que La República Bolivariana de Venezuela además de ser la nación con mayores reservas petroleras certificadas en el planeta, con una extraordinaria ubicación geoestratégica, se apertura a diversificar su mercado a través de alianzas regionales y asiáticas, de ser miembro de la OPEP y que también este año 2019 asume la presidencia de la OPEP; esta nación que ejerce soberanía sobre sus recursos naturales pasa a ser foco central del gobierno de EE.UU. al cual le sobran razones para que este país latinoamericano cuyo gobierno no responde ni se doblega ante las imposiciones neocoloniales del imperialismo de EE.UU, sea un objetivo central del interés y objeto de acciones injerencistas extranjeras que apoyadas bajo la complicidad de los neoliberales locales quienes responden a los fines depredadores del decadente capitalismo sin importar que el costo sea plagar de guerra y apartar a un lado la paz que ha caracterizado a toda la región Latinoamericana, se suman a la propaganda y mediática internacional que persigue propiciar una deliberada intervención militar bajo el argumento de una crisis humanitaria que se intenta inducir con esquemas de guerra a través de bloqueos económicos y comerciales dirigidos por el propio gobierno de EE.UU. en aras de tomar el control de los pozos petroleros de esta nación.

Consecuentemente, los gobiernos de los países miembros de la OPEP están coyunturalmente obligados a cooperar sobre una toma de decisiones colectivas que arroje acciones estratégicas que contribuyan con la defensa de la soberanía y la descolonización ideológica del pueblo de esta nación que a pesar de ser democrática y dueña de sus reservas energéticas, históricamente sus fluidos se han extraído para sostener al sistema económico de EE.UU. a cambio de una ¨modernidad¨ asimétrica que por décadas ha empañado de miseria a este lado del continente.

masyrubihe@gmail.com



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